Literatura

La Carta Jamás Enviada.

La Carta Jamás Enviada. - Literatura

Febrero de 2017
 
Hoy, quise volver a comenzar, caminar hacia el pasado y reconstruir las horas vividas. Fui literalmente a donde todo inició, me encontré con una vida exacta, con el mismo bullicio, con el mismo desastre del que una vez hice parte, la brisa seguía estando ahí, tal como la recordaba, los colores, las sonrisas, la locura, el olor e incluso el atardecer parecía no haber mutado en lo más mínimo, sólo faltaba tu amor perdido, tus besos en la distancia, tus pasos junto a los míos mientras decías cualquier cosa que en el instante se considerara relevante, tu afán inquebrantable de cuidarme mientras yo sutilmente hacía lo mismo contigo, tus abrazos, tus regaños y hasta las discusiones faltaban en un pasado que fue mejor porque tú lo creaste, marcando un antes y un después en esta vida que aún no asume tu partida, la acepta, sí, tal como acepta el mar la partida de su luna en cada amanecer, pero no la quiere; entonces, intento llenarme recordando lo que fue, miro el celular deseando encontrar un mensaje que me explique el porqué de tu ausencia, y es que te estoy volviendo a vivir, imagino que nada ha cambiado, repentinamente vuelvo a vestir este uniforme que no me gusta, te busco y resulta infructuoso, pero insisto, porque quiero volver a encontrarte, quiero sentir que te molesta mi ausencia, quiero leer tus reclamos ante mi demora al contestar, quiero hallarte entre la multitud, sin embargo, no lo logro, me afano esperando un mensaje que no llegará, espero, espero, como si fueras utopía camino, deseando lo que fue y queriéndote en el presente.
He intentado comenzar una y otra vez, en ese afán he sentido que nuestros cuerpos se conocieron en el tiempo equivocado, paso horas mirando al cielo preguntándome si quizá mis besos te hubiesen sentado mejor en el futuro, si luego de recorrer mil cuerpos te hubieses hallado en el mío sin que en algún momento (como ahora) te alcanzara el hastío. 
El cielo nunca responde, así que el fracaso hace mella en mí y los ojos son un refugio de lágrimas sin sentido.
He estado tan sola desde que te fuiste, amor, y lo cierto es que te odio y te aborrezco la mayor parte del tiempo, porque me dejaste al aire libre, desnuda y sin probabilidades de un escondite cercano; pero hay minutos en los que estoy convencida que sólo un abrazo tuyo podría devolverle el aire que le hace falta a mi alma, entonces te espero, como un niño a la mañana de navidad, y nunca llegas, nunca vuelves…

En esta fecha menos te siento, aquí ya eres recuerdo, un recuerdo que puedo estar inventando porque no hay nada material que me confirme tu existencia, de momento, este querer insiste, como si las heridas fuesen incapaces de matarlo, te rememoro y siento quererte como la primera vez que te lo dije, como cuando hablar diariamente era un compromiso para ambos. Te sigo queriendo en el presente tanto como si el pasado continuara vigente. La historia ha terminado, sin embargo, el recuerdo parece andar autónomo, creando nuevos pasos, pasos que se derriten con los segundos porque no pueden permanecer si tú no los caminas. Me cuesta finalizar si se trata de tus ojos o de los rizos mal formados que ya no tienes, me cuesta decir «colorín colorado, este cuento ha terminado».

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Taylor Moon

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