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Literatura

Eso Que Nunca Decimos

Eso Que Nunca Decimos - Literatura

Nunca le dije que la amaba, carajo. Pero no me culpo, a duras penas yo andaba en los 15 años. A esa edad no sabemos que amamos, o al menos no gozamos del léxico correcto para manifestar en vocablos. Y ella se fue así, como si nada, como si fuera algo natural. ¡¡No me toquen los cojones con eso de que es natural! Natural es despertarse todos los días, preparar el mate, salir a que nos abofetee el sol en la cara, eso es natural, besar a la mujer que amo, ver sonreír a mi hijo, abrazar a mi madre, hablar de fútbol con mi padre y tocar la guitarra con mi hermano. No me hablen de la naturalización de la muerte. Que el vino me embriague y me ponga meloso, eso es natural. Pero dejar de disfrutar la presencia de un ser querido, eso no es natural, natural va a serlo quince años después, ahora es natural, el hecho de que ya no esté, de que ya no me siente en su mesa y me conquiste con una chocolatada caliente y galletitas, que sus manos arrugadas ya no me acaricien la mejilla y su voz, como una de esas canciones que nos acarician alma, ya no se vuelva a escuchar desde ese momento hasta siempre.
Malditos mortales que creen saberlo todo. Hablan de la muerte como si alguna vez la hubiesen besado. El problema de los mortales es que nunca se han muerto, de otra manera disfrutarían más el detalle, disfrutarían de esa bofetada del sol en el otoño y no estarían tan ocupados maldiciendo la lluvia ¿A donde corren? ¿Donde van tan deprisa en medio de la lluvia? ¿De que se escapan? Se escapan del detalle, de las cosas simples, por su mortalidad perfecta y la soberbia de saberlo todo.
Eruditos de la vida naturalizando la muerte, escapándose de la comedia del hombre que el mismo hombre generó con conceptos carentes de sentido.
Ella se fue. Su anatomía al menos. Y el último recuerdo que tengo de ella es su brazo extendido en la camilla de un hospital no pudiendo volver a mirarla a los ojos.
Todos los días de mi vida, desde se día y hasta el último día de mi estadía en este mundo, me nace un – te amo – en el paladar y se acomoda como puede para nunca ser dicho.
Simplemente espera, sabiéndose inútil se ser parte de las palabras que no volveremos a usar, sintiendo nostalgia del presente, siendo parte de eso que nunca decimos.

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Gaspar

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