Política

La asociación Colombia-OTAN vista en Latinoamérica

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La asociación Colombia-OTAN vista en Latinoamérica - Política

millennika/08jun18

La reciente incorporación de Colombia al “club” de los países asociados a la OTAN (no miembros) ha causado cierto terremoto geopolítico, especialmente en la región. Los diversos analistas ofrecen diferentes perspectivas sobre el tema, algunas de las cuales vamos a analizar en este artículo.

Desde la vecina Venezuela se considera que el ejecutivo de Juan Manuel Santos, en su afán por mostrar la más firme lealtad a Washington, ha cruzado una línea roja sin precedentes en los anteriores gobiernos colombianos.

Afirman diversos analistas de este país que la citada asociación podría conllevar una violación del Tratado de Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe, más conocido como Tratado de Tlatelolco, firmado en 1967 (cinco años después de la Crisis de los Misiles de Cuba).

Según el presidente colombiano, con esta asociación Colombia no participará en operaciones militares de la organización atlántica. Pero los referidos analistas lo consideran un movimiento muy peligroso para la región, al suponer una relación militar con países que tienen armas nucleares y que, en virtud de este acuerdo, y otros futuros que de él pudieran derivarse, podrían ser trasladadas a territorio colombiano.

Además, recuerdan que todos los países de la región se oponen a la llegada de buques británicos con armamento nuclear a las islas Malvinas, pero ahora es un país latinoamericano, y no una potencia externa, quien infringe las normas.

Desde Ecuador se considera que este movimiento es un paso más en la estrategia impulsada por EEUU para enfrentar la influencia bolivariana en la región, y que será muy interesante ver la reacción del pueblo colombiano en las urnas cuando elija presidente, en segunda vuelta, el próximo 17 de junio.

Analistas peruanos consideran que la asociación de Colombia con la OTAN es preocupante, y que podría estar definiéndose una gran “base” desde la que lanzar operaciones militares injerencistas con objetivo en Nicaragua o Venezuela, u operaciones similares a las vistas en las llamadas “Primaveras” Árabes. No obstante, consideran que Perú es un gran aliado de Colombia, y ambos a su vez de EEUU, con quienes mantienen tratados de libre comercio, al tiempo que muestran cierto distanciamiento de otros países de la región. Así que, oficialmente, Perú verá con buenos ojos el paso dado por Colombia, y no es decartable que pueda seguir sus pasos. Esto marcaría un giro radical en esa zona de Sudamérica.

Desde Brasil, otros analistas coinciden en lo preocupante de la situación y alertan sobre el hecho de que esta asociación viole diversas resoluciones firmadas por los países latinoamericanos. Entre ellas se incluye una declaración de la CELAC, que en 2014 estableció la región como “zona de paz”, o el ya citado Tratado de Tlatelolco. Además, afirman que abre la peligrosa puerta al intervencionismo de potencias externas, lo cual es una amenaza para todos los países latinoamericanos, incluída la propia Colombia.

También coinciden en señalar que el movimiento se enmarca en una estrategia que tiene como objetivo principal a Venezuela, y que ya ha quedado patente en múltiples ocasiones, como en las maniobras que EEUU, Colombia y Perú llevaron a cabo en el Amazonas en noviembre de 2017 (Amazon Log 2017). Además, su línea estratégica va también en contra de Brasil como país de los BRICS que ha impulsado poderosamente la región en el escenario mundial.

Respecto a qué hará Brasilia, recuerdan que el actual presidente de Brasil (no elegido en las urnas) tiene una actitud de completa sumisión a EEUU y aversión hacia los gobiernos de izquierdas en la región, especialmente hacia Venezuela.

Desde nuestros propios análisis, la grandísima importancia estratégica de Colombia queda patente con sólo mirar un mapa de la región (al igual que hay otros países claramente estratégicos, y bastante “distraídos”, en otras regiones del mundo). Obviamente Colombia es el mejor punto de partida para cualquier intervención, plan estratégico o maniobra de control que se quiera activar tanto en Sudamérica como en Centroamérica y el Caribe.

La OTAN, nacida en los tiempos oscuros y tensos de la Guerra Fría, no murió con ella. Desde entonces su política imperialista e injerencista ha quedado patente en mútiples ocasiones, suponiendo, a nuestro entender, una amenaza innecesaria para la paz y para las poblaciones de los propios países miembros. Países que, más allá de su pertenencia a esta organización militarista, suelen dejar ver su sumisión a los poderes neoimperialistas de las élites occidentales en muchos otros ámbitos.

La asociación de Colombia con la OTAN no es un hecho aislado, sino que se enmarca en la actual “ola de derechas proestadounidenses” que hemos visto nacer y avanzar sobre Latinoamérica (como en otras regiones del mundo). No hay que olvidar, por ejemplo, lo ocurrido recientemente en ese organismo sudamericano de integración regional llamado UNASUR, fundado en 2008 por los doce países de la región. En abril de 2018 seis de ellos (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú) suspendieron su participación (mientras que la continuaron Bolivia, Ecuador, Guayana, Surinam, Uruguay y Venezuela).

Tampoco podemos obviar lo que está ocurriendo en una OEA que sirve a EEUU como herramienta para, siguiendo la Doctrina Monroe (“América para los americanos“), mantener el control sobre lo que consideran su “patio trasero” (aunque en Washington lo llamen “hemisferio“).

Otro hecho a tener en cuenta es el escudo antimisiles que Reino Unido, con la colaboración de Israel, está tratando de instalar en las islas Malvinas, frente a una población argentina que, a raíz de incidentes poco claros como el del submarino ARA San Juan, es cada vez más consciente de la humillación e injusticia que suponen las políticas neocoloniales británicas en aguas del Atlántico Sur.

Habrá que estar muy pendientes de cómo evoluciona la situación en una región clave, y rica en recursos, que despierta la codicia de las potencias tradicionalmente colonialistas de occidente, mientras que otras, como China, están sabiendo ofrecer un modelo alternativo que busca hacer negocios justos con los países de la zona, ofreciendo un sin fin de ventajas, respetando su soberanía, y absteniéndose de inmiscuirse en las políticas internas de dichos países.

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