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Un espía entre amigos: la historia del espía más importante del siglo XX

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Un espía entre amigos: la historia del espía más importante del siglo XX - Literatura

“Un espía entre amigos. La gran traición de Kim Philby”. Ben Macintyre. Editorial Crítica. (2015)

A menudo pensamos que el mundo del espionaje es lo que muestran en las películas. Tipos duros que luchan en una pelea a muerte, que se cuelan en edificios gubernamentales de otros países para robar información, que hacen persecuciones con coches increíbles por las calles del Vaticano, etc. Eso es lo que hemos conseguido viendo tantas películas como las del agente ficticio más famoso del MI6, Bond, James Bond. Pero la realidad del espionaje es bien distinta. Aparentemente no hay tanta violencia como la que muestra el cine. Los espías de verdad no son como Daniel Craig. No van conduciendo un Aston Martin. Deben ser cuidadosos, pasar inadvertidos, y dar una imagen amable, amistosa. Deben caer bien a otras personas para lograr sus objetivos. No es extraño que el “trabajo tapadera” de un espía esté relacionado con la diplomacia. Así pueden reunirse a menudo con otros diplomáticos para enterarse de todo lo posible. Haríamos bien en olvidarnos de la imagen que nos ha mostrado el cine. Y para ello nada mejor que conocer la realidad. La realidad del espionaje que surgió en el siglo XX, entre las dos Guerras Mundiales. La amenaza de la Alemania de Hitler. El comienzo de la Revolución Rusa. El mundo era un hervidero social y político. Y la información era muy valiosa. Lo sabían todos los países implicados. Y por eso crearon sus servicios de inteligencia y espionaje.

El MI6 británico, el Servicio de Inteligencia Secreto, se creó a principios del siglo XX. Para entrar a formar parte de su selecto grupo había que venir de una familia igualmente selecta. Un cualquiera no podía entrar a formar parte del equipo de espías más importante de aquellos años, los años previos a la II Guerra Mundial. Por eso dos hombres como Harold Philby y Nicholas Elliott encajaban en una organización como el MI6. Británicos, educados en escuelas selectas, con unos padres influyentes en las altas esferas, y con unos dones determinados para desenvolverse muy bien en según que situaciones sociales. Cuando ambos se conocieron no sabían casi nada el uno del otro. Pero acabaron formando parte de la élite del MI6, y fueron dos grandes amigos.

Harold Philby, más conocido como Kim Philby, es el espía más importante del siglo XX. Durante la Guerra Civil española trabajó como periodista siguiendo al bando liderado por Franco. Era un británico joven que informaba de lo que estaba pasando en la guerra. Estuvo a punto de morir después de que una bomba estallara cerca del vehículo donde viajaba. De los cuatro ocupantes de aquel vehículo, solo él pudo sobrevivir, y casi sin ningún rasguño. Franco llegó a conocerle. Le gustaban los artículos que escribía, porque parecían estar a favor del bando Nacional. Por eso le acabó entregando la Cruz Roja al Méritor Militar. Pero la vida de Philby no acabaría ahí, ni mucho menos. Después de su trabajo como corresponsal en la Guerra Civil española, volvió a Gran Bretaña. Philby entraría en el MI6 gracias a otras personas a las que sedujo con su amabilidad y cortesía, y gracias por supuesto, a sus cualidades para desempeñar la labor del espionaje. Allí trabajaría durante muchísimos años, al servicio de la causa británica, primero contra la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial, y después contra la URSS durante la Guerra Fría. El problema es que Philby no era como aparentaba ser. Cuando en el año 1937 llega a España para desempeñar su labor periodística durante la Guerra Civil, también tiene otros objetivos. Años antes de esto había conocido en Austria a una mujer comunista con la que llegaría a casarse. Philby había estudiado el marxismo durante sus años universitarios en Inglaterra. Y había llegado a la conclusión de que la causa comunista también era su causa. En 1937 Kim Philby ya era un espía ruso. Estaba en España para vigilar de cerca al bando Nacional de Franco, que luchaba contra el bando republicano. Su trabajo era tan bien visto por sus superiores en Moscú, que hasta recibió la misión de matar al mismísimo Franco. Pero no pudo hacerlo.

Cuando Philby empezó a trabajar como espía en el MI6 de su país, nadie sabía que en realidad aquel tipo encantador era en realidad un espía ruso. Por eso Kim Phillby se convirtió en el espía más importante del siglo XX. Porque durante más de dos décadas estuvo al servicio de dos servicios de espionaje, el británico y el soviético. Engañó a todos sus superiores británicos. Engañó a todas las mujeres con las que se casó durante aquellos años. Engañó a sus compañeros. Y lo que es peor, engañó a su mejor amigo, Nicholas Elliott.

Su historia no tiene nada que ver con la de James Bond. Para conocerla más a fondo, nada mejor que la historia de su vida como espía, excelentemente contada en el libro Un espía entre amigos de Ben Macintyre. El libro trata de ser una biografía de Philby, desde sus comienzos como espía al servicio de Rusia hasta que finalmente se descubre su doble juego. Fue la cabeza visible de los llamados Los Cinco de Cambridge, cinco espías británicos que en realidad trabajaban para Rusia. El título del libro, Un espía entre amigos, no puede ser más acertado. Los relatos de esta historia nos enseñan que lo que nos han contado las películas de espías, no tiene nada que ver con la realidad. Philby hacía amigos, organizaba fiestas donde se relacionaba con todo el mundo. Caía muy bien. Y todo el mundo le apreciaba. Pero aquello era una tapadera. En esas fiestas con sus compañeros del MI6 y con otros diplomáticos, regadas con grandes cantidades de alcohol, los espías como él accedían a la información relevante. Haciendo amigos podía enterarse de datos importantes para su otra patria, la Rusia comunista. A lo largo de las páginas de este libro podemos descubrir como se fue desarrollando su carrera como espía, pero también las carreras de sus amigos, en especial la de su gran amigo Nicholas Elliott. Es una historia tan interesante que cuando terminas de leerla descubres que todo lo que presuponías del mundo del espionaje es falso, y que tipos como Kim Philby no conducirían un Aston Martin a toda velocidad persiguiendo a sus enemigos. A Philby le bastaba con hacerse amigo de la gente adecuada para enterarse de los secretos de todo el mundo. Y lo hacía a pesar de que con ello estaba traicionando a su país y a su mejor amigo.

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perher

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