Humor

Historia De Una Looser

Historia De Una Looser - Humor

 

Qué asco me da todo… Y todos… Y vosotros, que me estáis leyendo ahora… Más…

Pero tranquilos, sólo os desprecio porque soy una frustrada amargada que no ha hecho nada productivo con su vida y que no tiene ni idea de lo que es un buen polvo… Así normal que sólo sea capaz de enfrentarme al mundo con bilis y resentimiento…

Cuando nací el médico le dijo a mi madre: -Ha tenido usted una Looser, con mayúscula en el caso de su engendro. Tiene unos ojos preciosos verde aceituna, pero son ojos de Looser… ¿Quiere al resto del feto o lo hacemos pasar por un aborto?

Mi infancia no fue particularmente agraciada: los niños me tiraban piedras para que no me acercara a ellos en el parvulario, o también jugaban a marginarme, que consistía, durante los recreos, en que allí donde iba yo, todos los niños se iban corriendo en la otra dirección.

Mis padres, Ataulfo y Adelina, por otro lado, se obcecaban en llevarme por el buen camino: El de Cristo.

Cuando les dije a los catorce años que no quería ir más a misa porque no creía en Dios mi madre se enfureció y me metió un soplamocos que me dejó marcados los cinco dedos de la mano y el anillo de casada.

Mi padre, más calmado, me dijo que perfecto, que a partir de ahora me levantaría todos los domingos a las ocho de la mañana para limpiar nuestra casa y luego la de las abuelas, que vivían en los pisos de debajo de nuestro edificio.

Instantáneamente recuperé mi fe y les dije que vale, que seguiría yendo a misa, así que durante cuatro años, de los catorce a los dieciocho, estuve levantándome cada domingo a las doce para fugarme a comer pipas al Castillo, que está junto a la iglesia, y fingir que seguía formando parte del rebaño a ojos paternos.

Las abuelas tampoco decepcionaban: se llamaban Domiciana por parte de madre, y Florinda por parte de padre.

Abuelos no tenía porque murieron en la guerra muy jóvenes, eran del bando fascista. Si levantaran la cabeza y vieran que la nieta les había salido republicana creo que nos les gustaría mucho…

Volvamos a las abuelas, que a diferencia de los yayos, a ellas sí llegué a conocerlas: la primera, Domiciana, había sido profesora de las de antaño, de las de “la letra con sangre entra”.

“Puño de Hierro” la llamábamos mi hermano y yo por la mala ostia generalizada que impregnaba su porte y su carácter: por ejemplo, si te veía llorar te preguntaba que por qué lo hacías. Y cuando le respondías que no lo sabías, te metía un revés épico a la vez que añadía: – Pues ya tienes un motivo.

Muy rica ella…

La otra abuela, Florinda, odiaba a mi madre a muerte y nos daba cariño a mi hermano y mí solo por joderla… Y lo más triste es que funcionaba…

Sobre mí, para que me conozcáis mejor, puedo deciros que mi nombre es Resignación, porque dijo mi madre que es la principal sensación que experimentó hacia mí cuando me vio la primera vez.

El nombre es muy emotivo, pero me dio bastantes quebraderos de cabeza en el colegio y el instituto… Este no es un nombre adecuado para un entorno dominado por esas criaturas crueles y sin sentimientos que son los niños y los adolescentes…

Me pegaba todo el puto día escuchando comentarios hechos con sorna del tipo “esta bien, ME RESIGNO” hasta que acabé el C.O.U. incluso por parte de los profesores.

Físicamente era de piel paliducha blanco nuclear pero de pelo moreno, largo hasta la cintura. Mido unos mediocres ciento sesenta centímetros, la media en España, y unos ciento veinte kilos que no me podía quitar de encima porque hasta el agua me engordaba desde que cumplí los treinta.

Actualmente soy una señora mayor de cuarenta años bastante ajada y destruida por el vicio y el puterío.

Y por el Jaco, al que estuve viciada una temporada: yo, por aquel entonces, tenía un compañero de piso apodado “El Rajas” porque en una pelea entre barriobajeros le habían destrozado la cara con un machete del ejército.

Yo era muy amante de las tradiciones navideñas, y “El Rajas”, que era un cachondo, me dio heroína para echarse unas risas a mí costa diciéndome que la cosa esa marrón que le había espolvoreado al Roscón de Reyes por encima era stevia en polvo y que sabía así porque era de la India y allí le echan especias a todo… que cabrón… muy pocas veces me he arrepentido por haberlo cosido a puñaladas una vez que me robó un boli B.I.C. del escritorio de mi cuarto.

