Literatura

Flirteo fatal

Flirteo fatal - Literatura

Él tenía mucho tiempo solo, desde la traumática separación de su esposa, que por lo general en los casos de divorcios,  también implicaba romper con los hijos, pues como solían decir los abogados las parejas solo se conocían realmente cuando se separaban, siendo entonces muy cuesta arriba para ellos ponerse de acuerdo sobre las visitas a los niños.

En el momento de buscarlos o al momento de devolverlos los pequeños tenían que presenciar las intensas discusiones que se detonaban por cualquier cosa, al solo ser necesario que se encontrasen por unos segundos para que todo el rencor y el odio acumulado durante años saliesen a flote.

Así que él había decidido no ver más a los pequeños, y estaba convencido de que la gente, así como también su ex, opinaban que esa era la excusa perfecta para desentenderse de ellos, aunque en realidad sentía un profundo dolor ante esa decisión, pero no podía controlarse y la solo mención del nombre de esa mujer lo hacía ponerse de mal humor y violento.

Al final del trabajo se iba a sentar en el mismo café todos los días y pasaba allí un buen rato antes de regresar a su casa, en donde solo lo esperaba la soledad. En ese lugar se perdía leyendo, viendo pasar a la gente o simplemente pensando. La soledad hacía que los seres humanos tomasen costumbres y hábitos extraños que solo eran comprendidos por el que los adquiría, aunque no siempre tuviese explicación sobre el porqué.

Allí se encontraba como cada día, perdido en la nada, sin pensamientos concretos, sino con la mente que volaba de nube en nube y súbitamente bajo la mirada y justo en la mesa de enfrente, había una rubia hermosa, con larga cabellera, un descote que dejaba ver sus hombros espectaculares y lo mejor, tenía su mirada puesta en él.

Cuando la miró para corresponderle, ella no se inmutó y a través de sus lentes negros lo siguió viendo. Una sensación de excitación que tenía algún tiempo sin sentir comenzó a recorrerle el cuerpo y le sonrío. Ella no le correspondió con una sonrisa, pero apartó los labios del vaso y pasó dulcemente su lengua por la comisura de su boca, allí se detuvo y luego le sonrió.

A él le provoco en ese momento correr y besarla, pasando por alto al imbécil que estaba sentado frente a ella y de espaldas a él, pero sonrió, porque esas historias solo resultaban en el cine y si hacía algo así terminaría con un ojo morado, cuando menos, y preso, por acoso, abuso y pare de contar, así que sonrió ante tal estupidez y ella, le correspondió otra vez. Entonces él decidió jugar para ver hasta dónde era capaz de llegar aquella sensual mujer con su flirteo.

Ahora fue él quien sonrió y pasó lentamente la lengua por sus labios, ella correspondió con un lento, pero certero movimiento de su mano izquierda rozando su seno derecho, acariciándolo de una manera tan natural que solo él pudo percibir que lo estaba haciendo como parte del juego mutuo, mientras con la mano derecha sostenía el vaso de la bebida.

Se sintió muy excitado y emocionado y pensó en enviarle una nota con el mesonero, o quizás aprovechar si iba al baño para seguirla y darle el teléfono para programar una cita, aunque sentía que no tenía fuerzas para desperdiciar este momento y esperar a que pudiesen ponerse de acuerdo  para verse posteriormente, pues posiblemente las cosas se enfriarían.

Mientras observaba cada movimiento de la rubia pensó que lo mejor era seguirlos cuando se fuesen y saber dónde ella vivía, si ese era su esposo, novio, o simplemente un amigo de aquel día y luego poder planear el resto de acciones para conocerla. Estaba perdido en su plan, mientras ella no dejaba de mirarle, sonriendo, moviendo las manos sensualmente, pasando la lengua por sus labios, tocándose el cabello y haciéndose bucles, mirándole, observándole, con ganas de comérselo también.

¡Carajo! Qué sensación, una combinación de excitación con angustia, que ganas de perderse con esa y en esa rubia, se sintió nuevamente adolescente. El hombre que estaba con ella debió intuir algo, porque esas cosas se perciben y se volteó a verle, él disimuló, pero de nada sirvió, el compañero se había dado cuenta y quizás vendría una represalia contra él, pero estaba dispuesto a asumirla y gritarle a ese imbécil que sí, que se había enamorado perdidamente de su mujer y sin remedio, ¿y qué?.

Efectivamente el hombre se levantó de la silla y lo miró, un calor recorrió todo su cuerpo dispuesto a responder al ataque, pero el hombre lejos de venir hacia él, fue hacia ella, quién desplegó el bastón que acaba de sacar de su bolso,  el compañero la ayudó a levantarse tomándola por el antebrazo, ella posó su bastón para encontrar el piso y comenzó a tantearlo para guiarse, mientras enfilaba la marcha junto a su acompañante.

 

 

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Normandia

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