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Fortaleza



Fortaleza - Literatura

En una época en la cual las personas acuden casi masivamente a los gimnasios, para lograr una figura física que los haga sentir mejores o lograr un volumen muscular que los haga sentir “fuertes”, convendría conversar un poco sobre el significado real de esta palabra, “fortaleza”.

La fortaleza tiene varias acepciones que podemos revisar, según el contexto en que se den:

Fortaleza (Del occit. fortalessa.)

  1. f. Fuerza y vigor.
  2. f. Defensa natural que tiene un lugar o puesto por su misma situación.
  3. f. Recinto fortificado, como un castillo, una ciudadela, etc.
  4. f. Rel. En el cristianismo, una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en vencer el temor y huir de la temeridad.
  5. f. El Salv. Conjunto de viviendas de gente marginada en un lugar tomado por la fuerza.
  6. f. pl. Defecto de las hojas de espada y demás armas blancas, que consiste en unas grietas menudas.


Como es el contexto humano al que quisiéramos referirnos, tomaremos sólo la primera y la cuarta definición entre las listadas, por ser las únicas que aplican a nosotros como personas. De esta manera podríamos concluir que son las dos formas de fortaleza humana, la física y la espiritual.
Si nos quedamos con la segunda acepción de las dos elegidas, la espiritual, ¿entendemos todos lo mismo cuando hablamos de fortaleza espiritual? A veces no es tan simple tener un claro entendimiento de este concepto, muchas veces confundimos el tener una respuesta fuerte ante una situación difícil, con tener fortaleza, otras veces creemos que ser siempre un gallito de pelea ante situaciones adversas nos hace destacar como personas “fuertes”.

A veces es más fuerte quien calla o reflexiona, que el que grita o agrede. A veces cuesta más contenerse en el impulso de devolver una afrenta, que hacerlo por más contundente que sea nuestra respuesta. A veces el rescatar un sentido de humanidad ante la desgracia del prójimo, por muy lesivo que éste haya sido en su conducta hacia nosotros, habla más de nuestra fortaleza que pone de lado el justo sentimiento de justicia y lo transforma en un sentimiento de empatía y de conmiseración por el sufrimiento ajeno.

Ser fuerte es poder combatir contra uno mismo, es saber contenerse en las pasiones o en los vicios, ser fuerte es salir de alguna situación de dependencia y luchar por mantenerse día a día digna y esperanzadamente. Creo que ese tipo de fortaleza es más importante que cualquier otro tipo. Creo que ese tipo de fortaleza se basa en una fe creciente y se asienta en un espíritu desarrollado o en crecimiento.

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Acerca del autor

Jorge De la Barra

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