Economía

La bomba nuclear monetaria

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bomba nuclear monetaria

Pocas noticias son mejor recibidas entre los inversores que la expansión cuantitativa o QE. Las bolsas suben, los gobiernos y las empresas se financian de forma más barata, se paran los recortes y a nadie le cuesta un duro porque lo imprime el BCE. Es fantástico. Todo el mundo gana a cambio de nada.

Pero aquí algo huele raro. Si alguien te ofrece un duro a 4 pesetas, empieza a sospechar. Y es que toda esta felicidad está llegando a cambio de preparar la mayor burbuja monetaria de la historia. Esa que, cuando estalle, arrasará con las economías de Occidente, especialmente las europeas, como una bomba nuclear.

¿En qué consiste el QE?

La primera expansión cuantitativa o QE fue realizada por el Banco de Japón en el año 2000 para combatir su largo periodo de bajo crecimiento y deflación. Se hizo universalmente conocida a partir de 2008, primero con la actuación de la Fed y después con la del BCE para asegurar la liquidez de los mercados financieros.

El QE consiste en la compra de activos (casi siempre bonos del Estado) por un banco central a fin de inundar de liquidez el mercado. Es decir, el banco central “crea” una cantidad de dinero que intercambia por deuda del Estado. Ahora más gente tiene dinero en lugar de deuda que puede utilizar para comprar otros activos o consumirlo.

¿Qué efectos tiene el QE?

Como no podía ser de otra manera, la entrada de un comprador masivo como un banco central desequilibra totalmente al mercado. El efecto principal es la bajada de la rentabilidad de los bonos. Este efecto es palpable en EEUU y Europa, y especialmente en el segundo, con rentabilidades de bonos negativas en varios países.

El segundo efecto debería ser una subida de la inflación. Aunque  lo cierto es que después de la masiva inyección de capital estos efectos han sido muy limitados en la economía real. La única inflación real ha sido la de los bonos, ya que los IPCs de varios países de Europa están en negativo, y los subyacentes también muy bajos.

Una segunda derivada de este QE, y aquí empezamos a entrar en materia, es el incentivo perverso que supone para los estados. Yo, por ejemplo España, soy una nación con un desequilibrio fiscal fuerte y tengo que solucionar un déficit del 5-10%. ¿Qué hago? ¿Tomar las medidas adecuadas de reducción de gasto, haciendo más eficiente la administración, reduciendo el gasto político, haciendo recortes, etc.? Por supuesto que no, porque si lo hago perderé las próximas elecciones. Mejor perpetúo este déficit endeudando a las futuras generaciones de mi país, porque el crédito barato me permite continuar retrasando el estallido de la bomba, que conseguiré que estalle en las manos de otro.

La construcción de la bomba nuclear monetaria

La expansión monetaria no será la primera causa de la próxima crisis. Ésta llegará más probablemente por alguno de los esperados cambios de ciclo (recesión en China o EEUU, efectos del Brexit, por ejemplo). La expansión monetaria será lo que convertirá cualquier futura crisis en una auténtica bomba nuclear para la economía global. Me explico.

La cantidad de dinero que está siendo creada es gigantesca. El BCE imprime 1 billón de euros al año. La Fed ha impreso ya 3 billones desde que empezó con el QE. China no se sabe cuanto imprime, pero a todas luces parece que mucho. Además, lejos de estar cerca de acabar, la falta de mejoría está haciendo que los bancos centrales aumenten todavía más sus compras. Como un yonki ante la decisión de inyectarse heroína: si me chuto, me sentiré mucho mejor ahora (gracias a no tener que hacer recortes hoy), pero perpetuaré mi problema. Si no me chuto, lo pasaré mal unos días, pero podré salir de este círculo vicioso. Pues bien, Occidente cree que lo mejor es no dejar de chutarse y además ir aumentando la dosis.

Hemos vivido los últimos 8 años una crisis que no se veía desde hacía décadas. Además, la Gran Recesión ha hecho estragos en una población europea acostumbrada a tenerlo todo – comparado con el resto del mundo -, lo cual ha traído una crisis política sin precedentes. Brexit y parón en la integración europea, auge de la extrema izquierda en España, Portugal y Grecia, auge de la extrema derecha en Francia, Alemania y Reino Unido, etc.

