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Etnicidad y raza: Algunas notas sueltas sobre el mal llamado racismo biológico.



Etnicidad y raza: Algunas notas sueltas sobre el mal llamado racismo biológico. - Ciencia

En diciembre de 1967 se estrena «Guess Who´s Coming to Dinner«, traducida en España como «Adivina quién viene a cenar esta noche». Comedia dramática que protagonizaron algunos de los gigantes de la interpretación de entonces como Katherine Hepburn, Spencer Tracy y Sidney Poitier. Dándose a conocer también la joven actriz Katherine Hougton, sobrina en la vida real de Hepburn, y en la película hija del matrimonio formado por Spencer Tracy y Katherine Hepburn.
Nada más lejos de mi intención, para los que no la hayáis visto todavía, desvelaros su trama y desenlace. Sólo poner en valor el contexto en el cual se rodó: Dos semanas después de finalizar el rodaje de la película, la Corte Suprema de los EEUU anulaba las leyes contra el mestizaje.
En diecisiete estados todavía se aplicaba hasta entonces legislaciones que penalizaban los matrimonios «interraciales», a pesar de que cuatro años atrás el Congreso había abolido la segregación legal.
En la película, Sidney Poitier interpreta a un médico viudo que se presenta en casa de los padres de su prometida, joven blanca de familia acomodada y liberal, para anunciar conjuntamente su compromiso. Sobre el papel, los padres de la joven prometida, se muestran abiertamente tolerantes con la normalización de las relaciones hombre blanco-negro, pero a medida que se desarrollan los acontecimientos comienzan a aflorar las viejas desconfianzas.
Durante esa cena improvisada, el Director del film, Stanley Kramer, pretendió abordar no ya únicamente las restricciones legales que se imponían sobre el matrimonio entre blancos y negros, sino también evidenciar los pre-juicios y convencionalismos que persistían entre ambos grupos de población, recelosos ambos, en mayor o en menor grado, de que pudiera darse un mestizaje no sólo genético, sino cultural, laboral, social e intelectual.
Las respectivas familias de la pareja de enamorados son convocadas improvisadamente para la cena, y en ese escenario, como si de una obra de teatro se tratara, se desarrollan los acontecimientos, enriquecidos por el tránsito de personajes de procedencia muy diversa que con el permiso de los protagonistas, o sin él, van aportando su parecer sobre la futura unión de la pareja.
Memorable la reflexión que John Prentice (Sidney Poitier) descarga sobre su padre cuando éste le recrimina que está cometiendo un error, a lo que su hijo le replica que «tú piensas en tí mismo como un hombre de color pero yo pienso en mí mismo como un hombre».
En 2017, la película fue inscrita en el National Film Registry para su preservación dado que la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos la había catalogado como «cultural, histórica y estéticamente significativa«.

El 25 de diciembre de 2012 se estrena en las salas de EEUU «Django Unchained«. «Django desencadenado», en España.
Ambientada pocos años antes de la Guerra de Secesión norteamericana, la película recogió 2 estatuillas de la Academia de Hollywood. Una al Mejor Actor de Reparto, para el actor austríaco nacionalizado alemán Cristoph Waltz. Y otra al Mejor Guión, redactado a su vez por el mismo director del film, Quentin Tarantino. De igual modo, la película recogió en esas mismas categorías el reconocimiento en los Premios Globos de Oro, y en los Premios BAFTA.
Como en casi todas las historias de Tarantino, la trama resulta intensa y realmente emocionante, pero también en ocasiones en exceso cruda y gratuitamente violenta. Se adivina, eso sí, la auténtica y noble intención del dentista y caza-recompensas alemán, doctor King Schultz, por dignificar la figura del «negro» como ser humano de pleno derecho, más allá de su condición de esclavo. Un verdadero combate dialéctico e intelectual entre este personaje, inflexible en su condición de caza-recompensas pero entrañable hacia la causa esclavista, y siniestros personajes que bajo un disfraz aparente de honorabilidad y respetable aburguesamiento nos ofrecen una muestra de los esperpénticos y grotescos argumentos en favor de la plena validez del esclavismo y la supuesta superioridad genética del hombre blanco sobre el negro.
Un reparto estelar de actores tales como Jaimie Foxx, en el papel de Django, o Don Johnson, Leonardo DiCaprio y Samuel L. Jackson, entre otros rostros menos conocidos.
En el fondo, y como en casi todas sus anteriores y futuras historias, el sanguinario argumento con el que nos tiene acostumbrados Tarantino, está buscando la excusa perfecta para desencadenar toda la furia devastadora del negro liberado Django, interpretado por Jamie Foxx, con tal de masacrar, destrozar, latigar, pulverizar y despedazar a los crueles negreros, capataces odiosos y sádicos hombres blancos que encarnaban lo peor de esa deshonrosa parte de la historia de los EEUU de América.