Pagué en sangría de marca blanca a unos vagabundos borrachos para que sacarán el cuerpo de casa y lo tiraran al Ebro.

No me gusta que entren a mi cuarto sin mi permiso, y menos que toquen mis cosas.

Pero no nos adelantemos al futuro, ya llegará el relato de mi madurez, ahora regresemos a la familia y primeras épocas: mi madre, que era profesora de educación primaria, tuvo la oportunidad de ser una mujer culta y educada, pero desde pequeña aceptó el creacionismo cristiano sin cuestionarse nada más…

Una mujer que había tenido una educación privilegiada para su época, se encontraba, ante toda mi impotencia, justificando que la prueba de que Dios existía era que quién creó sino a las hormigas, pasándose por el forro la teoría de la evolución…

Me mataba tanta irracionalidad y la atribución de un poder místico a todo lo que nos sucede en la vida.

Para mí asegurar que Dios fue el creador del mundo es como decir que todos descendemos de un plátano gigante.

Aunque eso no quita para que la quiera, al fin y al cabo, es mi madre…

Aunque me hacía reciclar la ropa de mi hermano mayor, zapatos incluidos, y me obligaba a ir con el pelo corto de modo que parecía un niño; a los ocho anos ya causaba furor en el pedófilo del pueblo… Francisquillo se llamaba… qué majete… era deficiente mental y como al parecer estaba extremadamente bien dotado, le gustaba apretarse el pantalón para que se le marcara la polla diciéndole a los críos:- Kia! Eh! Niño! Mira! Mira!

También, a mí en concreto, le gustaba perseguirme al salir de clase y llevarme a patios y rincones oscuros donde obligarme a tirarle del pelo mientras se masturbaba…

Una vez intenté darle esquinazo y engañarlo cogiendo otro camino pero fue inútil: Me esperaba en el portal de mi casa interponiéndose entre la puerta y yo…

Años después este encantador personaje desapareció del pueblo sin dejar ni rastro conocido por mi… Supongo que simplemente se mudaron a otro pueblo el y su madre, ya mayor, cuando esta cerró la mercería que regentaba, pero a mí me gusta pensar que se encuentra en el fondo del pantano de al lado alimentando a los mejillones cebra… por soñar que no quede…

Como ya he dicho antes, no era muy popular en San Cipote del Campo, mi pintoresco pueblecito de la despoblada Castilla, así que mis únicos amigos durante un gran período de mi vida fueron los mejillones de una lata que me regaló mi abuela Florinda por mi cumpleaños, que los envolvió y todo, y que yo había guardado celosamente escondidos en el fondo de mi armario, metidos en un tuperware que le robé a mi madre con alevosía aprovechando un día que se pillo una pedal de Sol y Sombra y no se enteraba de nada.

Fuimos muy felices juntos hasta que mi hermano mayor, Relancio, el matón del barrio, y psicópata en ciernes, los encontró buscando mi hucha, de la que solía sisarme, y se hizo un bocadillo con ellos y un buen chorro de mayonesa con ajo, que así entran muy bien.

Me dolió profundamente la perdida de mis añorados mejillones, que estuvieron conmigo desde los siete a los trece años, así que para intentar superar la perdida me fabriqué un robot.

Estaba hecho de cajas de cartón montadas una encima de otra. La última, la de más arriba, tenía una cara robótica pintada por mi sin mucho acierto con témpera, y en su interior tenía un reproductor de cassette con una grabación mía diciendo en bucle “te quiero”.

La cosa fue bien durante dos días, hasta que mi abuela Domiciana, que anteriormente ya había echo lo mismo con todos mis dibujos de infancia y todas las manualidades que había hecho en el cole de cría, lo consideró un trasto inútil, lo rompió en mil pedazos y lo tiró a la basura.

Con el tiempo me hice alcohólica y politoxicómana adolescente para evadirme de la impotencia de la realidad de mi vida, y como ese periodo se juntó con mi pubertad empecé a frecuentar santos varones para experimentar… Así que al final mis familiares me echaron de casa por puta y me fui a la Capital.

No sabía qué hacer, no tenía dinero, hogar, ni rumbo, así que me revelé contra el sistema y me hice popera.

Pero tras pasar este periodo de rebeldía, a los veinte mis inquietudes musicales me llevaron por otros derroteros de modo que a través de los Cuarenta Principales descubrí a Junco y la obra de Miguel Bosé… Madre mía, no hay nada más hermoso que las letras de sus canciones en el caso de Junco, y aún se me salta una lagrimica cuando el Bosé canta aquello de “Sevilla, bandida, tu paloma fui”… Ainsss.

