Política

Intolerancia: una amenaza para todos



Intolerancia: una amenaza para todos - Política

La intolerancia radica en el irrespeto, rechazo y desprecio de la diversidad cultural, formas de expresión y maneras distintas de manifestar la condición humana.

Muchas personas sufren diariamente la Intolerancia. Cada vez es más habitual encontrarnos con noticias en los medios sobre guerras étnicas, atentados terroristas, asesinatos racistas, abusos contra los derechos humanos, discriminaciones y odios. Todo dentro de una Europa democracia y garante de la seguridad y el bienestar social. Parece que el peligro de la Intolerancia nunca a dejado de estar en el viejo continente, pero ahora, y pese a las grandes transformaciones de ámbito mundial, acecha a la convivencia democrática y ataca principalmente a los sectores sociales más indefensos, a las minorías, a los inmigrantes, a las mujeres, a los excluidos y marginados. Resurgen las fobias discriminatorias, los nacionalismos agresivos y las bandas totalitarias que parecían superadas.

Me aterra pensar que vivimos en una sociedad insuficientemente preparada para defender la libertad y los derechos fundamentales, indolente para asumir responsabilidades de solidaridad; y lo peor es que esta sociedad disculpa, cuando no facilita, el aprendizaje de conductas discriminatorias, excluyentes y violentas en una vida cotidiana marcada por la competitividad agresiva, el egoísmo insolidario y la subalternidad de la diferencia.

En consecuencia, si no hemos tenido bastante ya con el terrorismo de siempre, y el islámico de ahora, se suma también el de estos nuevos fenómenos de violencia, brutalidad y terror capilarizados socialmente de irredentos ultranacionalistas, neonazis, extremistas ideológicos o simplemente camorristas pandilleros urbanos, que sólo traen expresiones grotescas y esperpénticas, pero con capacidad para romper el clima de convivencia, sembrar el miedo y generar alarma social.

Además, cuando esto se institucionaliza, socava la convivencia, los principios democráticos y el entendimiento. Lo que conlleva situaciones de odio, marginación, segregación y violencia.

Pero, ¿esto por qué sucede? Seguramente por las generalizaciones defectuosas e inflexibles y sus manifestaciones que consagran como valor primordial, no ya a la persona con sus propias y distintas filiaciones, sino a la propia identificación enfrentada a las de los demás; en general suele ir vinculada a sentimientos fanáticos que excluyen, rechazan o conciben como inferior o subordinado al diferente.

Ante la indignación de los intolerantes, de los envilecidos que aspiran a comprimir la ideología de los contrarios, de los terroristas que afirman su ideario con la muerte de quien no profesa la fe de ellos, ante la vulneración de la dignidad humana, deberíamos exigir sin demora a quienes nos representan, un debate moral, político y social, sin dejar de lado la participación popular, y construir una cultura de solidaridad y tolerancia. Es decir, combatir y derrocar las peleas fraticidas y el fanatismo; y sin obviar las condenas, crear un compromiso desde el trabajo por la paz, los Derechos Humanos y la consolidación de la Democracia. Siempre con el recuerdo en la memoria de la injusticia, vigilantes, porque quien olvida su humanidad está condenado a la animalidad.

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Aicrag

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