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La Antártida podría ocultar más de una sorpresa



La Antártida podría ocultar más de una sorpresa - Ciencia

En el sur de nuestro planeta hay 14 millones de kilómetros cuadrados de territorio helado prácticamente desconocido para el ser humano. A pesar de los medios de los que disponemos hoy en día, lo cierto es que la inmensa mayoría del territorio antártico jamás ha sido objeto de estudio por parte de la ciencia.

La Antártida a primera vista no parece ser un paraje atractivo, pues no hay demasiados seres vivos ni tampoco paisajes exuberantes en la superficie que podemos captar a simple vista. Es por ello, entre otras causas, que queda demostrado que las personas muchas veces nos quedamos solo con lo que ven nuestros ojos y no tratamos de investigar más a fondo, puesto que puede que desde que comenzara a haber registros de la existencia de este continente en el siglo XVII, hasta nuestros días en lo que ya hay bases de investigación instaladas en las zonas periféricas, nos hayamos pasado por alto todo un reino natural de especies y parajes exóticos que podría ubicarse en las profundidades del continente helado.

Por ahora ya se sabe que la Antártida no siempre estuvo aislada del resto de los continentes de la Tierra, pues estuvo unida a África, Asia hasta hace 160 millones de años; y más tarde se separó de Australia (40 millones de años). Por todo ese tiempo, la Antártida era toda una colección de vegetación y dinosaurios de la Era Mesozoica, especies de las cuales probablemente no tengamos idea que existieron.

Hace 160 millones de años la Antártida estaba cubierta por frondosos bosques y una gran diversidad de especies animales.

 

También hay estudios que han demostrado la existencia de corrientes de agua líquida y lagos bajo el hielo. Un descubrimiento importante de este ámbito fue el del lago Vostok, un estanque subglacial a más de 3 kilómetros de profundidad bajo el hielo de 15.790 kilómetros cuadrados de extensión, cuya existencia fue confirmada por un grupo de científicos ingleses en 1991. Este es uno, pero se estima que hay más de 140 lagos de estas características en el interior de la Antártida.

El espesor de la capa de hielo es lo suficientemente grande como para aislar del frío las zonas más profundas y originar temperaturas superiores a los 0º a varios kilómetros de profundidad. Cuando esto se demostró se manejó la posibilidad de que ahí abajo hubiera buenas condiciones de vida, que es justo lo que más adelante diversas misiones científicas ratificaron.

Bajo el hielo ya en varias ocasiones se ha encontrado vida microscópica. Este 2019, por ejemplo, un equipo de investigación estadounidense del Programa Subglacial Antarctic Lakes Scientific Access (SALSA), demostró que había vida microscópica en el lago Mercer a una profundidad de 1 kilómetro, con una densidad de 10.000 células por mililitro de agua. En 2013, en el ya mencionado lago Vostok y también por parte de un equipo de expedición estadounidense, se registraron en torno a 3.500 formas de vida, muchas de ellas hasta entonces no catalogadas.

Ilustración de la profundidad del lago Vostok

 

Ahora bien, por ahora no hemos encontrado formas de vida fuera de escalas microscópicas, pero por inducción cada vez más expertos defienden la teoría de que podrían haberse desarrollado en silencio bajo el hielo especies de algas, moluscos, crustáceos, peces, esponjas, corales, etc. Estos seres vivos estarían adaptados a una vida totalmente oscura, soportarían altas dosis de presión ejercidas por las capas de hielo encima suyo y evidentemente estarían desarrollados para vivir a bajas temperaturas. Párese usted entonces a imaginar miles y miles de seres vivos bajo el hielo del continente antártico que probablemente no solo fueran desconocidos para nosotros, sino que serían la manifestación de innumerables especies de la época de los dinosaurios de las cuales apenas tengamos pruebas fósiles y que aún habiten en nuestro planeta. Hágase una idea tan solo ya sabiendo que en los abismos de nuestros océanos ya nos hemos topado con alguna que otra sorpresa.

Si esta teoría resulta cierta, entonces la Antártida esconde muchos más secretos de la vida y nos da a entender que incluso en tales condiciones puede proliferar vida desarrollada. Esto a su vez podría ser un paso más en la búsqueda de la vida en otros lugares del Universo; abriría la posibilidad de que en las lunas de Europa y Titán, pertenecientes a Júpiter y Saturno respectivamente, o en los casquetes polares de Marte, podría haber vida alienígena.

Superficie de Europa, una de las lunas de Júpiter.

 

Resulta ser que a menudo creemos que ya lo sabemos todo sobre nuestro Mundo, cuando en realidad todo lo que hemos investigado no llega a la mitad del territorio de nuestro Planeta. Sabemos tan solo el 5% de los enigmas de nuestros océanos, solo sabemos lo que hay por encima de la Antártida y apenas tenemos idea de lo que nos depara más allá de nuestra propia atmósfera. Queda entonces claro, que a los humanos aun nos queda una larga lista de descubrimientos.

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Acerca del autor

Raúl Álvarez Conesa

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