Política

Feminismo disidente: símbolos, panfletos y mercaderías

Feminismo disidente: símbolos, panfletos y mercaderías - Política

Es imposible encender la televisión o mirar el teléfono sin que salga una noticia sobre la huelga feminista del día 8. Está siendo una semana agotadora, sobre todo para las feministas disidentes del movimiento, entre las que esta modesta aprendiz de articulista se cuenta, porque, le pese a quien le pese, muchas mujeres nos hemos cansado de que se nos etiquete, de que se nos llame “hermane” cuando no nos conocen de nada, de que se nos cuestione y se nos tache de “machista traidora” o se nos mande a leer como si fuéramos crías tontas con una crisis de identidad, como la que se levanta hoy gótica y mañana choni.

No, feministas, no todas las mujeres estamos de acuerdo con vuestro movimiento de sofá y red social, no todas creemos que enseñar las tetas en la iglesia es el camino, no todas renegamos del matrimonio. Cuando te ponen una pistola ideológica en la cabeza para que te estampes en los ojos la manida metáfora de las gafas moradas porque si no, no eres lo suficientemente mujer, te hartas y explotas. Abandono mi tono neutro en mi narración porque creo que la ocasión lo merece, porque, además, tal como ellas hacen, estoy legitimada a usar un lenguaje menos cordial.

Nos piden empatía con otras mujeres y la inmensa mayoría la tiene, me atrevo a decir que es un deber moral tenerla. Hay que defender a las mujeres a las que vejan o maltratan, a las que les privan de algo tan sencillo como conducir o tan básico como el derecho al voto. Hay que salvar a esas niñas de doce años a las que casan con señores de cincuenta porque así es la tradición, a los niños que solo conocen el infierno en su casa, a las mujeres que son explotadas sexualmente. ¿Quién no quiere que estas personas tengan una vida digna en la que todos sus derechos se les respeten? No es cuestión de género, ni de “sororidad”, es cuestión de humanidad y de sentido común. Ese es el lado que nos venden, el de la paz y el amor, pero nos lo venden a palos, a incoherencia pura, con pintadas de “Mata a tu marido”, defenestrando a los hombres de forma grotesca, como si fueran el origen del mal del mundo.

No se me ocurre mejor manera de pedir respeto que estas «preciosas» consignas

Me niego a apoyar un movimiento que tiene entre sus mayores exponentes a la doctora Genoveva Rojo, autora de numerosos ensayos feministas, que postula que cualquier hombre es un violador en potencia, que puede violar y lo hará si tiene la ocasión. Lo siento, pero un movimiento que dice eso de nuestros hijos varones, a los que educamos con cariño para hacer mejor el mundo, de nuestros padres y hermanos, no me merece ningún respeto. La maldad no  entiende de géneros, cuando la maldad te devora, pierdes tu humanidad, eres el monstruo que acecha en las esquinas, un monstruo que debe ser combatido. Con eso no se juega.

Repasando los grandes referentes que nos venden, con los que comercian sin pudor con camisetas y agendas escolares, encontramos a Frida Kahlo, uno de los grandes iconos del feminismo, la cual estuvo sometida en una relación tóxica plagada de infidelidades, de maltrato psicológico, de mente frágil y traumatizada por su deseo frustrado de ser madre, cuyo reconocimiento artístico mayoritario le ha venido a posteriori por plagar dibujitos con frases de “autoponderación”. Me resulta triste que haya muchas militantes que de ella solo saquen que (palabras textuales) “era transgresora porque no se depilaba”.  Las mismas que atacan el matrimonio como origen del sometimiento, ensalzan la vida privada de esta mujer tan provocadora, siendo que simboliza justo la toxicidad contra lo que luchan. Aun no he visto en pancartas feministas a Ada Lovelace, igualmente de salud frágil desde muy joven y sometida a una educación férrea y despótica por parte de su madre, la cual fue matemática, escritora, precursora del lenguaje de programación, ingeniera, inventora…

Una de ellas es icono feminista y la otra es prácticamente obviada por el movimiento. Adivina cual es cual.

Un solo artículo sería insuficiente para expresar lo que se empieza a denominar “feminismo disidente”, de modo que las cosas que se me quedan en el tintero serán objeto de próximos escritos. Esta corriente social no es más que otra excusa para hacer caja, de la misma forma que se mercadea con la bigotuda efigie de la Kahlo, las federaciones, asociaciones y otros organismos se lucran con la desgracia de algunas de nosotras, convierten un hecho tan deleznable como una violación en arma político-social que nos arrojan con total impunidad, demonizando a los hombres, metiéndonos el miedo en el cuerpo diciendo “Tú puedes ser la siguiente.” o haciéndonos creer que necesitamos un vagón de metro exclusivo para estar seguras y a salvo de los hombres. No os dejéis engañar, no nos quieren fuertes, ni empoderadas, ni quieren que usemos el sentido común, nos usan, nos utilizan contra lo masculino y nos hacen creer que somos dignas de lástima y necesitamos su ayuda y la de “papá Estado”. El morado y luchador feminismo está contaminado por la misandria, por el deseo de venganza contra el hombre, sobre todo si es blanco y heterosexual, por el resentimiento gestado durante siglos de quien no tiene madurez para pasar página. No quieren que pensemos por nosotras mismas, que veamos a los hombres como dignos compañeros, sino que asimilemos su panfletillo de odio sin pensar, como el que engulle un kebab con toda la bajona de la borrachera.

Recuerda: puedes ser lo que quieras ser, no lo que te obliguen a ser. Piensa por ti misma y serás libre. 

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

4.64 - 11 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

Siru

6 comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.