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Homenaje A René Favaloro. El Quijote Argentino

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HOMENAJE A RENÉ FAVALORO. EL QUIJOTE ARGENTINO

Aún no sabemos por qué el viento de primavera lleva en volandas el polen que poliniza a la flor más bella de mi jardín al igual que tan poco comprendemos por qué tuve la suerte, casualidad o destino de conocer a don José Luis Garayoa Salinas un argentino jubilado que cruzó el charco para llegar a su querida y segunda casa, mi tierra, Benalmádena la bella. Resulta todavía más curioso que su residencia estuviese enclavada justo en el complejo “los Maites”, junto al mar que baña la Costa del Sol, donde se encuentra el Ombú de Benalmádena, un gran arbusto de la Pampa argentina donde el gran poeta Pablo García Baena escribió y dedicó antes de morirse un poema dedicado a mi amigo y mentor el catedrático emérito don José Javier Rodríguez Alcaide. Un hermoso y emotivo poema donde rescata el alma del fondo del mar de la poetisa Alfonsina y la lleva también a descansar a Benalmádena. Poema que inmortaliza a la diva que recientemente descansa en su insigne y merecida placa junto al Ombú.

Foto del escritor de Benalmádena junto a su alcalde Víctor Navas y un familiar de Baena.

En una de esas fugaces charlas don José Luis me habló de René Favaloro, un ser humano que cautivó mi corazón desde el principio y que prometí a Garayoa que le dedicaría un poema, que podréis leer al final de este artículo. Tras unas semanas meditabundo, al verlo insuficiente, decidí escribir este emotivo homenaje que se lo dedico a José Luis, a La Fundación Favaloro para la Docencia y la Investigación Médica que se creó en 1975, a todos sus familiares y amigos, a todos los médicos que luchan por ayudarnos y salvar vidas, a todo el pueblo de argentina que tantos lazos compartimos y sobre todo a las personas más desfavorecidas por las injusticias sociales por la que tanto luchó René Favaloro.                                          Aunque ya han pasado dieciocho años de su muerte, su recuerdo sigue aún muy vivo y sigue cautivando todavía a muchas personas como al de la pluma que os escribe, Marcos Antonio “el escritor de Benalmádena”. He estado indagando un poco en su vida y no me ha hecho falta mucho para comprender y entender a esta persona ejemplar e inigualable. Este humilde servidor se quita el sombrero y se rinde ante él. Espero que os guste este homenaje póstumo escrito desde lo más hondo de mi corazón. ¡Per Semper, René Favaloro!

EL QUIJOTE ARGENTINO

René Favaloro comparte muchos rasgos con su admirado don Quijote de la Mancha, el hombre de la Triste Figura, y por ende al del genial escritor español don Miguel de Cervantes su creador. Aunque René Favaloro decidió quitarse él mismo la vida y no murió de hidropesía como Cervantes o Manuel Belgrano, el creador de la bandera argentina, en 1820. Escarapela que con tanto orgullo defendería René y que prefirió, desesperado, quitarse la vida antes que ver desahuciados a sus compatriotas. El doctor siempre luchó por los más desfavorecidos y rechazó ofertas millonarias para trabajar en Estados Unidos. Aunque parezca mentira y fuera una maravilla lo que la vida le ofrecía, él se quedó en su casa, con su gente. Su padre le enseñó desde muy pequeño que con sus manos podía tallar figuras, regar las plantas, alimentar a los animales, ayudar a las personas y sobre todo a los más desfavorecidos. También le enseñó que las personas no se miden por su plata si no por su alma, que no vale más el oro que el decoro y que no es injusto ser justo. René Favarolo luchó por cumplir su sueño, ayudar a los demás. Arreglar el corazón de los que acudían en su ayuda, pero no sólo se preocupaba de eso, también de consolar su alma.     