Pues bien, esta última recesión no podrá compararse con la que viene. El estallido de esta bomba nuclear monetaria llevará a la quiebra a casi todos los países de Occidente, a todos los que están viviendo precios artificialmente bajos en sus bonos con deuda extraordinariamente alta. Y de esto se puede recuperar uno con los años. Pero de la crisis política que presumiblemente vendrá cuando quiebre nuestro estado de bienestar parece más difícil. Las grandes crisis no suelen llevar hacia la moderación política, precisamente.

¿Cómo estallará la bomba?

En primer lugar, hay que explicar por qué ante este aumento de la masa monetaria no se está viendo un aumento de la inflación. La mayor parte de este dinero está siendo utilizado para sostener (no aumentar) el gasto público. De esa forma, a pesar de haber tenido una caída fuerte en los ingresos, el QE sólo mantiene un gasto estatal que ya existía. Por lo tanto, el efecto hasta ahora ha sido reducir la deflación más que aumentar la inflación entendida como IPC.

Por otro lado, pocos discuten que estamos viviendo una burbuja en los bonos, gracias al QE. Muchos de los rendimientos reales están muy cerca de ser negativos o ya lo son directamente. Es decir, la inflación sí ha llegado, pero está escondida en los precios de la deuda. Además, los estados están totalmente enganchados a esa deuda barata, ya que esta es necesaria para garantizar sostener su gasto y garantizar su solvencia.

Ahora bien, ¿qué pasará cuando llegue la próxima recesión? Digamos que, por ejemplo, EEUU entra en recesión. Muchas empresas europeas entran en pérdidas. Se pierden puestos de trabajo. El gasto del estado sube, la recaudación baja. El rendimiento de nuestros bonos sube. Esos bonos que necesitamos para sostener nuestro gasto. Y no podemos hacer nada porque nuestros tipos de interés ya son 0. El margen de maniobra para reducir el precio de la deuda es casi cero.

Ahora bien, como hemos dicho, el Estado necesita esa deuda cada vez más cara para sostenerse. En una Europa con una deuda pública superior al 100% en muchos países, el pago de intereses será cada vez más alto, incrementando aún más el ajuste público necesario.

Pero la cosa no acaba ahí. Recordemos que tenemos muchos billones de euros que antes estaban congelados en forma de deuda. ¿Qué pasará cuando el precio de los bonos se colapse? Que habrá una huida masiva de capital hacia activos refugio (oro, etc.) o hacia fuera de Europa. A partir de lo cual el euro se devaluará muy fuertemente, por la gigantesca masa monetaria impresa y en fuga, trayendo consigo una subida fuerte de la inflación  – de la peor de las posibles, provocada por la bajada del valor de la moneda, no por el aumento de la productividad de la economía.

A partir de aquí, la reacción del BCE puede ser aumentar sus compras todavía más y meternos en una espiral de inflación cada vez más alta o hacer exactamente lo contrario, intentando frenar la sangría de la inflación pero ahogando a unos estados que tendrán que pagar todos sus excesos al mismo tiempo. Para lo cual no tendrán dinero. Y tendrán que quebrar.

¿Nos podemos salvar?

Quizás. Y, como casi siempre en economía, la respuesta la podemos encontrar en el cuento de la cigarra y al hormiga.

Si la llegada del invierno – estoy refiriéndome principalmente a una recesión en EEUU, China, una salida desordenada de UK u otro cisne negro- no cae en los próximos dos o tres años, es posible que todavía haya tiempo para prepararse. Si los bancos centrales detienen sus políticas de QE y los gobiernos comienzan a hacer sostenible su gasto es posible que los efectos de esta bomba nuclear sean menores. Vista la acción gubernamental de los últimos años, dudo mucho que algo así realmente ocurra.

Desde luego, si el estallido de la bomba se produce antes de que estemos preparados, ya podemos echarnos a temblar. Porque arreglar un desaguisado de decenas de billones de dólares no va a ser nada fácil. Al final, acabaremos recordando la Gran Recesión como aquellos años en los que todavía vivíamos bastante bien.


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Acerca del autor

Joaquín Vallehermoso

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