Literatura

Historia real- La prostituta y el taxista



Historia real- La prostituta y el taxista - Literatura

— Esta es una historia real, el nombre de la protagonista fue protegido. Después de escuchar sus historias, que son muchas, me he convertido en ABOLICIONISTA de la prostitución. Nunca el cuerpo humano debe ser visto como mercancía. La gran mayoría de las prostitutas deciden serlo porque están en posiciones vulnerables. Otra gran cantidad lo hacen debido a la trata de personas. Son esclavas. La historia es triste. Es cruda. Pero es una realidad. Y este relato es solo una pequeña parte de lo que sufren. La prostitución no empodera a las mujeres–

Jenny tenia un novio, que además era su proxeneta.  “Fue casualidad”, dice ella, refiriéndose a la forma en la que llegaron a ese acuerdo. Ambos buscaban empleo y no me dijo a quien se le ocurrió la idea, pero el comenzó a buscarle clientes por una pagina de Internet y ella a hacer el trabajo fuerte. Prostituirse.

Un día su novio le consiguió un cliente en otra provincia. Le aseguró que estaría bien, que confiara en él. El cliente la pasaría buscando en una parada de buses. Jenny solo tenia el dinero suficiente para llegar al lugar de encuentro, pero  confiaba en que el cliente le pagaría bien y con eso podría regresar a su casa. No tenia los datos de esta persona, no sabia nada de él, solo confiaba en su novio (quizás demasiado).

Mas de dos horas de viaje la llevo hasta la parada, sin dinero y esperando a alguien que no conocía. Estaba vestida de forma muy recatada: jean, una blusa cubierta y un abrigo. Esperó por mas de dos horas y el hombre no llego.

Sin dinero, sin conocer bien la provincia porque pocas veces salía de la suya, llamó llorando a su novio.

-¿Qué hago? Cómo regreso? Por qué el cliente no llegó?- Su novio trataba de calmarla pero estaba desesperada.

De repente, un taxi se detuvo frente a ella. Aun con el teléfono en su oído le comento a su novio que un taxista le hacia señas. El respondió:

-Bueno, ya sabes qué hacer- Ella colgó y se acerco al carro.

_¿Esta bien? ¿Necesita ayuda?

-Si… es que.. quede con unos amigos del trabajo y me dejaron embarcada. No tengo dinero para ir a mi casa-

-Que mal. ¿Y dónde vives?-

-A dos horas de acá-

-Uuuyy si, esta bastante lejos, yo cobro $30 hasta allá, pero móntate y hablamos, quizás lleguemos a un acuerdo-

Ella se sentó en el asiento delantero.

-Yo puedo llevarte- Prosiguió el taxista- pero necesito algo a cambio, tu sabes. Este es mi trabajo- Ella intentó hacerse la que no entendía pero viendo que el taxista era tan directo, decidió adelantársele.

-Esta bien, tu quieres estar conmigo a cambio del viaje. Pues, yo te propongo que me pagues $30 y lo hacemos. –

-Ok. Te pago cuando terminemos –

-No, págame por adelantado-

El taxista busco entre sus cosas un paquete lleno de billetes, saco los $30 y se los entregó. Ella los metió en un bolsito cruzado que tenia encima. El hombre comenzó a recorrer calles que ella no conocía, estaba nerviosa pero a la vez tranquila de que tenia el dinero en su poder.

Llegaron a un lugar muy alejado y desolado.  El taxista acomodo los asientos delanteros para estar mas cómodos en la parte trasera. Se sentó junto a ella y comenzó a tocarla sobre la ropa, las piernas, los senos, ella sólo dejaba que hiciera lo que tenía que hacer. Le pidió que se quitara la chaqueta y la blusa. Ella lo hizo. Él se quitó la camisa y dejo ver una gran cicatriz en su pecho. De seguro notó la cara de sorpresa que tenía Jenny,  pues le dijo que había salido de la cárcel hace un año y que ese fue el recuerdo que le quedó. Ella se asustó mucho pero hizo su mayor intento por disimularlo.

El taxista le acaricio los senos bruscamente, los metió en su boca, alternando de uno en uno, ella solo cerraba los ojos y lo dejaba hacer. Su mente viajaba, a su casa, a su cama, a algún lugar que le diera paz.

-Ven, ¡chúpalo!- Jenny abrió los ojos y se dio cuenta de que el taxista tenía el pantalón un poco abajo dejando su pene al descubierto.

