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Hereditary

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Hereditary - Cine y Televisión

El otro día fui a ver “Hereditary”, primer largo de un tal Ari Aster, cuya cinematográfica carrera ha estado basada hasta el presente momento en el corto. Un director totalmente desconocido para mí, la verdad.

 

Fui a verla con pocas expectativas.  ¿Pelicula actual?, ¿de miedo?, mmm, no contaba mucho con que pudiera llegar a sorprenderme, la verdad, y mucho menos tras leer las excitadas referencias de medios de comunicación y prensa random “La siguiente película a tener en cuenta tras El Resplandor”, o, “La película indispensable de ver tras El Exorcista”. Pomposos y coloridos comentarios así pudiéranse ser creados por un generador de amiguismo encontrado en Google, no sé si me explico.

 

Desconfío muy mucho del concepto “terror” en el cine contemporáneo, me considero antiguo en tal materia. Dame dos niñas que aparezcan súbitamente en el fondo de un pasillo, inertes y aparentemente inofensivas, y quédate con todos tus asesinos en serie, cuchillos ensangrentados, y saltos sorpresa en la bucata propulsores de palomita desbocada.

Creo que hemos confundido el “terror” con el “susto”, es como si, o se nos hubieran acabado las ideas, o simplemente no supiéramos ir más allá del sobresalto inesperado.

Considero que el concepto miedo va mucho más allá de la estimulación de nuestro sistema nervioso. El miedo es desconocer y temer aquello que no logramos entender, el miedo es querer que determinada situación acabe lo antes posible pero albergando ese morbo de la investigación, de averiguar qué es lo que produce tal circunstancia envuelta en interrogante y duda. Añoro ese mal rollo que me deja un poco así al levantarme de la butaca, y digo “así”, porque es un salto etéreo o abstracto vagando entre nuestras emociones, “Dios, pero qué mal rollo me ha dado tal escena”, y notas realmente ese frío interior preñado de erectas fibras capilares. Las películas de terror actuales no nos dejan pensando qué hemos visto, tal cual abandonamos el recinto ya nuestra mente cambia de tema y vuelve a la monótona realidad, el asesino ha matado, ha sido descubierto, y ha sido detenido, nos ha propinado varios sustos apareciendo de improviso, y telón, todos a su casa. Hereditary no hace nada de eso, todo lo contrario, rebusca en nuestras cabezas, vagabundeando y recolectando sensaciones, las ata, las somete, y las va desgranando de fuera hacia dentro, como una espiral abocada al caos, exactamente como la familia que vemos descomponiéndose durante las dos horas de metraje que dura la película.

Y tiene sustos típicos, sí, los tiene, pero de los buenos, de aquellos fantasmas típicos agazapados en la esquina, difusos, borrosos, y amenazantes. No te van a saltar encima, chillando como chillara un cuervo avalanzándose sobre carroña disputada, permanecen ahí, como en los momentos previos al tiroteo de un western, empapando de hielo tu médula espinal y dejándote indefenso ante las inclemencias de algo ignoto. Y luego tal fantasma absorbe su propio éter y desaparece por el mismo lugar por el cual llegó, por tu violada conciencia, ya dañada, augurando un final incierto del cual sabes que no vas a escapar y cuyas circunstancias no quieres conocer (¿o sí?)

Juega con las miradas, con los rostros cambiantes, con esas sensaciones de mal ambiente que, por fortuna, disfrutamos como espectador ya que, créeme, nadie quiere formar parte de esa desgraciada familia.

 

Sale Gabriel Byrne, el padre, el cual yo creo, desempeña el rol menos fuerte de todo el elenco, pero es Gabriel Byrne, y eso significa solidez y talento, “no te va a fallar, vas sobre seguro”, como quien dice.

El hijo mayor es un tal Alex Wolff, actor con unas veintitantas películas a sus espaldas. Su personaje soporta unas cargas psicológica y emocional en grado igual que la madre pero, es el que nos va a proporcionar, opino yo, mas empatía a nivel de pérdida de cordura, es el personaje al cual le podríamos preguntar “pero muchacho, ¿qué coño te está pasando?”, un diez para este chaval, sin duda.

La hija pequeña, Milly Shapiro, su primera película, al igual que el director… como consecuencia del maquillaje y caracterización y, lógicamente, del trabajo de la joven actriz, nos decimos a nosotros mismos “con una hija así, con esa cara tan sospechosa, y actuando tal y como actúa, nada bueno puede salir”. Ya incluso antes de ver la película, sólo con el cartel anunciando la misma, ya podemos decir que algo raro pasa con esa niña, no sólo raro, sino malo y hasta trágico. Algo encierra, algo muy, muy profundo que queremos saber, pero intuímos que no conviene desvelar. Nunca mejor dicho, la imagen del mal rollo que antes he mencionado. Otro diez para esta cría.

Y bueno, la madre. Quiero mencionar primero, y para que me sirva como pie de apoyo,”Babadook”. “Babadook” es otra película actual, de terror, y también con niños y ambientada en pueriles temores. También sale otra madre cuya actuación raya el desvarío e insanidad, bordando la genialidad he decir, pues en “Hereditary” pasa lo mismo, pero mejor. El personaje de Toni Collette está cargado de una fuerza emocional, una carga psicológica, y, literalmente, desprende un pavor tan, tan oscuro, que todavía, y tras varias semanas después de ver la película, hace que mantenga en mi mente, como fotografías impresas, instantáneas de sus actuaciones de desespero (joder, todavía la oigo llorar desgarrada, arrodillada en el suelo, casi tirada como un trapo viejo), personalidades cambiantes, y miedo, mucho miedo, provocando un miedo enfermizo y sin cura, de esos que sabes que no van a acabar en nada bueno. No sé, podría rellenar varias líneas más hablando del trabajo de esta mujer en la película, y aunque lo adornara con bonitos términos o inteligentes metáforas, no creo que llegara a acertar en la descripción adecuada del papelón que se trabaja la buena de la Toni. Un once.

 

No voy a decir que vayáis a verla, voy a preguntaros que porqué no la habéis visto todavía.

 

 

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Fausto

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