Literatura

La caída

La caída - Literatura

Claro que me he caído. Tantas veces que hoy día perdí la cuenta. Claro que me caí y es normal:me caí porque camino, porque hice paso al andar. Quien diga que nunca se fue al suelo de cabeza es un bastardo, un mentiroso. Y prefiero la caída libre, libre de manos que amortiguan el golpe. No me conformo con un simple tropezón, al carajo con eso. “Un tropezón no es caída” dicen. Claro que no, es peor, es el sin sabor del intento, es la frustración mas inaceptable de saber que conseguimos no más que un tropezón, insulso e incoloro. Es necesario una caída que valga la pena, que la cabeza se raje y las rodillas ardan en un raspón que de placer, el placer del intento, el placer de que luego de caernos y de ponernos de pie sonreiremos sin miedo y seguiremos la marcha.

Claro que me he caído. Asi fue, por cuestiones naturales, porque el que no cae no camina y aquel que no camina se estaca al suelo, se pone viejo y sin sentido, se cubre de humedad y de mediocridad. Digo que no está mal la mediocridad, cada uno es dueño de su camino, pero también digo que en el vértigo se siente tan libre uno que la caída es lo que menos importa en ese momento.

Claro que me he caído. Por amor, por los sueños, por andar. De descuidado nomás. Pero vaya si me fui al piso con la inercia mas maravillosa, la inercia de la felicidad, de estar en estado de plenitud. Me caí y me volvería a caer todas las veces que sea necesario. Y para que mi suerte y mi cobertura medica vayan sabiendo: me cansé de los toboganes, estoy aprendiendo a volar. 

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elartededecir

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