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Literatura

La Casita De Eddy (Terror)

La Casita De Eddy (Terror) - Literatura

La casita de Eddy

Advertencia: La siguiente historia contiene situaciones violentas que pueden afectar a personas sensibles, se recomienda discreción.

Desde muy pequeño he vivido en el mismo pueblo, un lugar tranquilo en donde todo el mundo se conoce y puede dejar la puerta de su casa abierta. Luego de crecer en ese agradable ambiente, conocí a mi esposa y finalmente decidimos mudarnos a la ciudad para tener mejores oportunidades laborales.

He estado viviendo en la ciudad desde hace más de diez años, y desde entonces no he vuelto a ver a Rodrigo ni a Eddy, mis mejores amigos de la infancia. Rodrigo siempre fue el chico guapo y mujeriego que había estado con la mitad de las chicas del pueblo, Eddy era un joven tranquilo y reservado. La gente pensaba que era algo tonto, aunque yo lo conocía bien y sabía que era todo lo contrario. Siempre le había gustado estar solo y no era de hablar demasiado, aunque siempre estaba relajado y de buen humor.

Todo comenzó cuando recibí una invitación de Eddy a conocer su nueva casa, en el correo indicaba que había invitado también a Rodrigo, y que deseaba que los dos pudiésemos conocer la casa que siempre había querido tener. Estaba ubicada en las montañas, en lo profundo del bosque, lejos de cualquier civilización.

Me costó un poco convencer a mi esposa de que me dejara ir solo, pero finalmente logré confirmar el viaje. Estaba estresado y me vendría bien algo de aire libre, además, tenía curiosidad por saber de los muchachos.

Me encontré con Rodrigo en la ciudad, y, luego de conducir por unas cuantas horas, finalmente llegamos al lugar. Eddy no había exagerado al decir que estaba alejada de la civilización, la pequeña cabaña estaba ubicada en lo profundo del bosque, a varias horas del pueblo más cercano. El clima era frío y parecía que iba a nevar en cualquier momento. Solo se escuchaban los sonidos del viento y de la fauna local, era un lugar muy hermoso.

Eddy nos recibió cordialmente, y al entrar, pude ver que se trataba de una cabaña de madera en su totalidad. El lugar era simple, no tenía demasiados muebles ni adornos. Constaba solo de una habitación, la pequeña sala y un cuarto de cocina con una estufa sencilla y los artefactos básicos.

La sala contaba con una chimenea de piedra, la cual estaba encendida para mantener el calor. Frente a ella, estaban dos bolsas de dormir, era el espacio dispuesto para nuestra estancia.

Luego de bromear y beber brandy por un buen rato para contrarrestar el frío, se nos hizo la hora de dormir, mientras escuchábamos las historias de Eddy y lo contento que estaba de vivir alejado de la sociedad.

No sé exactamente cuánto tiempo estuve dormido, solo recuerdo que escuché el rechinar de la madera del suelo. Tenía la cara tapada con la bolsa de dormir, así que lentamente abrí el cierre de la misma, no muy convencido de querer ver lo que sucedía. En ese momento no tenía miedo, solamente intentaba no perder el sueño. El ruido se hizo más intenso y cercano, así que pensé que tal vez era Eddy que estaba buscando un bocadillo nocturno. Aun no estaba lo suficientemente alarmado como para salir de mi refugio de lana, sin embargo, los pasos se acercaron cada vez más, hasta detenerse bastante cerca de nosotros.

Me pareció rara la situación, sin embargo me mantuve inmóvil, con la esperanza de que Eddy se fuera y me permitiera seguir durmiendo. Esas esperanzas se desmoronaron cuando comencé a escuchar una especie de murmullo. No tengo claro lo que esa extraña voz decía, pero estoy seguro de que era una especie de rezo, o tal vez un conjuro. Se escuchaba bastante tenebroso, y sospecho que se emitía en una lengua extraña, aunque en ese momento, no tenía manera de confirmarlo, pues la persona lo hacía a un volumen muy bajo.