Inspirada por mis dos héroes, monté un dúo musical con una pata de jamón serrano para abrirme camino en el mundo del espectáculo y sacarme unas perrillas con las que sobrevivir, pero la pata se llevaba toda la fama y le cogí celos.

Como consecuencia la até a una piedra con una cuerda y la lancé al fondo del Ebro con los siluros.

No tenía relaciones sociales ni amorosas pasados los veinte, así que me dí al aconsumo masivo de porno y es por esa época cuando empecé a masturbarme compulsivamente.

De las películas eróticas me jode mucho cuando les ponen guión…
A ver… Cuando estas cachondo quieres ver destrozos, no a dos o más personas malinterpretando guiones de mierda super rancios que ya de por sí son penosos.

Exijo un respeto al usuario de cine porno!! Que cuando te pongas material para hacerte una paja puedas hacerlo con dignidad y no se te corte el royo porque parece que estás viendo algo de Abbas Kiarostami o de Lars Von Triers!! Que por cierto, el primero es aburrido, pero por lo menos lo intenta, que Von Triers parece que escribe sus guiones cagando… Que grandísima repulsión me dio Los Idiotas… La mejor escena es cuando le rompen la nariz a la protagonista al final de la peli y comienza a sangrar sobre el plato de sopa… Es algo que llevas deseando que ocurra durante toda la filmación.

Sobre los veinticinco conocí a Yusuf: era un señor de Marruecos gordo, verrugoso y moreno de piel. También era bigotudo y tenía el pelo corto con un rizo chochero que era como acariciar un potorro mal rasurado lleno caspa… Que asco daba cuando le tocabas la cabeza para quitarle alguna liendre…

El no era como los demás, no me apartaba con un palo… solo me pegaba con él…

Fue una relación muy intensa, duró dos semanas.
Me quedé embarazada de él pero el feto abortó de mi… prefirió asfixiarse con el cordón umbilical antes que ser el hijo de una Looser.

El pobre desgraciado murió prematuro de suicidio, cosa que descubrimos seis meses después de que pasara… Todo ese tiempo estuvo flotando en mi placenta… por suerte se momificó en el interior de mi útero y al no pudrirse no me provocó ninguna infección.

Esa era una interesante característica mía: que nunca enfermaba… mi abuela Domiciana me solía decir que era porque ni los virus se querían ir conmigo… Y después me metía una buena ostia para acompañar…

Muy agradable siempre la buena mujer…

Seguí buscándome la vida: me puse a trabajar como teleoperadora para una estación de esquí, y ese año no nevó… luego me fuí a hacer de gogó gorda a la Pegaso de Mataró y está se prendió fuego… entré en la fábrica de Lacasitos y descubrieron el cadáver de una rata en el tanque del chocolate… La recogieron con una red y la pala siguió volteando la masa de dulce marrón… Las desgracias bizarras me perseguían allá por donde iba, aunque lo de la rata en concreto parece ser que era bastante normal. No era mérito de mi mala suerte, se ve que era bastante habitual. Incluso se contaba que los operarios cuando se estaban meando y no llegaban al baño echaban la descarga en el contenido de la máquina. Entre otras cosas.

A veces, en mis momentos de soledad, cuando no estaba masturbándome, me acordaba con añoranza de mi primera pelea… Fue la primera vez que sentí el contacto humano: cuando tenía doce años, unos pelados me dieron de patadas por todas partes mientras estaba tirada en el suelo, de medio lado y en postura fetal, echando sangre por la boca y escupiendo algún que otro diente.

Entonces salía toda embravecida a la calle e iba a posta a decirle cosas a los nazis a ver si repetían y me pegaban… Lo que fuera con tal de que alguien me tocara… pero los tenía tan saturados que me veían aparecer y eran ellos los que salían corriendo.

Yo les perseguía gritándoles: – España, mañana, será Republicana!! – o lo que se me ocurriera en el momento, pero nunca funcionaba…

Conocí sobre los treinta a un camarero muy resalao en el bar donde me tomaba el café cada mañana: era nuevo y estaba haciendo una sustitución.

No me trataba con especial desprecio y me reía mucho con él cuando le daban los ataques de insultar a la peña: tenía el Síndrome de Tourette.

Me enamoré locamente… Como era una persona apocada y sin sangre en las venas no sabía cómo acercarme a él, tenía miedo de su rechazo.

De echo, sin haber llegado siquiera a insinuarme levemente o entrarle con una sencilla conversación sobre el tiempo, me convencí de que no había nada que hacer y le cogí manía debido a mi propia frustración: iba al bar, pedía el café y me quedaba mirándolo fijamente sin pestañear sentada en la barra y girando frenéticamente la cucharilla en la taza como una psicópata… Pero él, lejos de sentirse incómodo y rehuirme, me sonreía mientras limpiaba los vasos de tubo con una bayeta blanca y a veces me gritaba:-Hija de puta!! – de modo espontaneo cuando le daban los tics.

