Literatura

La casa de la calle ciega, capítulo 4.



La casa de la calle ciega, capítulo 4. - Literatura

Capítulo 4

 

Sábado por la mañana.

—¡Hey! Andas en las nubes, ¿estás bien? —me chincha la hija de la jefa, pero a su vez se preocupa.

«Mi cara debe de estar afligida por el recuerdo de la biblioteca», reprimo un escalofrío y me apresuro a responder.

—Sí, todo bien.

—¿Semana dura? ¡Eh! —pregunta con una sonrisa de comprensión.

A pesar de ser todavía una adolescente, ya que tiene 19 años de edad, es muy madura para su edad.

—Más o menos.

—Ginny, ve al depósito, necesito que busques un par de las nuevas muñecas, las de…

—Bebés —le recuerda su hija, Aria.

—Gracias, cariño. Sí, esas. Por favor. Los clientes, los Gómez, tienen tiempo pidiendo por esas muñecas —finaliza con cara de cansancio y exasperación.

Asiento con la cabeza y me encamino al depósito, el cual queda en la parte de atrás de la tienda. Me alegro que sea temprano por la mañana, ya que pensar en el suceso de la biblioteca no ayuda mucho. Me encamino y al entrar está muy oscuro; de inmediato enciendo los interruptores de luz. Tengo la piel de gallina. Es un depósito pequeño, pero no tiene ventanas y es muy oscuro. La señora Abigail, todavía no ha mandado a poner las nuevas luces. Sin perder tiempo localizo las muñecas. Cuando estoy tomando el par de cajas, las cuales son de gran tamaño; se escucha claramente:

—¡Hola! ¡Mami!

Pego un brinco y suelto las cajas. Con el corazón a punto de salírseme del pecho, doy pasos bruscos y exagerados hacia atrás. Me tropiezo con algo y cuando estoy por caerme al suelo me sostienen. Me vuelvo y veo a un hombre, bueno a un hombre joven. Quien me sonríe y:

—¡Wow! ¿Estás bien? —pregunta mientras me estabilizo sobre mis pies.

Lo observo y cojo una buena bocanada de aire. Mi corazón va un poco más lento, pero igual no es suficiente. Estoy agitada.

—Sí, yo… gracias.

El joven hombre tiene los brazos descubiertos, ya que viste una franelilla sin mangas, dejando desnudo unos brazos fuertes. Su cabello es el clásico corte militar.

—¿Qué te ha asustado? —pregunta curioso y sonriente.

—¡Ah! —respondo y giro mi cara para ver el desastre que hice. Las cajas al soltarlas, tumbaron una pila  de cajas más pequeñas de la famosa muñeca Barbie.

—Descuida yo recojo. La señora Baron, probablemente debe de estar esperando lo que te ha pedido.

Me vuelvo para mirarlo y frunzo el ceño.

—¿Cómo sabes eso? ¿Trabajas para ella?

Sonríe con gracia y asiente con la cabeza.

—Sí, soy Aron, mucho gusto —dice tendiéndome la mano.

—Ginny, encantada y gracias nuevamente —respondo estrechándole la mano.

—No te preocupes —responde y pasa de mí. Me tiende las cajas de las muñecas que solté.

Las cojo dándole las gracias  y observo que estas tienen un hoyo en el medio de las cajas para presionar el pecho de las muñecas. De hecho dice en inglés y español: presione aquí. Lo hago y sucede lo siguiente:

—¡Hola! ¡Mami!

Esta vez no las suelto aunque si me da impresión volver a escuchar lo que ha dicho recién. Vuelvo a presionar y dice:

—Tengo hambre, mami.

—¿Todo bien? —me pregunta Aron.

—¡Eh! Sí, sí. Esto ha sido lo que me… pues me asustó —respondo ahora avergonzada.

«Me asusté por una muñeca que habla… que vergüenza por Dios».

Este sonríe con gracia.

—Descuida, tal vez no sea Chucky, pero estar acá a oscuras y que un juguete, pues, se accione por error, sin saber que puede hablar. Te entiendo —dice y comienza a recoger el desorden que arme.

—Sí —respondo sonriendo todavía avergonzada. —Bueno, gracias, adiós.

—A la orden, nos vemos —se despide y me encamino de vuelta al interior de la tienda.

«Tengo que calmarme, es definitivo, requiero de algo divertido para hacer».

 

El día finaliza y ya son un poco más de las 7 de la noche. Ya de pie en el estacionamiento abierto del centro comercial, me encuentro pensando, en que tengo tres opciones: la primera, ir caminando ya que no es tan lejos, más la curva por la que tengo que pasar es muy oscura y muy sola a cierta hora del día. La segunda opción es que Steven como casi siempre me pase buscando, se tardaría unos pocos minutos, creo que si acaso 5. La última opción, la tercera, es la que uso muy poco, coger un taxi de la línea, pero es un desperdicio de dinero. En coche no tardo ni 5 minutos en regresar a la casa. Todavía miedosa por no obtener respuesta con respecto al asunto de la risa de la biblioteca. «¿Será que llamo a Steven?».