El extraño susurro fue bastante para impulsarme a salir de mi bolsa de dormir, me levanté algo atontado, y, al sacar la cabeza hacia quien yo pensaba que era Eddy, me di cuenta de que se trataba de un anciano cuyo rostro no pude ver con claridad. El hombre estaba usando una túnica negra que tenía una capucha bastante holgada y que impedía distinguir con claridad sus facciones. El hombre sostenía un enorme velón, y al verme, salió huyendo hacia la puerta de la cabaña con una velocidad sorprendente.

Cuando logré reaccionar y me levanté para seguirlo fuera de la cabaña, pude darme cuenta de que había perdido la pista del intruso. Las huellas guiaban hacia el bosque, pero la verdad es que no estaba dispuesto a aventurarme solo hacia la oscuridad.

Giré mi mirada hacia el lugar en donde había aparcado mi vehículo y pude darme cuenta de que no estaba. Fue entonces cuando supe que algo muy extraño estaba sucediendo. Rodrigo, que había tardado algo más en despertar, me preguntó lo que estaba pasando, así que decidimos despertar a Eddy y contarle lo ocurrido.

Eddy tenía una vieja camioneta pick up, pero nos indicó que se había descompuesto una semana atrás, nos tranquilizó diciendo que al día siguiente intentaríamos repararla para poder ir a la civilización a reportar el robo, ya que en el lugar no había nada de cobertura para realizar llamadas. Eddy no pareció inmutarse por el suceso del anciano. O pensó que era un invento, o sabía algo que yo no sabía.

A la mañana siguiente, nos pusimos manos a la obra para intentar encender la vieja camioneta. Sin embargo, no fue difícil saber que iba a ser imposible, ya que al inspeccionar el vehículo pudimos ver que se habían robado los cables de corriente y la batería.

Caminar con ese clima y por tanta distancia era una locura. La única opción era esperar a que apareciera el viejo Martín, un señor que se encargaba de llevarle provisiones a Eddy de tanto en tanto, sin embargo, el hombre no tenía un intervalo fijo de visita. Yo no estaba feliz de quedarme allí encerrado, pero no tenía mayores opciones por el momento.

Una vez más, la noche se hizo presente en el sombrío bosque, mientras el viento murmuraba frases incomprensibles y un misterioso búho ululaba en algún lugar cercano. De mala gana, decidí tratar de dormir un poco.

Probablemente a las tres de la madrugada, sentí una mano que me estaba moviendo y me hizo despertar de mi sueño. Era Rodrigo, que al percatarse de que había logrado despertarme, solo me hizo una señal con su dedo, indicándome que guardara silencio. Entendí de inmediato y miré su rostro alarmado, estaba sosteniendo un hacha de carnicero y temblaba incesantemente. Me hizo otra señal, esta vez para que mirara hacia la ventana. Pude ver el resplandor de varias antorchas rodeando la cabaña.

De pronto, comencé a escuchar unos fuertes rezos que provenían de afuera. Esta vez pude confirmar que se trataba de un idioma extraño, así que me alarmé bastante. Me acerqué gateando hacia la ventana ‘para espiar hacia afuera, Rodrigo me siguió. Pudimos atestiguar a varias personas que usaban las mismas túnicas negras que el viejo, cada una de ellas sostenía un pequeño conejo en una mano y un cuchillo en la otra. Se trataba de unas cinco personas, el anciano que había visto la noche anterior se encontraba en el medio de ellas y al parecer guiaba la ceremonia.

De pronto, los invasores comenzaron a subir el tono de sus rezos hasta que se encontraban gritando, y, repentinamente procedieron a degollar en simultáneo a sus respectivos conejos, cubriéndose luego con su sangre y cantando una tenebrosa canción mientras danzaban a la luz de la luna. El ritual nos puso los pelos de punta.

Rodrigo estaba paralizado, pero yo decidí que no iba a permitir que un montón de dementes me atormentaran, así que miré hacia la chimenea y pude notar que había un hacha que Eddy usaba para cortar la leña. La tomé con decisión y salí a enfrentar a los practicantes del extraño culto, con la esperanza de ahuyentarlos de manera permanente si les daba un buen susto.

