Política

Ideología De Género (3A Entrega) “la Naturaleza Del Sexo”

Ideología De Género (3A Entrega) “la Naturaleza Del Sexo” - Política

En mis pasadas entregas tituladas simplemente “Ideología de Género 1ª entrega” e “Ideología de Género 2ª entrega” por si acaso a algún lector le pudiera interesar, expuse brevemente los orígenes y la importancia que tiene el lenguaje para la agenda de la Ideología de Género.

Siguiendo con la importancia del lenguaje y sólo como introducción a este nuevo capítulo encontramos que:

Género; es un vocablo originalmente utilizado para diferenciar los términos masculinos, femeninos y neutros del lenguaje.

Fue a partir de la segunda mitad del siglo pasado, que los medios de comunicación y la política adoptaron el término como una forma educada de referirse al sexo (hombre o mujer) de las personas sin mencionar la palabra por considerarla posiblemente de mal gusto.  Así las personas comenzamos a asociar el sexo con el género y por ello una diferenciación es necesaria.

A grandes rasgos podemos decir que el sexo es biológico, no depende de nuestra voluntad y permanece inmutable a lo largo de nuestra vida.  Hasta el día de hoy, la ciencia sólo ha demostrado la existencia de dos sexos; mujer y hombre.  Dicho en otras palabras, el sexo es lo que uno es.  Uno es hombre o es mujer.

En cuanto al género ya expusimos que es originalmente un concepto del lenguaje y no del comportamiento humano.  En las lenguas indoeuropeas a los sustantivos y adjetivos se les atribuyen características masculinas, femeninas o neutras en forma más o menos arbitraria. Así la palabra coche será de género masculino y camioneta de género femenino.  De esta misma forma, La “Ideología de Género” ha extendido este concepto a la conducta de las personas argumentando que el “género”, son las características del comportamiento masculino y/o femenino que tienen los individuos y que al igual que en el lenguaje, se le han atribuido a las personas por una construcción social y no por causas naturales.

Si hiciéramos una revisión histórica, encontraremos que los valores femeninos y masculinos cambian según el lugar y el tiempo que una determinada cultura ocupa.  Así tenemos que dichos valores en la China del siglo IV, no serán los mismos que los de Inglaterra de la misma época e inclusive no son iguales a los de la China de hoy en día, sin embargo eso no quiere decir que el comportamiento femenino o masculino sean ajenos a la naturaleza del sexo que los determina, simplemente responden a diferentes necesidades sociales y se adaptan a ellos.

La “Ideología de Género” pretende precisamente eliminar la influencia que la carga biológica tiene en el comportamiento femenino o masculino asumiendo que dicho comportamiento, es el resultado de seguir una serie de condicionamientos que limitan la manifestación de la individualidad, restringiéndola a patrones y valores de conducta impuestos por la sociedad a la que se pertenece y que en todo caso, desfavorecen a la mujer sujetándola a la voluntad del hombre.

Ahora bien, estando de acuerdo en que los valores atribuidos al sexo del individuo dependen del momento histórico y del espacio geográfico que le toca vivir, no podemos descartar la importancia que tiene el sexo biológico en la determinación de dichos valores.

Detrás de los artificios sociales que construyen los patrones de conducta de hombres y mujeres, subyace en forma constante y determinante, la carga biológica que favorece que dichos comportamientos sean construidos y asimilados por la gran mayoría de los individuos.  Es decir, asegurar que es exclusivamente la sociedad la que determina lo que masculino y femenino significan es tan falso como asegurar que es el resultado de una condición exclusivamente biológica.  Sin embargo, si elimináramos la parte social de la ecuación y con ello me refiero a que fuera diferente (como en efecto lo es en distintos tiempos y espacios), nos queda siempre la parte biológica que además de constante, es evidentemente imposible de eliminar y por tanto, constituye el fundamento sobre el cual se edifica la persona.  Negarla es equivalente a negar al SER.

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