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Freud, Adler y Jung



Freud, Adler y Jung - Ciencia

Freud, Adler y Jung. En la Interpretación de los sueños, Sigmund Freud asegura que el motor del aparato psíquico es el impulso al placer (libido). Todos los sueños son un compromiso entre un inconsciente que pretende satisfacer impulsos inconscientes prohibidos y un preconsciente que los censura. Los problemas que enfrentaban los pacientes del psicoanalista siempre estaban relacionados con los avatares de la libido. Este impulso al placer, cuando se reprimía, podía volver a etapas anteriores. Por ejemplo, una persona que no podía complacer plenamente su impulso sexual podía retornar a una fase oral –comer y beber compulsivamente- o sublimar esa pulsión y dirigirla hacia el arte, la ciencia o el misticismo. Carl Gustav Jung tuvo una interpretación diferente de la libido. La desexualizó, para decepción de Freud, y la convirtió en algo parecido al interés por las cosas. A pesar de los amargos reproches freudianos, Jung tenía razón. Tenemos necesidades e impulsos. Necesitamos comer, por ejemplo, y la mente busca cómo satisfacer esa necesidad (impulso). Lo mismo pasa con el sexo. Reprimimos la necesidad sexual y dirigimos el interés hacia otra cosa.

Alfred Adler también desestimó la importancia de lo sexual en sus interpretaciones. Para él, el conflicto se da entre sentimiento de inferioridad y voluntad de poder. Fue un médico que estudió ampliamente la forma en que unos órganos o glándulas compensaban las fallas de otros órganos y glándulas. Tomó de Nietzsche la “voluntad de parecer”. Notó que la verdadera línea directriz de nuestra vida es el esfuerzo por parecer fuerte, justo… y ocultar nuestras debilidades. En ese proyecto de vida solemos rebajar a otros y dejar de cumplir nuestros deberes sociales.

La forma de tratar a los pacientes también era muy diferente. Freud solía recostarlos en un diván y dejar que asociaran libremente. Adler y Jung conversaban frente a frente con ellos. Los pacientes freudianos son descritos como personas angustiadas por terribles deseos reprimidos y enormes complejos de culpa. Histéricos que somatizan sus pulsiones. Los de Adler semejan tipos ruines que intentan ocultar sus debilidades tras máscaras de poder. Los de Jung suelen ser personas plácidas, interesadas en el misticismo y conocerse a sí mismas.

La manera de interpretar los síntomas y los sueños también era distinta. Para Freud, todo sueño proviene del pasado, de experiencias infantiles reprimidas. Para Adler, el sueño es parecido al juego de un gato pequeño que se prepara para cazar cuando adulto. En el sueño, el paciente ensaya inconscientemente las líneas directrices que tomará en días sucesivos. Para Jung, los sueños provienen de un inconsciente colectivo. Son un drama en que no nos enfrentamos a personajes amados u odiados en la infancia, sino a partes de nosotros mismos que debemos integrar. La sombra, el ánima, el anciano sabio, el mandala, la persona… aparecen mientras dormimos. Por eso el sueño es un camino hacia la integración e individuación. Por cierto, Jung fue el creador de los tipos psicológicos del introvertido y el extrovertido. Decía que las doctrinas de Freud y Adler eran tan diversas porque provenían de dos tipos de personas muy distintas. Adler ponía énfasis en los conflictos sociales de sus pacientes y creía que estos se curaban cuando se adaptaban a la sociedad, porque era extrovertido, mientras que Freud se hundía en las profundidades del inconsciente debido a su introversión.

Algunos análisis de sueños o de casos hechos por Adler y Freud muestran las diferencias entre ellos. Adler nos relata que una paciente soñó con él. Ella estaba a los pies del analista y este vestía una especie de hábito de monje o sotana. Freud habría interpretado el sueño como un compromiso entre el deseo de la paciente por Adler y la prohibición de acercarse al médico al vestirlo como un religioso y hacerlo inaccesible. Pero Adler lo interpretó más bien como un deseo de la paciente por rebajarlo al vestirlo como un religioso, con un traje casi femenino. La paciente quería decir que los consejos del analista no superaban los de cualquier chamán y que lo mejor era dejarlo, cosa que hizo muy pronto.

Otro ejemplo es el siguiente: un paciente sueña repetidamente que alguien regala flores a su esposa y muestra temor de que la mujer le sea infiel. Un freudiano buscaría en el pasado un momento en que la madre del hombre lo hubiese dejado abandonado y explicaría el caso como una repetición de una traumática experiencia infantil. Un adleriano diría que el paciente se siente inferior a su esposa y quiere mancharla con una infidelidad ficticia, tal vez preparándose él mismo para ser infiel.

Como todas las interpretaciones sonaban lógicas, los psiquiatras de la segunda mitad del siglo XX solían ufanarse de ser eclécticos. Tomaban un poco de Adler, un poco de Freud, un poco de Jung, de terapia Gestalt, de análisis transaccional, de sentido común y, si todo fallaba, recomendaban antidepresivos o electroshoks.

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Acerca del autor

Luis Alberto Solórzano Sojo

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