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Historias De Terror: Miradas Extrañas Parte Iii



Historias De Terror: Miradas Extrañas Parte Iii - Literatura

De hecho, ya nada esta, ni siquiera el polvo que acompañaba a toda la casa. Mi percepción de la realidad desvaría, ya que todo es diferente. El cuarto está limpio y reluciente, hay juguetes por todo el cuarto, y un papel tapiz de caballos en la pared. ¿Será que el niño querrá mostrarme como era todo antes? me pregunto. Me levanto despacio y veo al niño jugando encima de la alfombra y tomando leche. Casi no puedo creer que sea el mismo, se ve jovial e inocente. Cuando intento acercarme, me doy cuenta que mi cuerpo es inmaterial, en realidad no estoy aquí. Ahora yo soy el fantasma en esta historia.

Escucho unos pasos, y resultan ser de la madre del niño, una señora rubia, de piel blanca como la leche, que pareciera ser dulce y atenta. Cuando la observo bien, tiene un gesto de horror en su cara al notar que el niño ha derramado la leche en la alfombra. Inmediatamente ella va hacia la cuna y saca uno de los palos de madera que componen la misma, y de una forma injustificada golpea una y otra vez al niño hasta dejarle su camisa teñida con sangre. Yo observo anonadada aquel suceso, sin poder participar ni interactuar con el pasado. La mujer suelta el palo ensangrentado, al observar con odio a su hijo dice: “te lo dije George, los niños malos mueren y tú has sido muy malo”. El niño aun en shock sin entender que pasa es desvestido por su madre. Al contemplarlo bien veo un sinfín de cicatrices en todo el cuerpo del niño, desde sus pies hasta su espalda.

“¿George?” Con que ese es su nombre pienso. A veces la naturaleza humana es tan despreciable: digo en voz alta. Pero parece que aquí nadie me escucha. La mujer sale del cuarto. Y al bajar la mirada ahí se encuentra el pobre niño. Aun maltratado llora y llora muy fuerte, sus llantos y gemidos hacen eco en mi cabeza. La visión se me nubla, creo que ya vi suficiente. Cuando siento que me voy, lo último que observo es a la malvada mujer entrando al cuarto, cerrando la puerta y sacando un yesquero de su  bolsillo mientras sostiene un frasco con lo que pareciera…

Abro los ojos. Estoy tumbada en el suelo, todo está como antes, pero el olor a quemado es más fuerte que antes. Corro sin pensar, sin sentir, sin llorar. Corro y corro hasta que salgo de la casa. Mientras huyo, una única imagen se dibuja en mi mente. La del niño, que solo quiso mostrarme como era antes. A mi juicio, solo quería contar su historia. Pero al fin, ya todo termino.

“Pasajeros del ticket 192 por favor abordar el próximo tren” dice el altavoz de la estación. La emoción no cabe en mí, y aunque el futuro sea incierto nada será peor que lo que viví aquí. Cuando estoy a punto de entrar al tren, una voz delicada y sutil me susurra al oído: “feliz viaje”. Volteo inmediatamente y no hay nadie detrás de mí. Aun con un sentimiento de intranquilidad intento solo mirar hacia adelante y abordo el tren. Al sentarme y respirar, me sereno. Miro por la ventana para despedirme del pueblo que mi vio nacer y que me ve irme. Pero hay alguien en las vías, alguien despidiéndose haciendo un gesto con su manito.

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pedronieves14

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