En días más recientes, en concreto, el pasado año 2018, la inesperada «Green Book«, consigue hacerse con 3 Óscar, incluído; Mejor Película, Mejor Actor de Reparto y Mejor Guión Original.
Magníficamente ambientada en el año 1962, narra las peripecias de un pianista de música clásica afroamericano, Don Shirley (Mahershala Alí) que solicita los servicios de Tony Vallelonga (Vigo Mortensen), como chófer y guardaespaldas, en el papel de un italoamericano criado en el Bronx neoyorquino, y buen conocedor de los bajos fondos de la ciudad, sobreviviendo entre tentadoras ofertas de la mafia local y trabajillos honestos que agarra con tal de sacar adelante a su familia, por la que siente un fuerte arraigo.
El pianista de color le ofrece un trabajo tan bien remunerado que no tiene más remedio que aceptarlo, aunque ello suponga adentrarse con un intérprete de música clásica negro en los racistas estados sureños en una gira por diversas ciudades de aquella zona de la geografía estadounidense.
«Green Book» hace referencia a una guía de viaje y vacacional, cuya portada y hojas interiores presentaban un tono verde, publicada y dirigida en exclusiva para «viajeros negros», literalmente. Un listado detallado de restaurantes, hoteles, moteles, casas turísticas y resorts vacacionales en los cuales la población afroamericana que pudiera permitirse destinar sus recursos económicos en viajar pudiera localizar emplazamientos donde pasar la noche por la imposibilidad de hacerlo en ningún otro establecimiento regentado por blancos.
La segregación racial era una durísima realidad impuesta desde el ámbito jurídico, legal y material. Y el personaje que interpreta al pianista de música clásica, sofisticado, refinado, culto, aburguesado, de aspecto y modales exquisitos, se dispone a enfrentarse no sólo a una sociedad blanca sureña adinerada y rebosante de conservadurismo racial, sino también con la incomprensión de su propia gente, que lo perciben como un intruso, alejado de sus hábitos, estilo musical, formas y maneras. En definitiva, un alma inadaptada que sufre interiormente entre el inmovilismo del hombre blanco que impone sus reglas de convivencia y el hombre negro, que mira con recelo como uno de los suyos se mueve, en apariencia, tan seguro en ese mundo hostil de los blancos.
Y Vigo Mortensen, en su papel de hombre duro, pragmático, indiferente a esas tensiones raciales, y alineado en cierto modo con las minorías culturales de esa Norte América anglosajona dominante, construye una amistad creciente con el pianista, aleccionándose mutuamente. Uno en las costumbres del refinamiento social y cultural más elevado, el otro aprendiendo de los pequeños y sencillos placeres de la vida, aceptando su destino hasta descender gradualmente de la inalcanzable torre de marfil sobre la que hasta entonces se alzaba.

Cualquier tipo de cimentación con base pretendidamente científica que a lo largo de la historia ha buscado justificar la explotación gratuita de un ser humano sobre otro se ha realizado o bien desde el odio y la supertición, o bien desde la ignorancia más absoluta de una sociedad que debido precisamente a su escasa formación intelectual ha consentido que determinadas teorías de segregación racial permeabilizasen en su ideario colectivo y les resultase más sencillo y menos perturbador para sus conciencias llevar a cabo muchas de las fechorías y abusos que a lo largo de los siglos se han cometido en respuesta a una posición de superioridad de un grupo étnico sobre otro.
Las «razas» sobre las que oímos hablar todos los días son en realidad categorías culturales, o sociales, más que biólogicas. Son «razas sociales».
No es posible definir la raza biológicamente. Raza es una categoría cultural y no una realidad biológica. Sólo son posibles las construcciones culturales de la raza. En todo caso, sería preferible emplear el término «grupo étnico» y no raza, pues raza realmente no has más que una; la humana.
Así nos nombran toda esa larga lista de dioses, semidioses , kriptonianos, marcianos y pleyadianos que desde tiempos inmemoriales, según nos cuenta Hollywood, nos visitan: Raza humana. Seres humanos. Sin más distinciones.
La Biblia narra en su libro primero, del Génesis, que una vez que la especie humana fue casi barrida por completo de la Tierra, las siguientes generaciones que nacieron de la família de Noé, después del gran diluvio universal, no se distribuyeron por todos los territorios disponibles, tal y como les ordenó el Señor, sino que decidieron unirse en pos de un ideario común para edificar un torre tan alta que llegase hasta el Cielo.
Narra la Biblia que todos los hombres en aquel tiempo se expresaban en una misma lengua, y que debido precisamente a ello, tomaron la decisión de contravenir la orden de Dios, permaneciendo todos en la misma llanura sobre la cual edificaron, en Babel, la famosísima torre que pretendía llegar hasta los mismos cielos con tal de acceder a territorio celestial, junto a los mismos ángeles y el Señor Todopoderoso, vivo todavía el recuerdo de la furia que éste descargó contra una humanidad endiosada en sí misma, transgresora de las leyes físicas, genéticas y morales que Dios y sus ángeles habían pretendido establecer para su convivencia. Y como el hombre persistía en su rebeldía, el Señor lo confundió, continúa el relato bíblico, provocando que entre unos y otros dejasen de entenderse y comenzasen a expresarse en diferentes lenguas que hacía imposible coordinarse en ese mega proyecto arquitectónico. Los diferentes equipos de trabajo empezaron a desesperarse y, en poco tiempo, los diferentes clanes fueron abandonando las obras, desplazándose más allá de aquella planicie. El hombre, finalmente, se expandía por todos los territorios habitables del orbe, hasta asentarse en territorios tan dispares geográfica y climáticamente que con el paso del tiempo, la endogamia familiar y el aislamiento geográfico dio lugar a grupos humanos no biológicamente diferentes pero si fisiológica y culturalmente muy diversos.