-No quiero- respondió de manera instantánea. Los ojos del taxista se abrieron, su cara cambio totalmente, y enojado le dijo.

-¡HAZLO!- ella bajó la cabeza y se lo metió en la boca. Tenía un sabor agrio que le dio ganas de vomitar pero  solo intentaba seguir para que acabara pronto. No pensaba, no podía racionalizar, no le importaba que no tenia condón, solo quería terminar.

Bruscamente la saco de allí, la coloco de espalda a él, le bajo el pantalón y la penetro. Con cada envestida una lagrima salía de los ojos de la chica. Luego de unos cinco minutos, salio de su vagina, busco una servilleta y eyaculó en ella.

Jenny  comenzó a vestirse en la parte trasera y el taxista se fue para el asiento delantero. Se sentó y encendió el carro.

-¿Por que no te sientas acá al lado mio?- Le preguntó. Pero a Jenny se le despertó una alerta. No sabia exactamente por qué, pero sentía que el taxista tenia alguna mala intención.

-Aquí estoy bien, no te preocupes-

-Pero siéntate aquí, estarás mas cómoda, yo no muerdo, ya viste que no muerdo- El taxista se rió. Ella comenzó a desconfiar mas. Vio alrededor y recordó que estaba en una zona alejada y no habían casas cercas.  De repente pensó “ y si al bajarme me deja aquí?- Ella se negó nuevamente intentando tener una sonrisa en el rostro.

El se rindió y comenzó a manejar. Ella buscaba con la mirada, desesperadamente calles con personas o que pasara algún bus para llegar a su casa.

Luego de unos minutos, comenzó a ver calles habitadas y efectivamente unas paradas de buses.

Como si él adivinara su pensamiento, le dice

-Siéntate aquí, al lado mio, yo te llevare a alguna parada. No tengas miedo, mira, hay calles por acá y hay gente, no te voy a hacer nada- El taxista orillo el carro y lo detuvo, sin apagarlo.

Ella lo pensó un momento. ¿Qué mas le puede hacer este tipo que no le haya hecho ya? Se coloco el bolso cruzado donde tenia el dinero, su celular y su identificación. Abrió la puerta, se bajo. El taxista le abrió la puerta delantera, eso le dio confianza “no me va a dejar aquí, y si lo hace tengo los $30 dolares y podre irme a mi casa” Pero apenas ella se inclino para sentarse, el taxista tomo el bolso cruzado con una mano, tan fuerte que se lo arranco y con otra mano la empujo, acelerando y dejándola, sin dinero, sin saber exactamente donde estaba,  y con la dignidad por el piso.

Mucha gente se acerco a ella, para saber si estaba bien. Llorando, sentada en la acera, solo decía, entre sollozos “me robaron”.

Le preguntaron que le había pasado exactamente, ella solo les contó que tomo un taxi y cuando se iba a bajar el tipo la robo.  Una persona le dio 10$ para que tomara el bus a su casa y la acompaño hasta la parada donde comenzó todo.

-¿Seguro estarás bien?-

-Si, no se preocupe, y gracias- El muchacho se alejo.

En la parada de buses, ella no dejaba de llorar, pensando en como la robaron y en todo lo que tuvo que hacer. No tenia celular y había perdido el numero de su novio y el contacto con él para siempre.  Estaba lastimada por dentro y por fuera, intentaba no llorar pero las lagrimas salían solas.

De repente un taxista se detuvo frente a ella

-Señorita, ¿esta bien?, por qué llora?- Levanto la vista.  Pensó “Ya no tengo nada mas que perder” y con este pensamiento derrotista y negativo se acerco al taxista. Le dijo que no tenia dinero, que la robaron y no sabia como regresar a su casa. El taxista se ofreció a llevarla y ella aceptó. Ya no le importaba nada.

Para su sorpresa, este taxista cumplió su palabra, sin pedir nada a cambio. La llevo hasta la puerta de su hogar y fue amable con ella todo el tiempo.

Jenny me cuenta esta historia que le paso hace unos quince años, sigue dolida y molesta. Nunca mas vio a aquel taxista pero me dice que tiene deseos de venganza, una rabia acumulada por años y años hacia este señor. No recuerda su cara, ni su voz. Solo recuerda lo mal que se sintió por ella misma, por tomar decisiones erradas. Y lo peor es que no fue la primera y quien sabe si la última. Así es la vida, le respondo. Mientras se sigue desahogándo contándome sus aventuras y  sus desventuras.

Arlette Nin

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