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Inmigrante

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A mí no me gusta. El serlo, me refiero. No me gusta ya, aunque al principio era excitante. Yo tenía claro desde muy joven que quería irme fuera de España, antes de empezar la Carrera, antes incluso de haber acabado la EGB. Me crie rodeado de turistas de todo el mundo que venían a “mi” isla en el Atlántico y que se maravillaban con sus paisajes, gentes y clima. Con su pausado ritmo de vida, su cocina ya olvidada, su jerga en desuso.

A mí me encantaba leer y ver películas. Siempre me identificaba muy fácilmente con alguno de los personajes, no necesariamente el protagonista, lo que me ayudaba a sumergirme aún más en los relatos así como a desarrollar un interés por la geografía y la historia. Mark Twain y Benito Perez Galdós me transportaban a una época en la que niños de corta edad tenían que enfrentarse a personajes detestables y situaciones grotescas. Niños que se convertían en hombres al ritmo frenético de la miseria y la guerra. Emilio Salgari y Julio Verne me mostraron un mundo lleno de monstruos de pesadilla, damiselas en apuros y buenos amigos que aparecían a lo largo del camino. Aprendí que se hace camino al andar y que había un planeta entero ahí fuera con sitios maravillosos por descubrir así como lugares oscuros en los que mejor no aventurarse.  Muy pronto entendí que hay gente buena y mala, que hay animales peligrosos y aliados inesperados y que hay incautos y precavidos.

Cuando llego el momento, tuve la suerte de poder irme a Madrid. En esa maravillosa ciudad pase 7 años de estudio y trabajo. 7 años de madrugones y de noches interminables. En esa época conocí la victoria, la derrota, el amor, el desengaño, la traición, el código…corrí de mis sentimientos casi tanto como de la Policía y la seguridad del Campus, siempre ávido de emociones intensas y situaciones complicadas.

Más adelante llegó la hora de dejar por fin España. Me vine al Reino Unido con trabajo pero sin saber que me iba a encontrar ya que nunca antes había estado en Inglaterra y me mandaban a un pequeño pueblo costero perdido en Cornualles…Idioma extraño, sin familia, sin amigos y trabajo nuevo. Eso sí que era una aventura.

-“Y Por fin estabas contento?”

Ahí empezó este periplo por el sur de Inglaterra del que puede que te cuente algo un día de estos. Me he enfrentado a monstruos y lidiado con miserables, he salvado princesas y hecho alianzas de por vida. He aprendido que no estoy solo, sólo estoy lejos…y que me gustaría volver.

Con 37 años, un niño de 3 y una ex mujer que no me soporta, me pregunto si el niño ese que soñaba con salir de su isla no hubiera preferido haberse quedado a salvo en ella.

 

Ricardo Leon

 

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