Salí con bastante ímpetu, pero lo que vi afuera me dejó completamente petrificado. Esas cinco personas solo eran una pequeña porción de los intrusos que realmente se encontraban rodeando la propiedad. No había lugar al que girara mi vista y no hubiese un encapuchado mirándome fijamente. Se trataba de unas treinta personas, habían pintado pentagramas en las paredes de la casa, habían colocado cruces invertidas de madera por todo el suelo del lugar. Cuando vieron mi expresión de sorpresa y temor, todos comenzaron a reír y a bailar de forma macabra, y a dar alaridos aterradores que eran contestados desde la oscuridad del bosque, señal clara de que, además de esas treinta personas que podía ver, había muchos otros que no estaban visibles.

Corrí a toda velocidad al interior de la vivienda, comencé a buscar algo con que trabar la puerta. Rodrigo, al verme desesperado, comenzó a ayudarme de inmediato. Aseguramos la puerta como pudimos y procedí a contarle lo que había visto. Eddy, seguía durmiendo como siempre.

Corrimos a despertarlo y le contamos lo sucedido, sin embargo, nuestro anfitrión no pareció preocuparse demasiado por lo ocurrido. Su único argumento era que él había estado viviendo en esa casa por un buen tiempo y que no le había pasado nada, así que si ellos hubiesen querido lastimarlo, ya lo hubiesen hecho. Dicho argumento no logró calmarnos.

Mientras intentábamos convencer a Eddy de la gravedad de la situación, escuchamos como los intrusos comenzaron a golpear la puerta mientras realizaban cánticos satánicos en un lenguaje abstracto y fuera de nuestra comprensión. Se escuchó el ruido de una ventana que se quebraba, Rodrigo y yo supimos que habían entrado a la casa.

Corrí hacia la puerta de la habitación y la cerré con seguro. Sin embargo, sabía que eso no sería suficiente para contener a la secta. Rodrigo se disponía a ayudarme a mover la cama para bloquear la puerta, cuando Eddy, relajado como siempre, nos dijo solamente: “Déjenlos entrar”

Ambos quedamos perplejos. Claramente Eddy estaba perdiendo la razón. Cuando me disponía a tratar de hacerlo reaccionar, pude escuchar un fuerte golpe en la puerta; vino seguido de otro, y otro más, hasta que finalmente la cerradura se rompió. Corrimos  hacia la esquina de la habitación, mientras Eddy se mantenía inmóvil, mirando fijamente a los intrusos. Pude contar a cuatro hombres y a dos mujeres, que se aproximaban con sonrisas macabras y con cuchillos en las manos. Sus túnicas estaban cubiertas de sangre, comencé a sentir el mayor terror que jamás hubiese experimentado, estoy seguro de que Rodrigo se sentía igual, pero solo nos quedaba intentar luchar para salvarnos de nuestro destino. Solo contaba con Rodrigo, pues claramente, Eddy había perdido el juicio.

Los miembros de la secta se acercaban lentamente a Eddy, mientras él solo sonreía con una sorprendente tranquilidad. Rodrigo y yo le gritábamos que corriera hacia nosotros, pero era demasiado tarde, uno de los hombres lo tomó del hombro y con la otra mano hundió su cuchillo directo en el corazón de Eddy, mi amigo cayó al suelo de inmediato, disparando sangre por toda la habitación.

Rodrigo y yo nos pusimos en guardia, listos para luchar hasta la muerte. Estábamos completamente aterrados mientras lentamente, el hombre se acercaba hacia nuestra esquina, seguido por sus cómplices, que lucían igual de impacientes por asesinarnos.

Estábamos solo a unos metros de distancia, cuando súbitamente, Eddy se levantó del suelo con una sonrisa. Rodrigo y yo quedamos completamente impactados, al igual que los sanguinarios acosadores, quienes perplejos, no podían creer lo que sus ojos estaban atestiguando.

Eddy se acercó amistosamente hacia el hombre que lo había apuñalado minutos antes, lo tomó del hombro, y ante la mirada incrédula de todos los presentes, comenzó a  transformar su brazo en una extremidad escamosa, rojiza y brillante, mientras sus dedos se alargaban notoriamente, convirtiéndose en afiladas garras, las cuales utilizó para atravesar el torso del hombre desde el abdomen hasta la garganta, dejando caer sus vísceras sobre el suelo.

