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La Baja Autoestima De Un Creyente

La Baja Autoestima De Un Creyente - Sociedad

¿Cómo hago para que Dios me ame?

Me he preguntado una gran cantidad de veces si Dios me ama, y de inmediato han venido a mi respuestas en forma de otras preguntas: “¿por qué habría de amarte?, ¿qué he hecho para merecer su amor?”, y después he reflexionado: “pues es Dios, Él ama a todos, es el amor mismo”, pero de inmediato pienso: “Si es amor, pero también es justo y si fuese por justicia he cometido tantas cosas malas que no creo que me ame, tal vez sienta compasión por mi, pero amor no creo”.

De estas dudas surgía una más: ¿cómo hago para que Dios me ame?; deseaba que me amara no para sentirme uno con Él o vivir en paz, sino por que al amarme no me castigaría y me bendeciría, por lo tanto me iría mucho mejor en la vida terrenal y ya no digamos en la espiritual, pues si me amara ya no me mandaría eternamente al lugar de tormento.

En el programa de recuperación de los 12 Pasos hace hincapié en la oración para que podamos avanzar en el desarrollo espiritual; pero cómo orar con fe a alguien, que por mi maldad me puede castigar, no se puede tener una relación genuina con alguien a quien se le teme y sin lugar a dudas, Dios era a lo que más le temía en la vida.

Desafortunadamente las personas emocionalmente débiles creemos que necesitamos ganarnos la aceptación de los demás, ya que pensamos que la aceptación es amor y que la no aceptación significa que no nos aman; esto sucede por nuestra baja autoestima, ocasionada por todas las ideas aprendidas desde pequeños.

El problemas es que si aun creemos que para recibir el amor de un Poder Superior, El Universo, La Fuente Divina, Dios o como le quieras llamar, es necesario ganarlo o merecerlo, estamos fritos, ya que por nuestras culpas y complejos nunca nos sentiremos merecedores de ese amor, y si no creeremos que un Poder Superior nos ama y nos cuida, tampoco nos sentiremos merecedores del amor de nuestros padres, de una pareja, amigos, de nuestra familia o de las personas en general.

Afortunadamente mi necesidad me llevó a entender que en verdad Dios es Amor y que no espera nada de mi, que no puedo hacer nada para que me ame más o me ame menos.

Aun conociendo esto, tristemente, he llegado a pensar que esta idea tan maravillosa es demasiado buena para ser verdad; sin embargo, ocurrió algo extraordinario en mi vida que me ayudó a comprobar que el amor no se gana, solo existe y es para todos: el nacimiento de mi hija, al ver ese pequeño bebé tan dulce, no puedo más que amarla incondicionalmente; incluso alguien me preguntó: ¿qué esperas de tu hija? y mi respuesta fue: “nada, que sea como es me complace en el alma” y en ese momento entendí que Dios sentía exactamente lo mismo por mi y si el me ama como yo amo a mi pequeña, ya no tengo nada que temer.

El maestro Neal Donald Walsch lo explica de una manera magistral, solo es cuestión de creerlo y quedaremos liberados de la culpa y la baja autoestima:

“Dios nos ve como nosotros vemos a nuestros hijos: en el proceso de maduración, pero así completos, enteros y perfectos, tal y como somos. No hay nada que debamos ser, nada que debamos decir, ni nada que debamos tener para ganarnos el amor de nuestro Creador. El nos adora aun cuando no nos comportamos bien. No existe credencial alguna que debamos obtener para regresar al cielo. Nuestra existencia misma es la credencial. No necesitamos nada más”.

 

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Acerca del autor

Ernesto Rojano

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