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Frágil - Literatura

Recojo una hoja del piso. Mi novio escribió algo en ella o al menos eso pienso, ya que, toda la tarde de ayer, lo vi sentado en su escritorio y precisamente con esta hoja, que parece una carta o una anécdota, no lo sé bien.

Entonces, comienzo a leer.

Querido amor

No hay un terreno emocional que tenga sendas de escape. No hay que buscar tampoco, porque te encuentras en uno, donde tus lágrimas que salieron ayer te persiguen conspirando contra su perteneciente fuente. Y tu alma inagotable, que hace el amor con todos los cuerpos me deja arrastrándome.

–¿Por qué me hiciste eso? –

Es una pregunta que varias veces ronda por mi cabeza. Sin respuesta, vagando, fumando, acariciando al perro. Todos, todos me dejan morir. No hay una sola persona que cobije mi esterilidad de huesos. No hay nadie que me ame.

Tres años escribiendo, sin amor, sin pasión, sin observar y sin mí.

–El personaje también importa –

Me decía cuando estaba siendo yo el solitario de mi vida. Sin rostros qué recordar, sin emblemas de amor, sin gritos de terror en la oscuridad. Al final, su nombre. Su nombre era la mejor palabra que terminó por olvidar a la voz que hacía que naciera alguien especial.

No importa si piensan que tengo futuro siendo tal o cuál. No importa porque la soledad que pasé y que paso, es desde lejos la más obsesiva.

Solté la hoja y me dirigí a la calle. Corrí pero ya era tarde y parte de mí lo sabía. Al llegar a la puerta, noté que estaba entre abierta. La empujé y miré que alguien estaba tirado en el suelo. Había un accidente y ya me temía lo peor. Fui a ver entre gritos de espanto. Caminé temblando entre sombras y luces para al fin llegar al individuo, pero al voltear el cuerpo y ponerlo boca arriba, alguien me tocó el hombro. No alcancé ni ver al que estaba tirado. Al girar mi cabeza, parte de mí quería que fuera él.

–Mi amor, fui por unos cigarros

–Eres tú mi amor– le dije mientras lloraba

–¿Qué ocurrió aquí?

–Nada, solo pensé que te había pasado algo y salí para ver.

–Volvamos a casa.

–Pero antes te hago una pregunta. He leído tu texto y quiero que me mires a los ojos y seas totalmente sincero ¿Es verdad lo que está escrito ahí? ¿Eso sientes por mí?

–No te mentiría amor. Te diré la verdad. Yo fui diagnosticado con depresión hace 2 años. Es mi vida, así soy. Un desastre que quiere curarse. Quizá no tenga cura, pero necesito liberar esta holgura de sentimientos mefistofélicos. Hay monstruos dentro de mí. Hay partes que me instigan a dormir, otras a fumar, y en lo sucesivo me exponen tanto que no sé qué hacer. Solo escribo. No quiero que te preocupes.

Estoy muy preocupada, creo que nunca me había sentido tan mal. Tan débil, quizá debería descansar, pero me doy cuenta de algo terrible, tan terrible que detuvo mi corazón. Estoy sola en la calle. Abro los ojos, y volteo a todas partes. Dios mío. ¿A dónde fueron todos?

Sin accidente, sin personas. Solo yo y la calle. Entro a casa y busco a mi pareja, pero todo está distinto. No hay ropa de hombre, no está su auto, ni su laptop.

La hoja sigue tirada en el piso, la recojo y lo vuelvo a leer. Entonces me doy cuenta que soy yo la que escribió. La que está sola en este mundo.

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Geraldinsky

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