Literatura

Gato muerto



Gato muerto - Literatura

Gato muerto

-I-

A través de una ventana el observador se deleita con la pintura de un patio vacío. Dos triciclos mal dispuestos. Una pelota de fútbol. Otra de basquet. Dos pinos como granaderos. Una ventana con cortina. La escena está en perfecta quietud. Si el observador hubiese estado minutos antes hubiera visto a un hombre entrar por la puerta de la casa. No fue el caso. Ahora todo es quietud. Si nos acercáramos a la casa sería posible ingresar por la puerta del patio de atrás, tomar el picaporte con la mano, deslizarlo suavemente hacia abajo, empujar la puerta, ingresar en silencio, recorrer un pasillo frío y oscuro, abrir la puerta del baño y encontrar la obra maestra. El gato descuartizado durmiendo sin paz. Pedazos de gato por todo el baño. Era evidente que había muerto luego de una ardua lucha con su contrincante. El cuchillo ya frío en la bañera. Con la sangre el autor escribió un mensaje esclarecedor.

-II-

Nunca entendí el amor de mi hermana por los gatos. Siempre la odié. La odié a ella, odié sus gatos y odié, sobre todo, la imposibilidad de amarlos, mi imposibilidad de amarlos. No es que tenga alergia o algo que se le parezca, pero es una repulsión que me proviene desde lo mas hondo de mi ser, una fuerza interior, una fuerza superior.

Mis padres siempre la apañaron, siempre fui el desubicado, el loco, el sacado. Si mi hermanita quería otro gato, había otro gato, si mi hemanita quería un dispenser de alimento, lo tenia, si quería un juguete, lo tenia. Qué recibía yo a cambio. Nada, solo recibía la ignorancia de mis padres y mi hermanita. Así fue que con el paso del tiempo junté un odio infinito hacia esas tres personas, pero especialmente para con el gato, blanco y negro, con ojos claros.

-III-

Hasta aquel día reprimía todo mi interior. Me forzaba a no actuar. Existía una fuerza inexplicable que me mantenía al margen, que reprimía mis deseos de muerte. Sin embargo, aquella tarde algo cambió dentro de mi ser. Me decidí a mostrar toda mi ira, mi poder y mi frustración. La casa estaba vacía, como durante las viejas tardes de verano. Tomé un cuchillo de la cocina y me dirigí a la habitación, no podía contener la emoción, faltaba poco para encontrarme, nuevamente, y por última vez, con ese gato. Abrí la Puerta de la habitación de mi hermana y la encuentro repleta de sangre, llorando, abrazada del peluche rosa. Lloraba como desgarrada. La miré. Pregunté. No encontré respuestas. Simplemente los llantos inertes, inútiles, estériles de mi amada hermana. Me dirigí al baño y encontré la obra maestra. El gato descuartizado dormía sin paz. Maldita sea, me ha ganado de mano. El gato estaba muerto, mi hermana también odiaba al gato.

 

(*) Foto obtenida de https://pixabay.com/es/illustrations/cr%C3%A1neo-gato-raro-tonto-esqueleto-3971874/

 

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luka_kalu

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