Rodrigo comenzó a vomitar de manera incontrolable, mientras Eddy seguía sonriendo con tranquilidad. – ¡De todas las casas que ustedes podían elegir, tuvieron que venir a la mía! – Gritó Eddy, con una sonrisa sarcástica, mientras todos los presentes temblaban incontrolablemente.

En un movimiento velocísimo, Eddy estiró su brazo casi al doble de su tamaño y tomó del cuello a una de las mujeres, la cual intentaba desesperadamente respirar. Eddy la apretó tanto, que sus ojos comenzaron a brotar de sus cuencas, su nariz y su boca comenzaron a sangrar, y luego con el otro brazo, simplemente arrancó la cabeza de la chica como si se tratase de una presa de pollo. La sangre salpicó sobre el resto de los miembros de la secta, quienes comenzaron a correr aterrorizados hacia afuera. Sin embargo, apenas salieron huyendo de la habitación, lo único que hicieron, uno tras otro, fue tomar el cuchillo de carnicero que Rodrigo había dejado en el suelo y comenzar a cortar sus propias gargantas.

Inexplicablemente, el resto de los merodeadores que aun estaban fuera de la cabaña, comenzaron a entrar y a realizar el mismo procedimiento, uno tras otro, haciendo crecer cada vez más una enorme pila de cadáveres que alcanzó incluso a chorrear de sangre nuestras bolsas para dormir. Todo esto, ante la mirada alegre de Eddy, y ante el indescriptible horror que sentíamos Rodrigo y yo.

Una vez terminada la masacre, Eddy nos miró con tranquilidad y se acercó lentamente. En ese momento, el único pensamiento que vino a mi mente, era que mi querido amigo Eddy, estaba poseído por alguna clase de demonio, y que iba a terminar muriendo solo y abandonado en aquel bosque lejano. Sin embargo, Eddy se acercó cordialmente, nos ofreció sus disculpas por lo sucedido, nos pidió que guardáramos el secreto y nos dijo que tomáramos su habitación para dormir esa noche. Él se encargaría de limpiar el desastre.

Demás está decir que esa noche ninguno de los dos pudo dormir. Estuvimos encerrados en el cuarto hasta que salió el sol al día siguiente. Finalmente, tuvimos el valor de salir de la habitación. No había señales de Eddy por ningún lugar, los cuerpos tampoco estaban, ni siquiera había señales de que la ventana o la puerta hubiesen sido violentadas.

Al salir de la casa, el auto estaba en el mismo lugar, pero la camioneta de Eddy no se veía por ninguna parte. Corrimos a recoger nuestras cosas para largarnos de ese lugar y observamos que en la casa no estaban las fotos de Eddy, no había nada que evidenciara que él hubiese estado allí. Lo más grave vino luego, al revisar nuestros celulares, su número y sus conversaciones habían desaparecido. Por más que buscamos, no pudimos hallar ninguna evidencia de que Eddy hubiese existido. Nadie lo conocía, no aparecía en las viejas fotos que teníamos en grupo, y cada vez que hablábamos de él, la gente nos tomaba por locos, hasta que finalmente un día, decidimos dejar de mencionarlo.

A pesar de que no exista ninguna prueba de que mi amigo Eddy haya existido, yo sé muy bien que lo que sucedió en aquella cabaña fue real. Por más que intento, no hay forma en que pueda olvidar ese suceso, y a veces, cuando duermo en las noches veo su rostro, con la misma sonrisa tranquila que siempre lo caracterizó.

Ahora entiendo por qué no se inmutaba al saber de aquellos intrusos en su propiedad. No hay razón para tener miedo, cuando tú eres la razón de que los demás teman. Si bien es cierto que Eddy me causó un trauma que tal vez nunca podré superar, también le agradezco su amistad durante tantos años. Él pudo simplemente habernos destripado como al resto, no obstante, prefirió dejarnos seguir con nuestras vidas, lo cual muestra que nos valoraba, y que incluso aquellos que han cometido los más terribles crímenes, y que tienen dentro de sí la mayor oscuridad, también pueden ser leales y pueden tener algo de luz.

Muchas veces pensamos conocer todo de las personas, sin embargo, las personas que se ven más tranquilas son las que suelen ocultar los más oscuros secretos.

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Acerca del autor

Pedro M

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