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La Anciana



La Anciana - Literatura

La Anciana

Cuando llegué a este pequeñísimo y perdido  pueblo de Guatemala, en medio de  montañas y volcanes, nacido a la orilla del más hermoso lago que jamás había visto, que se conoce como Panajachel, me sorprendió la falta de señalizaciones y me sentí  totalmente perdida.

Había viajado horas, en un país extraño, lejos de mi familia, sin conocer nada, con el corazón y los pulmones oprimiéndome el pecho. Había salido de un país al nivel del mar y estaba parada a 1500 metros de altura, admito que sobrecogida y un tanto asustada. Era como salir a preguntar por” la nada”, aquí las calles carecen de nombres y de números en su gran mayoría.

Ahí fue que la vi,  me acerqué a ella, anciana de edad indefinible con su cara  mapeada por profundas arrugas, quien al ver que me acercaba me miró, dibujó una amplia sonrisa sin dientes,  suave y acogedora. Así por primera vez, en este país tan lejano, tan patrimonial, tan extraño, me sentí segura, fuera de peligro, encontrada.

Sus ojos eran oscuros como noche, de mirada intensa, enturbiada por cataratas que ponían un velo a su campo visual, desde su  posición en el piso, en medio de sus tejidos y trabajos en telar de dibujos perfectos, avanzó hacia mí, acompañando su gesto con su escuálida mano  de dedos largos, afilados y fríos. Cuando tomó la mía, me transmitió paradójicamente un calor reconfortante.

Usaba ropa típica que la autenticaba cubriéndola de una áurea inconmensurable,  parecía irreal y mágica. Sus pies iban descalzos, esgrimiendo callos tan profundos, que hablaban de épocas difíciles, de largos caminos, de pesadas cargas. Pero ya nada, como a su persona toda, parecía dañarla o traspasarla. Había traspasado la barrera de la timidez y el ridículo, sus años jóvenes parecían tan lejanos como la historia de otra mujer, de la cual sólo quedaban vestigios confusos.

Ella ahí, entre sus tejidos, obras maestras aprendida de sus ancestros, era la dueña de su destino y yo de una manera sorprendente sentí, por primera vez en mucho días de búsqueda, que había encontrado mi correcto lugar en el universo.

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Marcol

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