Literatura

Entre Lawrence y Cortázar



Entre Lawrence y Cortázar - Literatura

No importaba el clima, ella nunca postergaba sus largas caminatas a través del inmenso parque que rodeaba la mansión de su marido.
Un día, aburrida de caminar siempre por los mismos lugares, decide internarse en un bosque que marcaba el límite de la finca. Su esposo, un hombre mucho mayor que ella, era una persona taciturna pero no se oponía a que su mujer saliera y lo abandonara unas horas. Ella se había casado con él solo para llevar una vida de lujos y así compensar tantas vicisitudes que había sufrido en su infancia. Ese día, buscando un poco de acción, se adentró en ese bosque oscuro y húmedo con mucho temor, pero decidida a llegar a algún lado más excitante que la vida que tenía con su aburrido esposo.
De repente, rayos de luz comenzaron a filtrarse entre las hojas de los altos álamos. Era un indicio de que pronto encontraría cielo abierto. Había escuchado comentarios sobre su tan alejado vecino pero nunca lo había visto. Hablaban de un ermitaño, de un bohemio, de un hombre violento que había participado en la guerra de Medio Oriente.
Al salir del bosque, grande fue su sorpresa. En medio de un inmenso parque, muy alejado del casco de la estancia, se divisaba una especie de jardín de invierno plagado de atriles y óleos colgados desprolijamente en todos los rincones. De lejos podía distinguir que la mayoría de las pinturas eran paisajes del parque. También alcanzó a ver a un hombre alto, esbelto, totalmente concentrado en su tarea.Nada coincidía con los comentarios que ella había escuchado.
No estaba en sus planes darse a conocer, pero dejó escapar un grito que la delató al darse cuenta de que los perros la habían descubierto y avanzaban hacia ella. Cuando el hombre levantó la cabeza, vio a una mujer de espaldas, que corría hacia el bosque. Lo único que atinó a hacer fue a frenar con un grito a sus tres inmensos perros. La figura de ella pronto desapareció en la oscuridad del bosque. Lo cruzó tan rápido que por un momento pensó que el parque de su vecino y el suyo eran solo uno.
Ya de regreso, más tranquila, sin perros acechándola, fantaseó con la idea de regresar al día siguiente.

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patpel

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