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Economía

Ii Crisis Financieras De 1929 Y 2008….espera, ¿y 2020?

Ii Crisis Financieras De 1929 Y 2008….espera, ¿y 2020? - Economía

Continuamos con el artículo de ayer, dejo aquí el enlace por si no os lo habéis perdido: https://lnkd.in/g5XBfsY

 

Si efectivamente en 2020 se desata una crisis, significa que actualmente estamos en ese periodo previo en el que parece que algo huele a podrido. Es interesante mirar a tu alrededor con ojos escépticos en busca del brote desencadenante.

 

Propongo hacer una cosa. Aprovechemos la experiencia de los años vividos y de la historia para comparar qué pasaba por aquel entonces, cuando nadie sospechaba lo que estaba a punto de ocurrir.

La idea de todo esto es ver primeramente cómo era todo antes del Crack del 29, posteriormente en la Crisis de 2008, y finalmente comparar con el día a día que estamos viviendo.

 

 

 

PERIODO PREVIO A LA CRISIS DE 1929:

Para vislumbrar las causas del derrumbe bursátil tenemos que remontarnos una década atrás, al momento en el que el grado de confianza de los americanos llegó a ser tan alto que parecía que los buenos tiempos durarían para siempre.

La década de los años 20 se iniciaba con el olor a pólvora, el sabor de la tragedia y las imágenes de la devastación todavía muy cercanas y presentes. En 1919 Estados Unidos salía victorioso de la Primera Guerra Mundial y, con la firma del armisticio se convierte en líder incontestable de los ámbitos financiero e industrial. El optimismo se respiraba en el aire, Gran Bretaña y sus aliados europeos estaban consumidos económicamente a causa de la guerra, que les obligó a alejarse de los mercados tradicionales. Pero la economía de Estados Unidos prosperaba y el mundo tocaba al compás de la música americana.

 

 

Entre los factores que permiten comprender la prosperidad económica norteamericana cabe destacar:

 

Un importante crecimiento industrial basado en el uso de las nuevas tecnologías como el petróleo y la electricidad en industrias como la siderurgia, la química o la automoción y, todo ello, sostenido por los créditos al consumo. Este crecimiento de un 5% de media se mantendrá durante toda la década.

 

La introducción de nuevas técnicas de organización del trabajo propias del Taylorismo y del Fordismo. Este último es verdaderamente importante, Henry Ford inventa una nueva organización de la producción: La automatización, basado en la estandarización de los movimientos, salarios relativamente elevados y precios bajos, para asegurar un consumo masivo.

 

Un proceso de concentración de capitales y de empresas a través de fenómenos como los cárteles, trust* y holding*.

 

Una gran expansión bancaria y bursátil con la generalización de las inversiones y la especulación.

 

La aparición de la sociedad de consumo. Este es el nacimiento de la cultura del gasto, y del consumo de masas a una escala jamás vista antes. También aparece la compra a plazos para animar a la gente a adquirir artículos de consumo caros y que puedan comprarlos a crédito. Esta nueva forma de crédito al consumo fue otra de las innovaciones de los años 20. Por primera vez la idea de compre ahora pague después llega al gran público.

 

 

Toda esta prosperidad favoreció a todos los sectores de la economía, a la Bolsa y a las nuevas industrias como el cine, la aviación, el petróleo, las comunicaciones y los bienes inmuebles. Todo ello creciendo a la velocidad que lo hacía el capitalismo moderno.

En los años 20 la vida cotidiana estaba cambiando. El progreso era una fiebre que hizo subir la temperatura del mundo, y un afán transformador lo impregnó todo: El arte, la ciencia, la sociedad, la cultura… Aparecían nuevas tecnologías, aviones, radios. Los artículos para el hogar que habían nacido como bienes de lujo se convirtieron en una necesidad. La industria de los automóviles también prosperaba impulsada por la cola de compradores que acudían al unísono a comprar los últimos modelos de Ford o Chrysler. Una era de prosperidad ilimitada parecía haber empezado.

Era una ideología completamente nueva para una nueva era económica que se basaba en el derecho a ser ricos tan solo por haber nacido en el país vencedor de la guerra.

Todo esto, sin embargo, choca con la otra cara más tradicional del país. La agricultura permanece apartada de este loco crecimiento nacional. El aumento de productividad y la nueva competencia provocan una caída permanente de los precios mundiales. Los stops se acumulan y los agricultores son incapaces de pagar las deudas.

 

 

PERIODO PREVIO A LA CRISIS DE 2008:

Como todos sabemos, las burbujas no son nada nuevo. Una de las cosas más curiosas de estos ciclos históricos es que cuando se produce una, la gente, que sabe que ha habido burbujas antes, está convencida de que esta vez es diferente. Lo hemos visto en 1929 y lo vamos a ver ahora.

 

Nos remontamos ahora a los años previos a la crisis financiera de 2008. Son años de estabilidad económica.

Lo primero es situarse en el centro del problema, una vez más, en Estados Unidos. Los inversores estaban asentados en sus pilas de dinero buscando buenas inversiones para poner más dinero.

Tradicionalmente estos iban a la Reserva Federal a comprar letras del Tesoro, teóricamente la inversión más segura. Pero con la caída de las “.com” y el 11 de septiembre, la Reserva Federal bajó las tasas de interés a solo un 1% para mantener fuerte la economía. Un 1% es una inversión de muy bajo retorno, por eso los inversores dijeron NO GRACIAS.

