Sociedad

El feminismo y las palabras

El feminismo y las palabras - Sociedad

Un tópico muy común utilizado para describir el giro que el feminismo representa en la vida de una persona con respecto a las perspectivas que le han sido impuestas socialmente es aquel que, más allá la importancia histórica que tiene el movimiento, se enfoca en lo que individualmente representa para la visión que se tiene de la realidad. Es común escuchar a las mujeres hablar acerca de que el feminismo les abrió los ojos frente a situaciones que consideraban o bien normales o bien como un simple efecto colateral de una sociedad disfuncional en muchos sentidos; situaciones que, no solamente no son algo menor o algo arbitrario, sino que en realidad se relacionan directamente con la desigualdad de género en la cual crecemos y nos desarrollamos. Cada uno de nosotros observa el mundo que se levanta a su alrededor utilizando la lente representada por su propia conciencia; los recursos que tenemos para definir y entender lo que nos sucede son los que limitan nuestra percepción de la realidad. El feminismo cumple su función en relación con esta premisa: se crea una nueva lente para entender circunstancias que se ven atravesadas por un trasfondo indiscutiblemente sexista, e incluso se encarga de dar nombre a situaciones al respecto o redefinir cuestiones que se creían entendidas por completo. El carácter social, histórico y circunstancial de lo que nos aqueja o nos limita se vuelve nuestro recurso una vez que le ponemos nombre y entendemos la necesidad de luchar contra las causas llamándolas por lo que son; entender lo que significa ser mujer y crecer como mujer en el mundo tal cual está conformado nos brinda las herramientas teóricas para levantar la voz frente a las evidencias cotidianas de la desigualdad, entendiéndolas como partes de un entramado de injusticias mucho más complejo. Ahora voy a presentar algunas palabras que siendo eso, simples palabras, pusieron el foco problemático donde debe estar; no son términos vacíos (habría que discutir si las palabras son términos vacíos en algún momento) sino que son la lente mediante la cual el feminismo nos muestra el presente, sin tapujos.

 

Patriarcado

Hoy la mujer puede trabajar: puede trabajar ganando menos que el hombre con sus mismos estudios y realizando las mismas tareas, soportando explicaciones no solicitadas en áreas en las que son especialistas, aguantando que ante un ascenso piensen automáticamente que tipo de favor hizo para llegar ahí. Una mujer famosa de trayectoria va a ser presentada como “la mujer de” mientras se hace caso omiso de su profesión, y también va a tener que soportar una entrevista en la cual se habla únicamente de su ropa o sus cirugías estéticas. Por lo tanto el pase al mundo laboral, famoso argumento de quienes creen que el feminismo es innecesario, no fue un movimiento que equilibre a la mujer con respecto al hombre, sino que es una manera de trasladar la desigualdad a una manifestación mucho más sutil. No, no digo que no es algo valorable que las mujeres puedan trabajar o puedan votar, pero si afirmo que las posiciones de poder continúan intactas. El patriarcado es el nombre que se la da al fenómeno de una opresión que, si bien puede parecer vencida a simple vista, solo es trasladada a instancias mucho más sutiles, pero jamás abolida por completo. Dentro del sistema patriarcal siempre hay algo que la mujer no debería haber hecho para provocar al hombre o algo que si debería haber hecho para encajar con lo que comúnmente se espera de ella; la dominación es sistemática y cuando no se puede manifestar en una prohibición explícita toma la forma de la minimización de las opiniones, sometimiento de la voluntad o cuestionamiento de capacidad.

