Política

Hoy es muy común leer el vocablo “perro-flauta”. ¿Se puede usar este término?



Hoy es muy común leer el vocablo “perro-flauta”. ¿Se puede usar este término? - Política

Sí, claro, se puede usar este término, pero aquellos que hacen uso de él deberían, cuando menos, escribirlo correctamente, es decir, en una sola palabra y sin guion, pues se trata de una voz compuesta, y por supuesto, con letras redondas, no se trata de ningún extranjerismo ni de un vulgarismo.

Se empezó a usar en aquellos días de la acampada del 15-M, pero no todo el que estuvo en la acampada aquellos días era un perroflauta. Y otra cosa importantísima, su plural es perroflautas, no perrosflauta, y tampoco varía en femenino: “una perroflauta”, no sería correcta la forma “perraflauta”.

La palabra perroflauta no aparece en la RAE, pero desafortunadamente está muy extendida en el habla de manera peyorativa, especialmente entre la clase de ideología conservadora. Con ella tratan de definir a un tipo de persona que tiene el aspecto físico de un hippie, por su ropa especialmente y porque suele ser activista en ciertos movimientos sociales, como manifestaciones o asambleas ciudadanas.

Normalmente este uso despectivo para referirse a quien presenta un aspecto desaliñado o es de ideología de izquierdas es muy desafortunado. Aunque la palabra resultará ofensiva sólo según quién la dirija y a quién.

Pero, en realidad, ¿no será que aquellos que usan con desprecio la palabra perroflauta en sentido político, temen en realidad esas bellas palabras, como libertad, felicidad, democracia o igualdad que estos difunden con su flauta que es la voz? Y quizás porque a ellos, a los faltones, les va más la palabra dictadura, poder u opresión. La intolerancia hacia las bellas palabras siempre va unida a la incapacidad para entenderlas. Dicho de otro modo, a no entender de qué demonios se está hablando. Porque quizás ellos no conocen el significado del término libertad y soberanía, ni conocen aquello de que cada cual es sublime por sí mismo y todo lo que diga es respetable. ¿No es más digno y hermoso dialogar? Porque si no se quiere entrar en el debate, entonces la discusión política se acaba. Y llega la dictadura.

Esto, no obstante no responde al porqué los liberales etiquetan a cualquiera de izquierdas como perroflauta, tal vez porque a estos defensores del capitalismo les apasiona menospreciar a toda la izquierda. Pero la realidad es otra. En las movilizaciones del 15M había perroflautas, pero también mucha gente consciente de que reivindicar derechos nada tiene que ver con la izquierda tradicional, sino con las necesidades reales de España. No creo que el Partido Comunista, o los marxistas, puedan ser considerados perroflautas. ¿Acaso los abogados que luchan contra los desahucios son perroflautas? Por desgracia, estas falacias de la derecha cumplen con la empresa de desacreditar a todo aquel que lucha contra un sistema abusón y opresor, la cruda mentira populista reaccionaria de una derecha astuta y malintencionada triunfa y la información sesgada llega a donde ellos quieren que lo haga.

Organización y lucha contra la injusticia no es perroflautismo. Esto sólo es un acto neoliberal, de esos que llevan la bandera en su muñeca como pulsera, y batallan cada día contra el pensamiento crítico y a la vez adoran la libertad de este. A lo mejor es que ellos son los verdaderos “…flautas”, pijoflautas, o sea, un perroflauta con corbata o polo Lacoste.

En cualquier caso, luchar contra todos esos que quieren confundirnos es lícito, siempre y cuando sea con la palabra. Procuremos pues no darles el gusto del ataque físico, no les demos la fotografía que siempre andan buscando, porque no nos engañemos, el enemigo de España no somos los perroflautas, sino esos que tienen claros sus objetivos y no son precisamente esa unidad de la que tanto hablan pero que tan esperpénticamente les espanta, porque ellos son los que desean y necesitan las dos Españas. Que no nos dividan es cosa nuestra y de lo que nosotros como voz libre podamos forjar a partir de las palabras objetivas y de verdad que nos quieren callar.

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Acerca del autor

Aicrag

5 comentarios

  • Cuando intentamos definir a un grupo de personas con términos vagos e indefinidos, que no responden a la verdad objetiva, convertimos todo en tú contra mí, o al revés. Y para muestra, el botón de las respuestas que han surgido tras este artículo.

  • Señor Aicrag, para mi «perroflauta» es aquel que, sin haber luchado por nada, cree tener derecho a todo; aquel que ha decidido ser «libre como el viento», sin ataduras de ninguna especie, lo cual es muy respetable, pero, un buen dia decide que quiere tener su propio hogar y lo que hace para conseguirlo es dar una patada en una puerta y apropiarse de una vivienda que otra persona adquirio fruto de su esfuerzo. Un «perroflauta» es una persona que ha decidido no formarse, mas que nada por vagancia y al que le vemos manifestarse en defensa de derechos que cree tener pero al que si le preguntas al respecto te das cuenta de que no tiene ni la menor idea sobre aquello acerca de lo que esta manifestandose; es alguien sin criterio que se mueve al ritmo que le marcan los demas. Y, desde luego, a mi, este tipo de personas me merecen menos respeto que aquel que se ha esforzado, que ha luchado pero que, por las razones que fueren, no han conseguido alcanzar un lugar en la vida que su esfuerzo hubiera debido proporcionarle.

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    • Buen comentario el de arriba. Además, no se puede ser anti-mercado y creer en la libertad, pues el mercado es libre, pero cuando el Estado lo apresa la libertad se fue al carajo y solo vive el control. Uno de estos hippies quiere ser libre (hacer lo que quiera) pero quiere hacerlo con recursos de los demás y quitando libertad a los demás, para ello necesita indenficarse como una victima y señalar a quien ha trabajado por los recursos como el agresor, así tiene la excusa de apresar al trabajado o emprendedor y quedarse con su riqueza, malgastarla y volver a la pobreza.

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    • Usted de lo que habla es de esos parásitos que tienen 40 años y viven de sus padres, que siguen yendo en monopatín, llevan camisetas grandes, zapatillas Converse y juegan a la Nintendo. Y que viven así porque tienen aficiones que probablemente no se podrían permitir si ellos tuviesen hijos. Esta gente es de todo menos ideológica, son gandules y vividores sin conciencia social ni compromiso. Nada tienen que ver con esos que consideran prioritario el progreso y la consecución de la igualdad social a través de los derechos colectivos, frente a los intereses privados de la tradición conservadora. La izquierda a la que se pretende denostar con estos apodos es laica, internacionalista, progresista, igualitaria e intercultural. De ahí su división en multitud de ramas ideológicas.
      ¿Ya no recuerda usted cuando Espinosa de los Monteros definía a la izquierda española como «sucia, malvestida y con coleta», reflexionando sobre si partidos como Podemos tienen derecho a estar en política?

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