El hombre blanco, durante su expansión colonial por el África sub-sahariana, disparaba contra los pequeños hombre pigmeos, convencidos de que eran animales, y no de su misma especie. Los cazaban o los metían en jaulas para exhibirlos en circos, al igual que hacían con el resto de fieras que transportaban para su exhibición por las ciudades norte-americanas y europeas.
Al mismo tiempo, el hecho de poder disponer de una fuerza de trabajo no remunerada para trabajar las enormes plantaciones que se expandían en ultramar, permitía duplicar o triplicar el beneficio económico de su explotación, de tal que forma que la codicia del hombre necesitaba justificar el empleo forzoso de otros hombres en todas aquellas labores que pudieran acrecentar su fortuna, sin necesidad de tener que compensarlas económicamente con salarios más o menos justos, vivienda digna y escolarización mínima. El sometimiento debía ser total para evitar con ello que nadie se cuestionase la legitimidad del sistema. Y puestos ya de paso, que ningún alma reivindicativa pusiera en peligro el lucrativo negocio de los buques negreros y el tráfico mercantil de esclavos, fuente de riqueza considerable para todos aquellos que participaban de ello, y por cuyos orígenes se explican hoy muchas de las mayores fortunas familiares tanto en América como en Europa.

En el Japón contemporáneo se da lo que algunos antropólogos sociales denominan como «racismo intrínseco«: La creencia de que una diferencia racial (percibida) es una razón suficiente para valorar a una persona menos que otro.
Se da la circunstancia de que el grupo social más valorado es la mayoría japonesa «pura», y que ciertos grupos étnicos tienen una base biológica, a pesar de que no existen evidencias de que sea así realmente.
Es el ejemplo de los barakumin, un grupo estigmatizado de al menos 4 millones de individuos, comparados en buena medida con los intocables de la India. Física y genéticamente indistinguibles del resto de los japoneses, se los percibe como situados fuera del linaje de la mayoría japonesa: «no son de los nuestros».
Se los segrega en barrios específicos residenciales, rurales o urbanos, denominados buraku. Y esa discriminación se aplica tanto en los colegios como en los empleos. Y el origen de esa discriminación se da en el periodo Tokugawa (1603-1868) que estratificaba de forma muy rígida los cuatro escalafones de la sociedad feudal japonesa: en la escala social más elevada y honorable; el guerrero-administrador (samurai), y ya después les seguían los agricultores, los artesanos y los comerciantes. Los antepasados de los barukumin estaban por debajo de estas jerarquías. Ellos se encargaban de los trabajos considerados sucios, como el sacrificio de animales o hacerse cargo de los muertos.
A pesar de que algunos de ellos regentan negocios y empresas, todavía hoy se encargan de los trabajos manuales y pertenecen a la clase baja de la sociedad japonesa.

En Europa, este tipo de estigmatización «racial» se da también en varios países entre la población autóctona blanca caucásica y la minoría étnica de los gitanos.
En España suman 750.000 individuos, y la tasa de escolarización alcanza hoy el 95% de los niños, pero sólo un 2% llega a la universidad. Todavía hoy 100.000 gitanos viven en chabolas, y a pesar de los esfuerzos de las diferentes administraciones públicas con el fin de propiciar una mejor integración del pueblo gitano en las sociedades europeas los resultados no son todo lo satisfactorios que debieran. Se trata de un grupo étnico que posee fuertes arraigos culturales propios y no siempre se muestran dispuestos a renunciar a ellos con el fin de encontrar soluciones dentro del ordenamiento jurídico oficial. Y aunque cada vez menos, su tendencia natural al nomadismo tampoco favorece demasiado para que ellos mismos dispongan del tiempo suficiente para asimilar las reglas de comportamiento de la población caucásica mayoritaria. A pesar de ello, se están produciendo algunos avances relevantes para revertir una estigmatización histórica, si bien en el ideario popular, la palabra «gitano» arrastra todavía connotaciones claramente negativas.

