Literatura

HABITACIÓN 303

HABITACIÓN 303 - Literatura

 

CAPITULO I

Cansada. Esa sería la palabra más usada por mí en el último año. Todos los días durante un año, me he levantado las siete de la mañana, cogido un tren, ido a la universidad y a la vuelta tenía que lidiar con una relación ya acabada desde hacía varios meses, una relación en la que la única persona presente parecía ser yo. Cansada de toda esa vida monótona en la que volver a casa solo hacía que me sintiera aún más sola, decidí dar el paso, dejarlo todo, la familia, la ciudad, la relación, las amistades…todo. Para poder emprender una nueva vida, una vida donde solo yo podría elegir que hacer, donde vivir, con quien ir….

Me he criado en un pequeño pueblo al sur de España, un pueblo donde nunca pasa nada, todo el mundo se conoce y cada cosa inusual que sucede aparece en las noticias del periódico local,  Facebook, Twitter e Instagram. Tenía un clima magnífico, calles estrechas llenas de casas blancas, una zona céntrica de bares y pubs donde se respiraba un ambiente muy bueno, con algún que otro vagabundo pidiendo limosna después de tocar música con una vieja guitarra,  gente alegre y unas playas increíbles en las que iba a pasar los últimos dos meses antes de emprender mi viaje. Especialmente iba a echar de menos una coctelería que estaba en la esquina opuesta a una iglesia  edificada sobre los cimientos de una mezquita del siglo X , era muy bohemia, una luz tenue todo el día y un olor característico de la madera con la que estaba hecha la barra, las mesas… y donde había pasado muchas tardes escuchando música en directo y probando diferentes manjares que el dueño nos ofrecía cada vez que le daba por experimentar.  El último día de clase decidí contarle mis intenciones a mi mejor amiga, quería saber si era o no buena idea, ya que era la típica chica que te decía lo que pensaba te gustara o no y se quedaba tan ancha. Ese día estaba super cansada, la noche anterior me había acostado tarde terminando de leer un libro al que me había enganchado y puesto que sabía que al día siguiente iba a poder descansar toda la tarde, no me obligué a irme a la cama pronto.

Me levante de mala gana como de costumbre, me vestí un tanto estrafalaria, (no tenía tiempo de elegir modelito), desayuné algo rápido y me fui a clase con la mente puesta en cómo iba a decirle a Marta (mi mejor amiga) que posiblemente ese fin de semana sería el último en vernos hasta a saber cuándo.

Ella era una chica común, común para este tiempo… cuando llegue  a clase posiblemente estará en la mesa sentada , mirándose al espejo para muy probablemente sacarse una foto para subirla a las redes sociales. Sí, esa era mi mejor amiga, la típica pija que se preocupa por cómo lleva el pelo,  si la camisa le hace juego con el labial o por saber cuánta gente nueva la sigue en Instagram. Todo lo contrario a mí, que hoy además….después de haberme visto en el espejo de un escaparate, hasta a mí me ha parecido que voy demasiado mal vestida.

La clase estaba hoy bastante vacía, mucha gente había empezado antes de tiempo sus vacaciones. Marta estaba ya en la mesa sentada, como siempre. Me senté a su lado y después de contarme el primer cotilleo del día, se lo solté, sí sí, tal cual, se lo solté. –Me voy del país Marta- le dije sin ningún rodeo. Su cara se volvió hacia mí de una manera lenta…como pensando en si lo que había escuchado había provenido de mí o de una persona cercana a nosotras.

  • Si Anna, estoy muy cansada, de todo, de la relación que tengo con Tom, de lo manipulador que es y no se…quizás haya llegado el momento de irme de aquí y buscar algo fuera. Si ves que es mala idea deberías decírmelo. –

Sabía que ella era una de las pocas personas que me decían las cosas a la cara, me gustara o no, así que era la que iba a decirme si la decisión que estaba a punto de tomar era buena idea o no. Torció la cabeza hacía un lado y entrecerró los ojos mirándome durante unos segundos sin decir nada.

  • ¿Irte? ¿A dónde? Entiendo que quieras dejar la relación con Tom, de hecho te he dicho mil veces que hace tiempo que deberías de haberla roto, pero… ¿Irte? Si quieres hacerlo solo para huir de él, no me parece buena idea.- me dijo con un tono bastante decepcionante…

Sabía que esa iba a ser la primera reacción que tendría al escucharme, así que sin darme cuenta sonreí.  Ella  me lanzó una mirada de  pocos amigos, odiaba que alguien se riera cuando estaba dando alguna opinión seria sobre algo, así que cambié de expresión al instante.

  • No Anna, no quiero irme para huir de él, eso no me importa. Estoy cansada de la vida tan monótona que llevo y necesito un cambio. Creo que voy a hablar con la Directora de la universidad, hay varias becas fuera de España para estudiantes de último curso, donde aparte de trabajar en la universidad te ponen en contacto con una agencia que te consigue trabajo fuera y me han hablado bien de ella, eso sí, nunca sabes dónde te van a mandar hasta el último momento ¿no pierdo nada no crees?
  • Bueno…visto así, podría ser una buena idea, formarte en otro país, conocer otros idiomas, otras culturas…. ¿puedo irme contigo? – Esta vez su cara era diferente, mucho más relajada.
  • ¿En serio quieres venirte a un país desconocido, donde probablemente vivas en una zona donde no haya grandes centros comerciales, no puedas tomarte un café al salir del trabajo y la cobertura sea mala? Y por supuesto olvídate de los centros de estética y ponerte las uñas postizas… – Su cara automáticamente fue cambiando, eso de no tener cobertura le había hecho pensar que era mejor quedarse en la ciudad.

Después de hablar con la directora y enviar toda la documentación pertinente tuve que volver a casa a hablar con Tom. En el camino paré mil veces para evitar llegar pronto a casa, no me apetecía nada tener esa conversación así que fui a por un café para llevar, compré cena y dí un rodeo más largo de lo normal.

Cuando llegue no estaba en casa, un gran alivio para mí, más tiempo para pensar en cómo decírselo, guardé la cena, me cambié de ropa…y contesté a unos cinco mensajes que tenía de Anna preguntándome si había hablado ya con Tom.

Al cabo de una hora y media, plantada en el sofá esperado el momento oportuno para decírselo, escuché la cerradura de la puerta. Ahí estaba, con su ropa deportiva recién llegado del gimnasio.

  • Hola cariño, que pronto has llegado hoy, no? – Me dijo mientras soltaba la bolsa deportiva en el suelo y me daba un beso en la mejilla.
  • Sí, es que hoy no he tenido las dos últimas horas de clase así que aproveche para venirme antes y aprovechar la tarde. He comprado algo de cena por el camino, así nos ahorramos cocinar esta noche. – le dije de manera muy suave y con un tono de calma que ni yo me reconocía.

Me adelanté a la cocina a sacar de las bolsas la comida y ponerla en la mesa del salón. Mientras cenábamos la conversación era la de siempre, que tal en el trabajo, como le ha ido en el gimnasio, las marcas que ha conseguido, los planes que tiene para el fin de semana y un largo etcétera que no me apetece recordar.

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Acerca del autor

I.J.Oviedo

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