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Hereditary & Midsommar: algo más que una carta de presentación



Hereditary & Midsommar: algo más que una carta de presentación - Cine y Televisión

El joven, 33 años, director neoyorkino Ari Aster ha entrado con mucha fuerza al mundo del cine, concretamente del cine de terror. Tras sus dos primeros largometrajes: Hereditary (2018) y Midsommar (2019), ha conseguido aportar aire fresco al género, el cual estos últimos años está compuesto por películas realizadas con la misma fórmula: sustos fáciles, música a todo trapo e historias repetitivas.

Pues bien, este debutante ha conseguido dar un giro a las películas de miedo, los sustos fáciles no son recursos usados en sus obras, sino que opta por la creación de una tensión insoportable en el espectador. Hay momentos en sus películas en que no sabes si estás ante una escena en la que no pasará nada o una de terror, uno de los puntos fueres del director es ese, alternar escenas de aparente tranquilidad con escenas macabras. Otro aspecto muy reconocible en ambas pelis es el trauma familiar, protagonizado en ambos casos por una mujer, quienes tienen que afrontar momentos muy traumáticos en sus vidas y deciden hacer algo nuevo para tratar de superar esa situación.

Hereditary destaca por su tono oscuro, tanto en las escenas, como en sus personajes. Gran parte de la película transcurre en la casa de campo donde vive esta familia. La relación entre ellos es muy tensa por las desgracias familiares que tienen que atravesar, la tensión entre la madre (Toni Collette) y el hijo (Alex Wolff) va in crescendo, alcanzando un punto álgido al final del film. Pese a que la película contiene elementos típicos de las pelis de terror prefabricadas, una especie de ouija, posesiones o el demonio, la película no genera miedo por estos motivos, sino que lo hace por la incertidumbre que genera la madre y como va a actuar esta.

Midsommar por el contrario destaca por ser una película de terror a plena luz del día. Gran parte de la película transcurre en un territorio de Suecia, perdido de la mano de Dios, donde las horas de luz son más de 20h diarias. Una joven (Florence Pugh) acaba de perder a su familia en un trágico accidente, para tratar de superar esa situación decide autoinvitarse en el viaje de amigos que tenía programado su novio (Jack Reynor), para ir a Suecia a conocer a la familia de uno de los amigos. Cuando llegan a Midsommar todo parece un cuento de hadas, la familia vive en una especie de culto, donde se autogestionan todo a través de la comunidad.

Todo iba bien hasta que empiezan a descubrir algunos de los secretos de esta comunidad. Uno de los hechos que más destacan en esta película es la combinación de escenas tranquilas con una bellísima fotografía con escenas macabras. El juego del director con esta dualidad de escenas hace que el espectador este en constante tensión al no saber cual de las escenas esta viendo.

Espero ansioso la tercera película de este director, el cual está siguiendo un camino parecido al de Jordan Peele (Get Out y Us). Ambos directores con dos películas ya han creado un estilo propio de cinematografía, que ha dado un giro al género de terror.

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Dagosa

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