Política

Feminismo e igualdad



Feminismo e igualdad - Política

Como hombre entiendo que no puedo ser feminista porque no sufro la opresión y mantengo los privilegios que oprimen a las mujeres, pero puedo apoyar en todo lo que sea necesario.

Era un domingo de noviembre, se celebraba la primera vuelta de las segundas elecciones generales de la Segunda República. Pero aquel día hay que recordarlo también por algo más. Las mujeres no acudían a los colegios electorales como simples acompañantes colgadas del brazo de su marido, su padre o su hermano mayor. Aquel día ellas también podían votar y lo hacían por primera vez en la historia de España.

El sufragio femenino era reconocido como derecho por la Constitución republicana de 1931. Por fin, los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrían los mismos derechos electorales. Está caro que aquello supuso sólo una gota de agua en el gran océano machista de este país, pero el movimiento feminista en España daba su primer paso, un paso que se afianzó en forma de marea de color morado con el 8M.

Se escribía así una de las páginas más importantes de nuestra historia, pero por desgracia también uno de los debates parlamentarios más complejos dentro de una sociedad patriarcal. Aquella Constitución dotó a las mujeres de una serie de derechos como el divorcio y el reconocimiento de la paternidad en caso de hijos fuera del matrimonio. Hay que tener en cuenta que hablamos de tiempos en los que de los 465 diputados del Parlamento, sólo tres eran mujeres, Margarita Nelken, del PSOE y las republicanas Clara Campoamor y Victoria Kent. El 19 de noviembre de 1933 fue pues la primera vez que las mujeres pudieron ejercer su derecho al voto.

Sin embargo el derecho conquistado no duraría mucho. Tras la Guerra Civil y la victoria de Franco todos, hombres y mujeres, perderían el derecho al voto durante cuarenta años.

Quizás habría que empezar por lo más básico, ya que aún hay brutos que confunden feminismo con dictadura de la mujer. Para estos pollinos hoy hablaré del término feminismo como la idea esencial que sostiene que las mujeres son personas también y con los mismos derechos por lo tanto, esto es algo irrebatible, es una idea sencilla para comenzar y para que lo entiendan estas mentes débiles y ancladas en una época rancia y agotada. Sin embargo, el día a día nos demuestra que esa convicción sigue lejos de ser la norma. Porque los feminicidios, la violencia machista o la brecha salarial siguen siendo una realidad.

El feminismo es igualdad, igualdad entre hombres y mujeres. Pero mientras haya patriarcado, no puede haber igualdad. Esta jerarquía actual sólo favorece a los hombres y oprime a las mujeres. La igualdad total entre sexos aún tiene un largo camino por recorrer.

Es hora de una revolución. La mujer no puede sólo contentarse con esa igualdad falsa que el sistema propone como medida de disuasión y que es poner a más mujeres en roles de poder, pero siempre a mujeres que no son feministas. Mientras esté vigente el sistema patriarcal, las mujeres obtendrán sólo aquellos derechos que los hombres interpreten como privilegios condescendientes, y claro, eso no es ninguna concesión real. No sirve de nada. Vivimos en un mundo neoliberal, y el capitalismo afirma que la igualdad ya esta conseguida, por eso aún hay fantoches como el cacique de Bertín Osborne que afirman que el feminismo no hace falta. Lo malo es que muchos hombres se han apropiado de este razonamiento idiota y presuntuoso que dice que las mujeres ya son iguales que los hombres, que hay mujeres presidentas autonómicas (sí, cierto como Ayuso), por favor, seamos serios, pero que clase de zoquete es capaz de decir alegremente que el feminismo es en realidad hembrismo.

Claramente, la maliciosa derecha española, no hace más que deformar la realidad de la lucha feminista y confundir las cosas a su propio antojo y beneficio. Por eso para que desaparezca este sistema de opresión que es el patriarcado, hay que dejar de funcionar dentro de él, pero todos juntos, mujeres y hombres de progreso. La igualdad nunca se conseguirá de la mano de un sistema podrido.

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Aicrag

4 comentarios

  • Interesante artículo sobre los derechos de las mujeres allí en su país. De este lado del mundo la cosa está brava y la mujer a puesto el puño en alto con firmeza y rebeldía. Es natural que el mensaje fundamental se venga transgiversando por quienes adoptaron un perfil que doméstica más de lo que libera. Y sin quitarle importancia a la colaboración del colega Diego T, quien bien aporta datos importante a la causa, no hay que correr del plano principal la idea fundamental que es la igualdad de derecho en todas sus formas independientemente de los méritos personales, esta lucha es social y trae consigo presagios históricos.
    Saludos, buen artículo!

    • Efectivamente, amigo mío. la idea fundamental de la igualdad es el derecho en todas sus formas. La igualdad se entiende como una relación de equivalencia, en el sentido de que todos tenemos el mismo valor, y precisamente por ello somos iguales.
      Pero, cuidado, equivalencia no quiere decir identidad, sino más bien homologación.
      Gracias por esta sincera aportación.

  • Pero cuéntelo todo: diga que en la dictadura de Primo de Rivera, ya se había ensayado el voto femenino para las municipales; luego ya estaba considerándose seriamente antes de que existiera la República II. Y diga también, que Campoamor defendió el voto femenino, pero las diputadas Nelken y Kent argumentaron y votaron en contra; y que el voto femenino se aprobó gracias al apoyo mayoritario de los partidos de derecha, y que a Campoamor le costó su carrera política ya que ella se presentaba por la izquierda. Clara Campoamor escribió después: «El Voto Femenino Y Yo : Mi Pecado Mortal». Sin embargo, gracias a que era persona de estudios y ganas de trabajar, tuvo una vida profesional y personal buena fuera de la política.

    • El problema con Clara Campoamor, Diego, es que su historia es muy ignorada. Tuvo que luchar mucho y con mucho esfuerzo para ser la impulsora del voto femenino.
      Por aquel entonces el Congreso no permitía a ninguna mujer ejercer el derecho al voto. Una de sus propuestas para el proyecto de la Comisión constitucional fue este derecho, así como la igualdad para todos los niños nacidos dentro o fuera de un matrimonio, otra fue el divorcio. Una de sus frases célebres fue la de que «la libertad se aprende ejerciéndola». Fue Victoria Kent quien adujo que una de las razones para retrasar el voto femenino radicaba en que no todas tenían la experiencia suficiente para votar, y que eso precisamente favorecería a los conservadores. Clara Campoamor, ella misma lo decía, se sentía ciudadano de derecho antes que mujer.
      Ella lo que hizo es simplemente aceptar que Kent tenía razón ante os resultados electorales.
      Clara Campoamor es una figura representativa de fuerza, de ideales y de la lucha por la igualdad.
      «El voto femenino y yo: mi pecado mortal» (1935) es un ajustado relato de defensa de su actuación y de su lucha a favor de los derechos de la mujer. Me parece que usted no lo lo ha leído. O que es usted quien no cuenta la totalidad de la verdad.
      En cuanto al Real Decreto-Ley sobre Organización y Administración Provincial de 20 de marzo de 1925, que es a lo que usted se refiere con lo de Primo de Rivera, sólo fue un simulacro manipulativo para comprobar el apoyo que tenía el dictador Primo de Rivera en el electorado. Le recuerdo que el Real Decreto de 1924. Apartado B, las mujeres casadas quedaban excluidas del voto para evitar discusiones familiares. ¿A esto lo llama usted igualdad? Por favor, antes de criticar, lea usted un poco…

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