Humor

Incontinencia



Incontinencia - Humor

No sé qué efecto fisiológico tiene el agua que tomamos después de las 4 de la tarde, tampoco sé si me sucede a mí solamente o le pasa a otras personas. Lo cierto es que por alguna extraña razón el agua que consumo a partir de esa hora multiplica mis visitas -al lugar que nadie puede ir por mí- al menos en un 70%.
 
Un día de semana cualquiera salí de mi oficina en La Trinidad (Caracas) rumbo a mi casa en la populosa zona de Altagracia (muy cerca del Palacio de Miraflores). El horario de salida era a las 5:30 p.m. y aunque salir a la hora es algo que en el ámbito corporativo está catalogado hasta de “mala educación” o solo estaba permitido para los funcionarios públicos, desde hace un tiempo era casi obligatorio salir a la hora por temas de las nuevas corrientes corporativas de calidad vida-trabajo o lo que se traducía a la realidad: evitar alguna sanción por parte de ministerio del trabajo, ente que veía en la industria privada su más acérrimo enemigo.
 
Fue así como a esa hora me subí a mi camioneta (también japonesa como mi carrito anterior) y me dispuse a manejar rumbo a mi casa a encontrarme con mis terruños (Diego y Santi).
 
Dos meses antes del episodio había ingresado a mi equipo Valentina, una estudiante de 9no semestre de Comunicación de la UCAB que haría sus pasantías conmigo. Valen era todo un encanto, tan es así que cuando se iba de la oficina sin que yo estuviera, me dejaba noticas en un post-it despidiéndose y diciéndome que me “quería mucho”.
 
Fue esa dulce muchacha una de las responsables de mi episodio de ese día, pues me había recomendado asistir a la Clínica de Adelgazamiento del doctor José Martins para quitarme los kilos de más que me había dejado el embarazo de Santiago (que para ese momento tenía unos 8 meses).
 
Como todo programa de adelgazamiento una de las claves para alcanzar el éxito -y botar todo lo que está de más- es el consumo de agua, por lo tanto para alcanzar mi objetivo debía tomar al menos los 2 litros recomendados al día.
 
Insisto el problema estuvo en esos «benditos vasos» que tomé entre las 4:00 y 4:30 de la tarde.
 
Pasé el túnel de La Trinidad sentido hacia Santa Fe y cuando iba a la altura de San Román de manera súbita me dieron ganas de orinar, subí el volumen de la radio a ver si la distracción borraba de mi sistema fisiológico la molestia que querer ir al baño y no poder.
 
Como era costumbre en ese momento al pasar la curva a la altura del Hotel Tamanaco la autopista era un estacionamiento, es decir los carros no se movían. Comencé a tomar respiraciones (de esas que uno les recomienda a los niños cuando dicen “mamá quiero ir al baño” y no hay un lugar cerca), pero nada, en vez de calmarme comencé a híperventilar.
 
Veía hacia los lados, como si por eso iba a conseguir algún baño en medio de la autopista y nada de nada.
 
Pasé la curva hacia el CCCT (Centro Comercial Ciudad Tamanaco) y nada de nada, el tráfico hacia Altamira (que era la vía que tomaba para ir hacia la Cota Mil) estaba peor.
 
Se me ocurrió dar la vuelta para entrar al centro comercial y solucionar el problema, pero que va, la fila para entrar al estacionamiento estaba peor que la que había en la autopista, razón por la cual me regresé a la vía que me llevaría hasta casa.
 
Tenía los ojos aguados, movía mis piernas de arriba hacia abajo y ya casi no podía respirar, cuando de repente me dio por voltear hacia el asiento trasero.
 
No pude con la emoción al notar que había conseguido una solución a mi problema: un paquete de pañales que llevaba a casa para Santiago.
 
Estiré la mano para agarrar el paquete que rompí de un sopetón. Tomé dos o tres (no recuerdo el número exacto) miré hacia los lados (por supuesto que tenía carros por el lado del piloto y el lado del copiloto, por suerte los vidrios eran bien oscuros) me bajé el pantalón y coloqué los pañales en el asiento. Sin embargo, aunque ya había una solución estaba bloqueada porque no quería mojar la tapicería.
 
Después de unos 10 segundos de intentos ¡lo logré!
 
Desde ese momento evito tomar líquidos después del mediodía si no cuento con la seguridad de tener un baño cerca.
 

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Acerca del autor

Vanessa Elena Zambrano Moreno

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