—¡Hey! ¡Ginny! —me vuelvo ya que estoy dándole la espalda a la persona que me llama. Me encuentro de pie cerca de la rampa que guía hacia el supermercado del centro comercial.

«!Hmmm! No sonó como Steven», pienso y busco con la mirada. Aron me sonríe junto a una moto roja. Lleva un casco en la mano. Comienza a acercarse.

—Hola, linda moto.

—Gracias. Te vi y cómo voy saliendo. ¿Quieres que te acerque algún sitio?

«Bueno yo iba… ¡No seas mentirosa! Ibas a llamar a Steven. ¡Eres una miedosa! Por eso no te decidiste ir a pie».

—¡Ah! Bueno, sí, eso sería genial. Gracias, de todas formas, no queda lejos, en pues… segundos llegaremos con la moto.

Se ríe.

—Excelente, entonces en ese caso, toma mi casco.

Frunzo el ceño cuando me lo tiende.

—No, vale, tranquilo. Es aquí mismo.

—Insisto, la seguridad primero. ¿Si quieres te lo pongo?

Sonrío y cojo el casco.

—Descuida, gracias, yo puedo, y, ¿tú?

—Me olvide en la casa el casco del copiloto, pero descuida, no te preocupes por mí. Recién has dicho que queda cerca. En segundos. Estaremos bien.

—Bueno en segundos no verás policías, pero tu seguridad  también cuenta.

Vuelve a sonreír ampliamente.

—Buen punto, pero tranquila, soy un excelente conductor. ¿Es tu primera vez en moto?

Giro la cara y lo observo con mi boca levemente abierta.

—Sí, ¿tan obvia soy?

—Un poco, pero al menos no muestras miedo. El cual no debes temer, al menos no conmigo.

Sonrío con gracia. Observo cómo se sube el primero y enciende la moto.

«!Vaya! Que sexy».

Me apresuro a cerrar el casco y así sin más me subo a la moto. Busco con las manos para agarrarme de algo.

—Puedes sujetarte de mí.

«Un cliché», pienso con diversión.

No respondo y lo hago, más no lo abrazo por la cintura, sino que lo cojo por los hombros. Él no dice nada. Le doy la dirección tan rápido como nos ponemos en marcha.

 

/* Asumo que Ginny ya ha llegado a casa*/

 

El ruido de una moto suena en la cuadra. Es un sonido tipo Cometa Halley, rara vez se escucha. Desde mi cuarto oigo como tal sonido casi alienígeno, se postra al frente de la casa. Extrañado estoy, dado que ninguno en esta calle tiene moto. El que ese sonido no disminuye en intensidad, me despierta la curiosidad. Me asomo por la ventana de mi cuarto a ver quién se encuentra cerca del porche de la casa; ya que el sonido se oye cerca.

De los  dos cuerpos desconocidos, reconozco ninguno. El primero que observo, al parecer se trata de un hombre, aunque  no lleve casco, no puedo reconocerle de ninguna parte; y el otro tiene rasgos femeninos, el cual tiene el casco puesto. Este otro individuo, al bajarse de la moto, se lo remueve entregándoselo al hombre y así revela su identidad… Es Ginny. Ver tal cosa me abstrae y me sorprende un poco, “primera vez que la veo en una moto” pienso seguido de, “esa moto se ve poderosa”.

—Gracias, Aron. Tu moto es bastante rápida —digo con sinceridad, más no con miedo. «Maneja bien», pienso y observo la moto, la cual está apagada. La apagó al bajarse.

—Gracias y descuida, es un placer. Mi moto nunca me deja mal parado.

Observo las letras que tiene en el tanque la moto roja, se lee, RKV.

—Bueno, para ser mi primera vez, no estuvo mal. Fue bastante cool —digo satisfecha de estar sana y salva en casa.

Aron sonríe con gracia.

—Ha sido un pequeño tramo, para disfrutar del paseo, pues, tienes que  rodar un poco más que lo que rodamos. Tal vez, no sé, ¿ir al cine?

Sonrío frunciendo el ceño.

—Disculpa, cierto, no te pregunte o supuse que…

—Descuida. Creo que sé lo que me quieres preguntar y la respuesta es, no, no tengo novio —respondo nuevamente con sinceridad sin dejar de sonreír.

La sonrisa de él se ensancha.

—Bueno, entonces, ¿eso es un sí?

—Sí, no estaría mal ir al cine, ha pasado ya un tiempo.

—Excelente, ¿qué te parece mañana?

Sonrío con gracia.

—Ok, déjame darte mi número y cuadramos.

Este coge su móvil y comienza a tomar nota.

 

 

 

 

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Ina

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