René vivió un gran periodo de crisis y de gran injusticia social. Hombre cuidadoso y erudito le gustaba pasear y pescar. Disfrutar de las, a veces inapreciables o insignificantes, maravillas que nos brindaba la vida. Comprendió que el amor no tenía edad y que su misión era la de ayudar a los demás. Fue la única persona que después de muerto ganó una batalla, aunque no con su cuerpo como la del héroe español el Cid Campeador, sino la consiguió con su corazón. Su última misión fue destruir el suyo, para alentar a los demás de que era posible cambiar el mundo con esfuerzo y tesón y que a él no lo compraban por un puñado de moribundos pesos toda una vida de esfuerzo. Un hombre ejemplar que prefirió entregar antes su vida que la de rendirse alentando a sus amigos a luchar con justicia y honor en sus últimas palabras plasmadas impertérritas en su carta. Grande Favarolo hoy te lloro y te honro desde el ombú de Benalmádena que rescata tu alma para inmortalizarte con estas palabras del escritor de Benalmádena.

A quien no te conozca, más allá de la Pampa y solo conozcan por ejemplo a los grandes astros argentinos, Alfredo Di Stéfano, Messi, Maradona o a estereotipos como el tango argentino o una buena carne a la parrilla, Favaloro fue el responsable de la primera operación de bypass en el mundo con éxito, que sirvió de ejemplo y modelo a seguir. Una larga carrera profesional que lo encumbró en lo más alto de la consideración mundial hasta que el cardiocirujano platense nos dejó con el nuevo milenio, como muy bien nos indicó en su última carta: “Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata. No puedo cambiar. No ha sido una decisión fácil pero sí meditada… Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio”.

Le aconsejaron que para salvar a la Fundación debía incorporarse al ´sistema’. Sí al retorno, sí al ana-ana. Pero Favaloro prefirió seguir la filosofía de Ata, la de ayudar a los pobres y desahuciados, pero ricos en espíritu: Yo camino por el mundo. Soy pobre. No tengo nada. Sólo un corazón templado, y una pasión: la guitarra”.

Atahualpa Yupanqui

 

Al igual que su amigo Ata siempre tuvo un particular interés y sensibilidad por ayudar a los que llamaba “los anónimos”, los marginados, los olvidados.                                                                    

Parece mentira que el propio presidente por aquel entonces, Fernando de la Rúa, que no recibió la carta en su momento para salvar a Favaloro, fuese operado con éxito un año después mediante una angioplastia en el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires en junio del 2001.

Un periodo convulso en el que el pueblo argentino cambió las pistolas por cacerolas consiguiendo como David derrotar a Goliat. Y que gracias al cirujano que había desarrollado la técnica del bypass aortocoronario, se salvaron sólo en Estados Unidos setecientas mil vidas por año.                        La vida de Favoloro, más allá de una víctima emblemática de la corrupción política argentina de la última década del siglo pasado como dicen algunos críticos, para mí es y será el quijote argentino que luchó contra viento y marea en un mundo donde el más loco era el más cuerdo. Un mártir argentino que consiguió cambiar la historia de su querida patria no por las formas y la peculiaridad de su muerte, sino por el contenido, una gran persona que poseía un alma descomunal y un bondadoso corazón que un día se apagó como una rosa, como decía Federico García Lorca:

¡Qué sería la vida sin rosas!
Una senda sin ritmo ni sangre,
un abismo sin noche ni día.
Ellas prestan al alma sus alas,
que sin ellas el alma moría,
sin estrellas, sin fe, sin las claras
ilusiones que el alma quería.

Estrofa de La oración de las rosas. (7 de Mayo de 1918.) Federico García Lorca.

 

A mí me enseñó, aunque exánime, que los genios no existen y todo se consigue con tesón y esfuerzo. Un hombre que dirimió el amor de su vida, su Diana, por salvar a su mundo y que lo dejó claro en su carta: “Te he amado con locura. Estaré pensando en ti hasta el último segundo”. Y aunque no lo pudo ver plenamente en vida, su fundación manteniendo sus ideales, sí lo estará viendo desde los cielos: “Seré el hombre más feliz del mundo si puedo ver una nueva generación de argentinos que trabajen en distintos centros del país dotados de conocimientos médicos de excelencia”. René G. Favaloro.

