Política

Invocación A Carlos Marx, Por El Momento (Guerra De Pensadores)

Invocación A Carlos Marx, Por El Momento (Guerra De Pensadores) - Política

 

Producto de una conversación tanto con izquierdistas Marxistas como con detractores del gran pensador prusiano, se me ocurrió hacer una invocación espiritista para saber qué opinaba de sí mismo, y este fue el primer registro que conseguimos de frases aisladas que sirven como  resumen. Queda pendiente una conversación más articulada cuando afinemos esa técnica de encarnaciones aplicada a grandes pensadores.

Descubrí que el peso de un estatus sobre el espíritu de mucha gente revelaba que las ciudades son una trampa creciente perfectamente diseñada para ir sucumbiendo progresivamente hasta que un buen día dios justifique un gran desastre.

Sentí desde muy temprano que en la mayoría de la gente que vivía en la miseria se encontraba una fuente de belleza y de nuevas palabras indispensables para descubrir nuevas formas de vida.

Me pareció que era urgente encontrar la fórmula con que se explica esa autodestrucción social que significa que algunos hombres hereden propiedades y otros deudas.

Me pareció que la participación política resuelve la ansiedad y la acedía que son los demonios inadvertidos por los cuales muchos jóvenes se suman a religiones que distraen y retardan sus impulsos creadores.

La teoría del valor es el comienzo de un planteamiento que continúa creciendo y ahora son muchas teorías que se resumen en el caos.

Lo que me da pena es que un montón de intelectuales compliquen las cosas en nombre mío cuando en realidad yo traté de simplificar una explicación sobre la justicia social. (en esto no estoy de acuerdo, el primero que complicó todo fue él mismo, pero dejémoslo para la conversación que tendremos cuando un médium apropiado se complazca en ayudarnos)
Algo que olvidé mencionar en mis textos fue lo que tiene que ver con la calidad del producto que se crea. Esa calidad es para el consumidor que es él mismo obrero y su comunidad. Pero al conseguir prebenda gracias a eso que apareció después, que se llama petróleo, parece que cayó en la trampa de todas las necesidades inventadas por un sistema que no preví, para absorber la capacidad de sorprenderse a si mismos. (después se enterará de la cagada que pusieron en su nombre en varios países).

Mi intención fue hacer una investigación y propuestas para revelar lo que casi siempre se oculta para que lo descubran pocos. Y eso también es un problema, porque cuando uno revela algo a alguien le arrebata la satisfactoria experiencia de descubrirlo él mismo, y con eso se suspende un conocimiento ancestral, que puede uno descubrirlo para renovar esa tradición y superar la costumbre que se asienta sobre el estatus suicida de una clase que usa a la otra como si fueran de otro planeta.

Yo observé un montón de burguesitos hablando sobre todos los temas en bares, sin ocuparse de la necesidad de invertir su fuerza de trabajo en la construcción de una forma de vivir para todos, al menos para todos los que quieran. Lo que sólo es posible asumiendo la política como un arte, como este texto donde el escritor se vuelve personaje y, con la impertinencia que lo caracteriza, me usa para decir sus cosas. (no es exactamente así, si estuviera diciendo mis propias cosas no se hubiera manifestado ya que no le gustarían mucho, porque no soy marxista, solo trato de varlorar al gran pensador, igual que a todos, ya invocaremos a Hume en otro momento)

La política puede ser una especie de documental que se va armando poco a poco para que vaya teniendo sentido, o más bien esa cohesión que resuelve lo que no certifica la renombrada coherencia… pero si tú te revelas un poco de lo que te enseñaron en la universidad, muchacho del carajo, a lo mejor se te ocurre lo necesario para que esta revolución sea algo más que el proyecto de otro hombre admirable.
Que la revolución implica un cambio en toda la manera de vivir, que no descarta de ninguna forma las necesidades espirituales y del alma.
La noción de superestructura implica una posesión que los convirtió a todos en especies de esclavos que viven cómodamente, donde sobrevive un prejuicio que nos impide reconocer otras formas de vida antes de que nos acontezca algún accidente donde recordemos que la realidad se teje en el presente.

Lo último, que terminó de arrebatar mi consciencia fue que al darme unas vueltas por Venezuela descubrí que el vino y las mujeres de la burguesía no tienen comparación con el Cocuy y ese montón de carajitas mirándolo a uno pendiente de que deje de escribir guevonadas y me vaya a hacer la revolución que ellas quieren.

 

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Acerca del autor

Argimiro Serna

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