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Sociedad

La Belleza De Lo Inútil

La Belleza De Lo Inútil - Sociedad


Vivimos una época en la que tenemos un exceso de información, donde programamos hasta el más mínimo detalle cómo va a ser nuestro día a día. Nuestro afán por la meticulosidad nos lleva a calcular y medir cualquier paso que damos para no errar la dirección.  Así calibramos las calorías que ingerimos, cronometramos los minutos que dedicamos al ejercicio físico y por supuesto no dejamos al azar nuestras próximas vacaciones, ya que tenemos un listado de actividades que lograrán zafarnos del aburrimiento.

Sin embargo…

No hay mayor placer que el de dejarse mecer por las olas del tedio, deambular sin rumbo por calles desconocidas, quedar absorto ante una obra de arte, divagar sin necesidad de llegar a ninguna concreción, o mantener una conversación sin necesidad de convertirla en un debate acalorado.

Todas estas cometidas que parecen una pérdida de tiempo nos atraen precisamente por eso:  Porque nos apartan por unos instantes de la tiranía del deber y nos permiten tan solo ser.     Sin   embargo en nuestra cultura se nos educa para que a todo le demos un sentido, una dirección, una continuidad; como si el hecho de permanecer en una actitud que no responde a ningún estímulo fuera sinónimo de nulidad.

La vida tiene su lado funcional, es cierto; pero enfocar nuestra atención y nuestras acciones solo con el fin de lograr algún provecho, nos aparta de la capacidad de conmovernos ante la belleza de aquello que por sí mismo no tiene ninguna utilidad.

El hecho de posar nuestra mirada ante un hermoso paisaje o emprender una tarea por el simple deleite de realizarla, puede que  no conlleve ninguna productividad, pero es lo que nos permite conectar con esa parte más inabordable de la vida que es la fuente de toda inspiración. Y si perdemos esa capacidad de arrobamiento, de ensimismamiento;  quedamos atrapados en la virtualidad de nuestra mente que constantemente inquiere, cuestiona, fragmente, demanda y anhela.

Partiendo de esa premisa cualquier relación (sea con una persona u objeto) la valoraremos solamente bajo el prisma del utilitarismo.

Pero lo bello de las personas o las cosas no se encuentra en su utilidad, sino en su capacidad de estremecernos. Y para descubrir la lindeza de cualquier objeto o reconocer las cualidades de aquel o aquella que se muestra ante nosotros; necesitamos estar en una total disposición a desasirnos de esa constante exigencia de finalidad, ya que eso nubla nuestra visión.

Porque si convertimos la vida en una pantalla virtual donde todo se muestra claro y diáfano, sin que exista un mínimo índice de sorpresa, perderemos la pasión por descubrir, por innovar e imaginar. Y si le quitamos a la vida su halo de misterio acabaremos convirtiéndonos en los mismos objetos que ahora fabricamos en serie: Estandarizados, funcionales, pero carentes de carisma y belleza.

Así que de vez en cuando…

“Nuestras manos bien merecen estar ociosas y descansar en algún regazo,

nuestra mirada no tiene porqué estar siempre fijada en un punto determinado.

Y estaría bien que asumiéramos el riesgo de darnos un paseo por las calles de la incertidumbre”

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Acerca del autor

Marta Tortosa

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