Literatura

Husserl y Sartre



Husserl y Sartre - Literatura

Edmund Husserl (1859-1938) es el pensador alemán más influyente del siglo XX. Su filosofía está emparentada con la del sacerdote Franz Brentano, quien le legó su idea de la intencionalidad de la conciencia, y con la de René Descartes. Husserl pretende fundar una filosofía científica, que sea la base de las ciencias. Para eso realiza una serie de epojés filosóficas. El término epojé fue usado por los antiguos escépticos y significa suspensión del juicio. Según el filósofo alemán, hay que poner fuera de juego o entre paréntesis, todas las filosofías anteriores. En esto sigue los pasos de Descartes, quien decidió empezar todo de nuevo en el campo filosófico. Husserl procede a una eliminación radical de todo presupuesto y a “volver a las cosas mismas” casi con el candor de un niño que mira el mundo por primera vez.

Si la filosofía pretende ser una ciencia debe basarse solo sobre evidencias apodícticas. La existencia de un mundo independiente de la propia conciencia no es un punto de partida apodíctico, por eso se pone entre paréntesis. Al igual que para Descartes, lo único evidente para Husserl es el yo, pero no lo transforma en una sustancia o espíritu pensante como hizo el francés, sino que la reduce a conciencia pura, intencionalidad (tender siempre a algo), a ser conciencia de un objeto. El ser del objeto no es dudoso, como en Descartes, quien afirmó que un genio maligno podía estar haciéndole creer que hay un mundo real. Pero ese objeto que percibimos no es independiente de la conciencia, es el correlato de los actos conscientes. El ser de ese árbol navideño que está a mi derecha se agota en ser objeto de mi conciencia mientras mi conciencia solo es un ser fuera de sí, no una sustancia, sino la percepción del árbol. Tampoco la conciencia existe con independencia de los objetos que percibe, su ser consiste en percibir. La fenomenología es una descripción detallada del objeto y su relación con la conciencia, “todo estado de conciencia es en sí mismo conciencia de alguna cosa, exista o no realmente este objeto” dijo Husserl.

¿Por qué una filosofía que puso entre paréntesis la existencia de las cosas independientemente de la conciencia influyó en el existencialismo? Porque para Sartre, entre todos los fenómenos que se me manifiestan está el fenómeno del ser. La existencia no es algo que está más allá de los fenómenos ni algo que mi mente les agrega, sino que aparece ante mí. Gracias a eso, puedo describir el modo de ser de las cosas materiales y de mi conciencia. El mundo material es un en sí, para el francés. Es sólido, determinado por leyes fijas. La conciencia en cambio, es un para sí. Lo específicamente humano de la conciencia consiste en nada. Porque es una nada puede convertirse en todos los objetos, ser consciente de todos ellos. El sueño de todo humano es ser un en sí para sí, o sea, un ente tan invulnerable como la materia pero con conciencia. El hombre quiere ser Dios pero eso es imposible, por tanto, somos una pasión inútil.

En el pensamiento de Sartre queda negada, ad portas, toda posibilidad de inmortalidad de la conciencia (o del alma), puesto que no es una sustancia, no se origina en el ser, sino en la nada, y a ella volverá. La tesis existencialista explica la angustia que sentimos ante la muerte, somos el único ser consciente de que puede convertirse en nada. Para santo Tomás de Aquino el alma es una sustancia, un ser que perdura porque tiene una función propia independiente del cuerpo, que es pensar (el Aquinate, al igual que Aristóteles, desconocía las funciones del cerebro). El alma en el tomismo es una cosa con varias funciones, entre ellas dar vida al cuerpo y pensar. Por el contrario, para Sartre la conciencia es solo una función sin un sujeto espiritual permanente detrás de ella. Para el tomismo, como para Descartes, el alma es simple e inmaterial, por tanto no puede ser destruida por causas externas ni internas, no puede ser disuelta porque carece de partes. Es un en sí para sí indestructible. Si esto es cierto, no hay razón para sentir angustia o temor ante la muerte, deberíamos sentir que el yo es invulnerable. Para Sartre, como para cualquier ateo, pensar, sentir, desear… toda la subjetividad humana, carece de un sujeto espiritual, son accidentes de un cuerpo. Y los accidentes se convierten en nada, como se tornó en nada el verde de esa fruta que tengo ante mis ojos, cuando empezó a madurar.

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Acerca del autor

Luis Alberto Solórzano Sojo

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