Como ya he dicho, era incapaz de entablar contacto personal con Demetrio, que así se llamaba, y como resultado de tanta frustración, la cosa derivó en irá, se me fue la anchoa, y compré una postal con la imagen de unos cisnes entrecruzando sus cuellos en la portada y en el interior, escrito con letras recortadas de revistas y pegadas con pegamento para no dejar huellas, dejé el siguiente mensaje:- Mañana te voy a pegar dos tiros.

Lo metí en un sobre con su dirección y lo eché a correos.

Nunca más volví por el bar. Pero aún estuve un par de meses más mandándole amenazas de muerte.

Me cansé de los trabajos de mierda no cualificados a los que podía acceder sin titulación y decidí volver a intentarlo en el mundo del espectáculo.

Empecé haciendo pruebas para anuncios, pero no solían cogerme, hasta que llegó mi mayor éxito profesional en este campo: puedo decir con orgullo que yo salí en un anuncio de hemorroides.

Iba disfrazada de la lesión anal y era exterminada cuando varios hombres vestidos de tubo de Hemoal me echaban una especie de pomada por encima.

Tuvo tanto éxito que me llamaron para hacer un remake erótico para la televisión tailandesa, y así fue como me convertí en una porno star en Asia.

También aproveché para estudiar una carrera.

Hice algo con mucho futuro: Filosofía.

En ella me tuve que tragar que Platón era la ostia por obligarnos a llegar a nuestras propias conclusiones mediante los diálogos que establecían los personajes de sus obras, cuando en realidad su teoría solo era como un sombrero con muchas florituras… Llama mucho la atención pero solo decora.

Una vez asumes que existen tantos puntos de vista sobre las cosas como personas hay sobre la tierra ya no te aporta nada nuevo…

Y Sócrates que??? Menudo gilipollas… Mira que tomar cicuta pudiendo haber escapado… Todo por defender un ideal de mierda…

Me dicen a mí que renuncie a mis ideales a cambio de salvar la vida y pierdo el culo… Soy un ser cobarde y ruin. Solo miro por mis propios intereses y le tengo cero de tolerancia a la tortura…

A mí me dicen que me van a clavar palitos debajo de las uñas si no digo dónde está escondido mi padre y canto como un pajarito…

No entiendo a los mártires cristianos durante las persecuciones romanas… dejarse destrozar física y mentalmente por no escupir sobre una cruz para mostrar que renegaban de su fé… Yo hasta me meo encima si hace falta… Además se contradicen permitiendo que mancillen sus cuerpos: acaso no son obra de Dios y por tanto hay que respetarlos?

En fin…

Además de estudiar y trabajar como estrella del porno, hacia poca cosa mas, mi único hobbie era ir de bares a echar vinos hasta que acaba vomitando o durmiendo en algún parque.

Un día estaba borracha yo sola por los bares del barrio y unos críos, para reírse de mí, me convencieron para que me tatuara, entre otras cosas,  “Amor de Madre” sobresaliendo en una banda blanca sobre un corazón rojo en llamas en un brazo, o el ancla de Popeye en el otro…

Los tatoos me quedaron un poco talegueros… Sobre todo el “Semper Fidelis” del esfínter… Cómo me dolió, por Dios! Quizá debí sospechar de que al tatuador le faltaran todos los dientes y usará un rotring como instrumento de trabajo….

Intenté también ser masajista con Happy End, pero cuando los clientes me veían aparecer en la salita de dar los masajes me pagaban para que no les terminase, me decían que así el final era más feliz…

Actualmente trabajo como una especie de cobradora del frac pero en plan violento.

Me reinventé, me hice a mi misma, y me metí en un gimnasio donde me puse cachas: ahora rompo cuellos de osos pardos sólo con la fuerza de mis brazos.

No veas cómo crujen… Se quiebran como ramas a poco esfuerzo que haga.

En la empresa me llaman Suarsenager de lo ancha y definida que estoy.

La función que desarrollo en mi trabajo es pegar palizas por encargo a personas que no pagan sus deudas.

Todo el mundo me sigue rehuyendo y solo se me acercan otros loosers marginales como yo que he conocido por Facebook en páginas para desquiciados y gente con taras mentales.

Pero estoy contenta, estoy en mi mejor época, la más plena, y además pego a gente… Qué más puedo pedir?

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Acerca del autor

Petronila María Perez

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