Viajes y ocio

Haití A Través De Mis Ojos.

Haití A Través De Mis Ojos. - Viajes y ocio

“El dinero no es agua, pero te limpia”
-Pared cercana al aeropuerto de Haití.
Eran las cinco de la tarde y el sol comenzaba a ocultarse. Alcides, de pie, sin zapatos, en lo más alto de las gradas me explicaba con esmero y gracia la forma de ubicarme utilizando los puntos cardinales. Yo moría de la risa al no comprender, él con la paciencia de mil siglos y el entusiasmo de la primera vez, me repetía dónde estaba nuestro norte y yo me esforzada por escucharle. En la mitad de uno de sus tantos intentos por ilustrarme, le solté:
– Quiero conocer Haití.
– ¿Haití? No es un lugar precisamente turístico. – Respondió con notable curiosidad.
– Ya lo sé, pero dicen que cuando le conoces, recorres sus calles, hablas con su gente, entonces dejas de ser la persona que eras, y yo quiero cambiar. Además, he visto algunas fotos de sus playas y se ven hermosas, así que algo de turístico sí tiene.
– Puede ser…
En esa ocasión, no volvimos a hablar del tema, sin embargo, camino a casa, cuando la oscuridad ya era dueña de las calles y la brisa entraba violentamente por la ventana del autobús impidiéndome mantener los ojos completamente abiertos. Escuché a dos jóvenes de mi edad hablar sobre política local, entonces, por una razón desconocida volví a pensar en Haití, pensé que las trivialidades de una juventud que tiene que palpar
a diario la miseria, debían ser completamente diferentes, su cosmovisión debía distar mucho de la nuestra.
Fue así como inició mi búsqueda, esa misma noche me senté frente a la computadora y me sumergí en fotos, documentales, artículos, historias; escribí en un cuaderno todo lo que consideré relevante. Descubrí que Haití es un país en el que se vive lo que no es posible imaginar, me tropecé con imágenes que evidencian récords de hambre, hacinamiento, violencia, corrupción y un sin fin de carencias materiales. Me encontré con una administración que es incapaz de cumplir con las funciones más básicas de un estado moderno; servicios públicos, seguridad, educación, políticas públicas que le den un pare a la degradación ambiental y agotamiento de recursos por el vertiginoso aumento de la población. Un país en el que la educación básica es solventada en un 90% por comunidades, organizaciones religiosas y entidades no gubernamentales, donde lo público es casi inexistente y donde la oferta educativa es insuficiente cuando el 50% de la población es analfabeta.

En Haití, todo se carga en la cabeza, lo natural es ver a las mujeres andando con grandes cestas desde las cinco de la mañana, son ellas las que con hermosas sonrisas de resistencia desde la época pos revolucionaria han gobernado el mercado informal, siendo irónicamente conocedoras a plena libertad de todo lo público. Al no ser propietarias, no les era obligatorio tener licencia para distribuir lo que en las fincas se producía, cuestión que para la población masculina era una obligación, desde entonces, las mujeres se dedican a actividades de comercio. Peso a ello, la situación de la mujer haitiana no es muy distinta a la del resto de mujeres americanas en cuestiones de discriminación, acceso a la educación o cargos de elección
popular.
Basta hacer una búsqueda en Google para darnos cuenta que a la población Americana se le ha olvidado que Haití también hace parte de este continente, que pesé a que el 50% de su población total es joven, no se sabe mucho sobre ella, los intereses están orientados a aquellos que logran emigrar, pareciera que es la única forma viable de tener una vida con condiciones mínimas de bienestar y proyección hacía un futuro distinto al de la mayoría de jóvenes que no tienen la opción de salir de su tierra natal. Parece que son más de cien años de soledad los que tiene que seguir pagando Haití por ser el primer país en revelarse contra las colonias francesas y establecerse como república libre; afrontando el ser marginados hasta por su dios, a quien entonan suplicas con cantos queintentan despertarle para por fin, conseguir dádivas que los alejen de ser el olvido que
ya son.

Algunos días después, en la azotea de uno de los bloques de la universidad, acostados mirando al cielo, Alcides y yo hablábamos de los comportamientos preconcebidos que se tienen al iniciar una relación amorosa; de repente, como si fuese obvia la relación me
pregunta:
– ¿Qué hay de Haití?
– ¿A qué te refieres? – respondí notablemente extrañada.
– Me refiero a que es el entorno social el que en gran medida determina cómo asumimos todos estos comportamientos, amor, gustos musicales, incluso el tomarnos cinco minutos para ver el cielo está determinado por nuestro entorno, en esa lógica, ¿qué hay de los jóvenes como tú y yo cuyas condiciones sociales son bastante distintas?
– Ahora qué lo dices, estuve buscando. Y la información no sólo está enfocada en lo negativo, sino que es altamente impersonal, deberíamos volar hacía allá y hacer nuestro propio estudio. ¿No crees?
– Por supuesto. Y como si se tratase de un compromiso amoroso, pactamos empaparnos de otras realidades apenas nos fuera posible, el tiempo, un factor desconocido; la certeza, que iniciaríamos por Haití.

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Acerca del autor

Taylor Moon

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