En el otro lado, esto significaba que los bancos de Wall Street podían pedir prestado dinero de la Fed* por solo un 1%. Añadiendo a estos unos excedentes generales con Japón, China y el Medio Este, había una abundancia de crédito barato. Esto facilitó el préstamo de dinero para los bancos e hizo que se volvieran locos con el apalancamiento financiero.

 

El apalancamiento financiero consiste en prestado dinero para incrementar el resultado de un acuerdo, es decir, convierte buenos acuerdos en acuerdos increíbles. Esta es la vía que más utilizaron los bancos para hacer dinero. De este modo, Wall Street pedía muchos créditos, cerraba grandes negocios, y se hacían tremendamente ricos para luego pagar el crédito de vuelta.

 

Los inversores, recordemos, ya no sabían en qué invertir, y esto dio a Wall Street una idea. Ellos podían conectar inversores con compradores de casas mediante hipotecas. Así es cómo funciona: Una familia quiere una casa, por lo que ahorran para el pago inicial y contactan con un agente de hipotecas. El intermediario conecta la familia con un prestamista, quien les dará la hipoteca. Entonces el intermediario gana una buena comisión, la familia compra la casa y se convierten en propietario. Esto es genial para ellos porque los precios de las casas han ido en aumento prácticamente desde siempre.

 

Un día el prestamista llama al banco de inversiones, el cual, quiere comprar la hipoteca. El prestamista se lo vende a él por un muy buen precio y el banquero de inversiones hace millones de dólares. Compran miles de hipotecas más y las pones todas en una pequeña y bonita caja. Esto significa que cada mes recibe los pagos de los compradores de casa. Luego los banqueros separan esta caja en tres partes: segura moderada y arriesgada.

 

Un CDO funciona como tres cajas en cascada. Cuando el dinero entra en la parte de arriba luego entra en la caja del medio y el resto DE lo que quede, en la parte de abajo. El dinero viene de los compradores de casa, pagando sus hipotecas. Si algunos propietarios no pagan por defecto su hipoteca, menos dinero viene en la bandeja inferior y, por lo tanto, no se llenará. Esto hace que la parte inferior sea arriesgada y la parte de arriba segura. Para compensar el gran riesgo, la caja inferior recibe un mayor retorno sobre la inversión cuando la de arriba recibe una menor, pero aún así, siendo uno bueno. Para que la parte superior sea aún más segura los bancos la aseguran por una pequeña comisión.

 

Los bancos hacen todo el trabajo y las agencias dan las categorías a los créditos. La inversión más segura está calificada con una AAA y la inversión moderada está calificada con una BBB, que aún sigue siendo buena y no causaría molestias por tener una calificación media. La calificación AAA la venden los bancos de inversión a los inversores que solo quieren inversiones seguras, venden las piezas moderadas a otros bancos y los fondos arriesgados a los fondos de inversión y otras instituciones.

Los bancos de inversión hacen millones y finalmente los inversores han encontrado una buena inversión para su dinero, mucho mejor que el 1% de las letras del Tesoro.

Ahora estos inversores querían más CDOs, así que los bancos llamaron a los prestamistas porque querían más hipotecas y los prestamistas llamaron a los intermediarios para conseguir más compradores de casa, pero el intermediario no pude encontrar a nadie más. Todo el mundo que ya estaba calificado ya tenía una casa, pero ellos, tuvieron una idea.

 

Cuando los propietarios fallan en el pago de la hipoteca, los prestamistas se quedan con la casa. Las casas seguirían incrementándose en valor, ya que están cubiertas por si los propietarios fallan. Los prestamistas podían empezar a ponerse en riesgo a nuevas hipotecas que no requerían de un pago inicial, ninguna prevención, ningún documento, y esto es exactamente lo que hicieron. Así que, en vez de mezclar entre los propietarios, a las de los responsables lo llamaron hipotecas Prime o de primera categoría.

Empezaron a llegar algunos que no eran tan responsables como estos. Estas eran las hipotecas subprime. Este es el punto de no retorno.

 

Vendida como siempre, el intermediario conecta la familia con un prestamista y una hipoteca ganándose una comisión. La familia compra una gran casa, el prestamista vende la hipoteca al banco de inversiones, esto lo convierte en un CDO y vende las partes a los otros inversores. Esto en ese momento funcionaba bien para todo el mundo que se hacía rico. Nadie estaba preocupado porque, tan pronto como ellos vendían la hipoteca el siguiente tipo estaba en problemas. Si los propietarios de las casas no pagaban, no se hacían cargo. Ellos estaban vendiendo sin riesgo para el siguiente tipo y haciendo millones. Era cómo jugar a la patata caliente con una bomba de relojería.

 

 

 

Lo sé, ahora falta decir las semejanzas y las diferencias de estos periodos con el actual, pero ¿Saben qué? Que es algo bastante subjetivo por lo que finalmente he decidido que es mejor que cada lector saque sus propias conclusiones.

Con esto no digo que no me vaya a mojar, de hecho, lo más probable es que acabe dando mi punto de vista en algún otro artículo dedicado únicamente a ello.

 

Gracias por su tiempo, les deseo una buena semana. ¡Mañana continuaremos con la tercera parte!

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Acerca del autor

Alberto González Revuelta

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