Cultura de la violación

Si bien es poco común que alguien en su sano juicio exprese directamente que una mujer merecía algún tipo de abuso que sufrió, el acto de desviar la atención hacia las facilidades que ella (supuestamente) brindó a esa situación es algo cotidiano y socialmente aceptado en general. Los testimonios se inundan de cuestionamientos y las preguntas son una búsqueda constante de cualquier dato que se pueda manipular como incongruencia: si era su pareja, si fue a su casa, si tomo demasiado. Hay una aclaración que vale la pena hacer: si utilizas la frase “no lo justifico, pero” estás justificando, estás desviando el eje de culpabilidad y trayendo a colación asuntos irrelevantes, estás dando lugar a un pequeño margen de duda que juegue con la posibilidad de que la mujer lo haya buscado o, al menos, lo haya encontrado en su camino porque era lo que merecía. Hablar del largo de una pollera o de la cantidad de noches por mes que pasaba en un boliche, argumentar que “es horrible lo que le paso pero podría haber dicho que no/escapado/gritado” es fomentar la cultura de la violación. Esta cultura es la manifestación misma del patriarcado: nos vemos sometidas inevitablemente al deseo sexual de los hombres (el cual es catalogado como algo prácticamente incontrolable) y, ante la posibilidad de que nuestra voluntad sea totalmente coartada, tenemos que ser lo más rectas posibles en función de ser la víctima más adecuada, aún cuando siempre exista algo para criticar en nuestras actitudes. No solo tenemos que lidiar con la posibilidad de que alguien se crea con derecho a disponer de nuestro cuerpo, sino que también existe la chance de que muchos piensen que podríamos haber hecho un esfuerzo sobrehumano para evitarlo y, por lo tanto, terminamos por merecerlo, sea por supuesta imprudencia o ineptitud (cualidades que, vale aclarar, a los hombres no les cuesta ni un ápice de bienestar)

Consentimiento

La noción de consentir implica directamente al deseo, a entender que en una relación sexual se tiene que cumplir la condición de que ambas parten quieran hacer todo lo que se lleve a cabo. “Si” es si; “no” “no me siento cómoda” “no se” es no y, sobre todo, el “si” no es un contrato de correspondencia infinita hacia la otra persona: alguien puede decirte que si y después cambiar de opinión o decirte que si nueve veces y no decirlo una décima. La noción de consentimiento busca aclarar que todo lo que se haga disponiendo del cuerpo de una persona contra su deseo es abuso, más allá del vínculo que exista. No hay lugar para el chantaje ni la coerción, si alguien no quiere tener relaciones sexuales y cede ante la insistencia con el único objetivo de satisfacer a la otra persona es abuso. No hacer con alguien nada que no tenga ganas de hacer parece algo simple, pero cuando se trata de sexo muchos pueden jugar el papel de desentendidos. Jugar este papel implica hacer suya la voluntad del otro para satisfacer necesidades propias y eso es algo que no se debe hacer bajo ningún contexto ni relación, ya que nadie tiene la responsabilidad de proporcionarle al otro placer a su antojo.

Sororidad

Frente a una dinámica que, de una u otra manera, nos enseña a ver a las demás mujeres como una competencia, se levanta la idea de que es preciso unirnos por los intereses que compartimos, ya que no son menores, y el primer paso para este cambio es eliminar las razones machistas que tenemos para creer que existen mujeres que valen más o menos que nosotras. Esta idea se denomina sororidad y se define, básicamente, como la solidaridad de una mujer hacia otra basada en el acto de comprender que todas compartimos las mismas condiciones a las que nos somete el sistema. La sororidad no se refiere a cariño ni muchos menos a simpatía: las mujeres pueden no agradarnos por distintas razones o circunstancias, pero lo que se busca es que dichas razones no sean meros prejuicios patriarcales reproducidos y que, al momento de brindar apoyo ante alguna injusticia o situación de violencia, nuestros lazos personales se hagan a un lado para dejarnos brindar nuestra ayuda y, sobre todo, nuestra confianza en la palabra de la victima. 

Empoderamiento

Existe un proceso de realización mediante el cual las mujeres tomamos conciencia de las desigualdades bajo las cuales fuimos criadas y las analizamos, desentrañamos y racionalizamos hasta hacerlas nuestras. Cada prejuicio machista desmantelado, cada paso en la liberación de esa culpa que se desprende de la sumisión que el sistema nos impone: todo es parte de un crecimiento que busca encontrar posibilidades para el crecimiento y la lucha. El empoderamiento comienza adquiriendo la noción básica de que existen cosas aprendidas que están mal, y continúa creciendo a medida que a dichas cosas las definimos, las señalamos y las aborrecemos hasta el punto de querer sacarlas completamente de nuestro camino.

 

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Acerca del autor

AntonellaFleitas

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