Un gran personaje de la historia de la humanidad que comparte muchas similitudes con el gran Cervantes español. Aunque éste no se disparó sobre su corazón si murió en pijama como Favaloro, tampoco recibió la bendición del cura Martínez Marsilla, el religioso que le sacó los santos óleos y se los untó sobre los gélidos pies, en las macilentas rodillas, en las manos y en la frente del enfermo solicitando el arrepentimiento del moribundo escritor, mientras rezaba la Oración del Buen Morir. No obstante, Cervantes estaba consciente, y tenía deseos de hacer una carta y comenzó a escribirla. Su destinatario era el mismísimo Conde de Lemos, ese noble altanero e infumable, a quien él le había dedicado la segunda parte de El Quijote. Que se sepa, nunca el aludido Conde, al igual que el presidente argentino, le respondió o hizo en ese momento un gesto para ayudarlo. Cervantes le planteó en la desesperada misiva su situación económica, que no era para nada venturosa, e insistió en sus deseos de que se le hicieran méritos a su trabajo de literato, que ya había traspasado las fronteras de su patria. En la España de la época era norma sine qua non que casi todos los escritores se postraran ante los poderosos, además de solicitar el permiso al rey para publicar sus libros. La clase dominante, toda parasitaria y fiel reflejo de lo que ocurre hoy día, siempre se creía de mayor linaje que los poetas o los artistas. Un gesto de desdén y desprecio era lo usual ante estos artistas que tenían que pasar por el aro sí o sí. El propio Cervantes, en sus cartas o dedicatorias, ofrece casi siempre besarle los pies al Conde, que a la sazón se hallaba de viaje por la ciudad de Nápoles.

 

Sin embargo, al héroe nacional español cuyo cadáver fue inhumado en la iglesia de las Trinitarias descalzas, ninguna autoridad de jerarquía estuvo en su entierro, ninguno de los destacados de España escribió una elegía a su nombre. Cumpliendo la máxima de que nadie era profeta en su tierra. Al parecer, en ese instante, a muy pocos le dolió su muerte. No tuvo siquiera un hijo o familiar que le lanzara en torno a su mortaja un aullido lastimero, aunque fuera unas lágrimas de cocodrilo, eso sí lo tuvo más tarde a través de grandes literatos como esta estrofa de Rubén Darío perteneciente al poema Letanía de nuestro Señor Don Quijote.

¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida,

con el alma a tientas, con la fe perdida,

llenos de congojas y faltos de sol,

por advenedizas almas de manga ancha,

que ridiculizan el ser de la Mancha,

el ser generoso y el ser español!

Rubén Darío

 

Favaloro lleva la esencia desde que nació del Deuteronomio 15:11, un libro del antinguo testamento: “Nunca dejará de haber necesitados en la tierra, y por eso yo te mando que seas generoso con aquellos compatriotas tuyos que sufran pobreza y miseria en tu país”.

Quiero acabar este homenaje, aparte del poema que mencioné al principio, con un breve epitafio similar al del bachiller Sansón Carrasco cuando escribió unos sentidos versos dedicados al moribundo don Quijote:

 

Yace aquí el cardiólogo fuerte

que a tanto extremo llegó

de valiente, que se advierte,

que a su propio corazón disparó,

que más bien lo hizo mártir y

referente para los cirujanos, eruditos y poetas

 que aman el corazón al igual que las letras.

 

 

DIOS ES MI TESTIGO

¡Favaloro, Favaloro! Argentina te añora cada día más como una madre a su retoño

y no porque seas de oro o de linaje real, sino por tantos corazones que salvasteis a

pobres y desesperados que esperaban la guadaña que evitaban.

Creaste una escuela donde enseñaste a volar en libertad a las personas

y donde demostraste que el arte no está en la riqueza

sino en el alma y en la nobleza, no en la de clases sino en las maneras.

Enseñaste que la humildad era tu bandera

y que los corazones son todos iguales aunque unos se vistan de seda

y otros de jirones de invierno roto a la entrada de la primavera.

Recuerda que tu corazón se esfumó como los pétalos de las amapolas,

pero tu polen y esfuerzo no murió contigo, ni quedó en el olvido.

Hoy es carne de membrillo para poetas y cirujanos que te admiran y adoran

como el mar a sus olas que le arropan en su sombra.

Pongo hoy a Dios como testigo que contempla como te honro

desde mi nido traspasando las fronteras hacia el infinito.

AETERNUM FAVALORO

 

Marcos  Antonio López Zaragoza “el escritor de Benalmádena”.

13 septiembre 2018

Bandera de BENALMÁDENA “ESPAÑA”. Ciudad del escritor de Benalmádena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca del autor

El escritor de Benalmadena

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