Curiosamente el colonialismo español condujo desde bien temprano a la unión de matrimonios mixtos. Y los hijos de estos fueron reconocidos plena y legalmente, con facultades totales para ocupar cargos de confianza y responsabilidad en la administración española de ultramar, y en diversos negocios de carácter privado. A pesar de lo que algunos guías turísticos oriundos de hoy en día se esfuercen por dar a entender lo contrario.
Y en las antípodas de ese modelo de integración gradual pero real, el colonialismo australiano, que al igual que el ejemplo norteamericano, decidió prescindir por completo tanto de las tribus de aborígenes como de las diferentes «naciones indias» en su construcción de una nueva nación, despojándolos de sus tierras, y cuando se resistían a ello, masacrándolos sin piedad directamente y rehubicándolos en zonas remotas de bajo valor económico para su explotación.
Pero un caso totalmente a parte y que merece un análisis individual, fue la Alemania de Hitler. El Führer utilizó todos los medios divulgativos a su alcance para convencer a casi todo el pueblo alemán no sólo del concepto sagrado de la Raza Aria, superior genéticamente a cualquier otra, sino también de la necesidad quirúrgica de extirpar y exterminar al pueblo judío en su totalidad por considerarlo repulsivo, miserable y despreciable.
Los discursos, las salas de cine, la radio, la prensa… Todo un aparato mediático puesto por entero al servicio del Führer, que logró convencer a millones de alemanes de que su superioridad genética les obligaba a colaborar activamente en las labores de exterminio del pueblo judío, evitando con ello que su pureza aria pudiera ser puesta en peligro y deterioro por contaminación.
Incauto pueblo alemán que pagó con creces el haberse dejado embaucar por un Hitler tan oscuro y ocultista como lo fue también esa cruenta Guerra Mundial total.

Biológicamente pues, sólo existe una raza: la Humana.
Cualquier otro tipo de discurso en el sentido contrario nace del desconocimiento, de la superstición cultural, o de una frustración personal. Y si no avanzamos globalmente en ese objetivo común de erradicar completamente el falso mito de la superioridad genética corremos el peligro serio de que la Declaración Universal del los Derechos Humanos, proclamada el 10 de diciembre de 1948, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, permanezca como un anecdótico y pintoresco cuaderno de buenas pero futiles intenciones.

PD: En 2016, la Sra. Wanda, joven abuela blanca norteamericana, en vísperas del día de Acción de Gracias, envió por error un mensaje a un joven afroamericano, Jamal, convencida de que se lo había enviado a su nieto con el fin de invitarle a esa celebración familiar tan típicamente estadounidense.
El joven Jamal le respondió enseguida, indicándole que no era su nieto pero que si seguía en pie la oferta de la invitación para Acción de Gracias. Y la respuesta de la Sra. Wanda no se hizo esperar: «Por supuesto. Es lo que hacen las abuelas… Alimentar a todo el mundo». Y desde entonces el joven Jamal acude todos los años por Acción de Gracias a pasar ese día en casa de la Sra. Wanda y de su familia.
¡ Qué bonito!, ¿ no os parece?

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OGB1974

3 comentarios

  • Respecto a los gitanos: es verdad que la inmensa mayoría están escolarizados; pero comprenda usted que no es lo mismo estar en la escuela que aprender y estudiar. Muy, muy pocos gitanos aprovechan la escolarización que es gratuita, y los libros, para los que les dan beca. Esa es la razón por la que tan pocos llegan a la Universidad. Es que ya son pocos los que consiguen el Graduado Escolar…Y es peor con las niñas, a las que cuando tienen la regla ya la propia familia no las quiere ver en el instituto.
    El 70% de los jóvenes gitanos ni estudia, ni trabaja.
    Hay gitanos que estudian: especialmente aquellos de familias gitanas que se han des-gitanizado, y adoptan comportamientos «payos». Payo viene de payés, que a su ves procede del latín paganus. Es decir, persona que vive de su trabajo (que hasta hace un siglo y medio, era casi siempre el campo) y que es fácil de engañar. Así llaman los gitanos a los no gitanos.

    Los gitanos que se hacen un poco payos y se adaptan a la disciplina, ritmos y legalidad del trabajo normalizado, sí entienden que sus hijos estudien; especialmente los varones, y especialmente si viven en un entorno donde hay muchos más payos que gitanos.

    Por desgracia, la mayoría, inmensa mayoría de gitanos tiene miedo de volverse «payos» si estudian; y de que sus hijas se casen con no gitanos. Tampoco ayudan nada organizaciones como «Secretariado Gitano», que viven muy bien de que los gitanos no se integren ni prosperen.

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