Literatura

La chica de la máscara (última parte hasta nuevo aviso) Completo.



La chica de la máscara (última parte hasta nuevo aviso) Completo. - Literatura

Uní las partes (editado). Corregí los errores que me mortificaban, jejeje. Está historia quedará en pausa, por ahora.

La chica de la máscara

 

Todo comenzó en la fiesta de Halloween que tendría lugar en la casa del chico nuevo que se mudó al vecindario; la fiesta más esperada por un montón de jóvenes a punto de graduarse de la secundaria. Kathy estaba muy emocionada. Tenía su antifaz listo, un hermoso ejemplar digno de una chica misteriosa; de un hermoso color negro con plumas violetas con bordes rosas. Una antifaz de fantasía, pero le faltaba algo, un camafeo. Su mamá se lo prometió para la fiesta de Halloween, sin embargo debido a un contratiempo de última hora, la mamá de Kathy no tuvo tiempo de ir a comprarlo y cuando logró desocuparse, ya era demasiado tarde, la tienda estaba cerrada. Kathy estaba muy triste, ese camafeo era parte del outfit.

—¿Cómo iré a la fiesta? Mi outfit no está completo, simplemente no tendrá el mismo sentido que con el camafeo —dijo cruzada de brazos.

—Hija, de verdad lo lamento muchísimo, no sabes cuánto. Tu vestuario para esta noche es hermoso, no tienes que…

Kathy suspira y le hace señas a su mamá de que por favor no continúe. La ha interrumpido, pero al ver como su mamá se ha afligido, responde:

—Ok, no pasa nada mamá, descuida, gracias de verdad. Al menos lo intentaste —responde forzando una sonrisa, ya que su mamá realmente se veía triste por no haber complacido a su hija adolescente.

El móvil de Kathy comienza a sonar. Su mamá le da un beso en la frente, le sonríe con un deje de tristeza en los ojos y deja la habitación de su hija. Kathy se apresura a coger el móvil. Ve la pantalla: es su mejor amiga, Candace.

—Aló —atiende la llamada.

—!Holaaa! ¿Adivina con quien estuve hablando por casi media hora —dice con una emoción desbordante.

Kathy sonríe.

—Rusty.

—!Oh! Sííí. Con él. !Es que! Es demasiado, pero demasiado bello, genial, es…

—Tu próximo novio —la chincha Kathy.

—Ríete, pero, creo que sí. A penas tiene un mes en el vecindario y, !wow! Me tiene fascinada. Me da un poco de envidia que lo tengas cruzando la calle.

—!Por Dios! Candace, vives en el mismo vecindario que él, que yo. Tienes que caminar dos calles o menos.

—Sí, sí, son dos calles,  dos molestas calles, pero no lo digo por la distancia, lo digo es,  porque tú solo cruzas la calle y lo tienes allí mismo, !allí! Es decir, hasta puedes ver su habitación desde tu ventana.

Kathy frunce el ceño.

—No, eso no es verdad, la habitación que puedo ver, creo que es la de su papá, a quien nunca he visto por cierto —responde y se sienta en el puff de su tocador y comienza a preparar el maquillaje que se pondrá.

—Bueno, bueno, pero puedes ver su casa, eso es genial. —responde con celos—. Hablando de su papá, que ayudó en la creación de ese bombón, pues, no lo has visto porque todavía no ha llegado de un viaje de negocios. Rusty tiene todo este tiempo viviendo solo, por eso hará…

—La fiesta, sí —responde con tono seco, sin querer.

—!Hmmm! ¿Qué tienes? Te siento molesta, ¿por qué?

Kathy le cuenta sobre el camafeo.

—!Chica!, ¿de verdad estás así por eso? No me respondas, escucha, no tienes que ponerte mal. Le pediré a mi abuela el suyo, es de oro, bueno tiene bordes de oro, ¿lo quieres?

La emoción le volvió al cuerpo a Kathy.

—!Sí! !Vaya! Gracias, la verdad no me importaría que sea prestado. Mamá me lo comprará de todas maneras, pero, sí, !Oh! Gracias, Candace, eres la mejor.

Candace se echa a reír.

—Descuida, para eso son las amigas.

 

Él

«¿Quién es ella?» Fue la primera pregunta importante que me hice cuando llegué a  casa después de un largo viaje de negocios. Lo demás no tuvo importancia. Cuando subí a mi habitación ella estaba recostada sobre mi cama. Recordarlo hace que mi cuerpo se estremezca… de placer. Su cara cubierta con un antifaz. La habitación olía a dulce, a perfume… exquisito, nunca antes había olido algo igual o parecido. Ese aroma provenía de ella.  Se encontraba recostada con los pies en dirección hacia la cabecera de la cama, dejando su cabeza caer hacia atrás muy cerca del borde inferior de la misma. Su cabello caía con gracia hacia abajo como si se tratase de una hermosa cascada. Observé sus piernas levemente dobladas y algo separadas. Llevaba un sencillo vestido, parecía más una camisa larga, cómoda para dormir. Le llegaba un poco más arriba de las rodillas. El vestido era de color vino tinto. ¡Sencillo, pero impactante! ¡Muy sensual! Ella estaba  mirando  hacia el techo. La luz de la habitación estaba tenue. Había encendido una de las lámparas de la mesita de noche, una que se gradúa. Me quedé sin aliento mirándola hasta que su cabeza se giró y me miró. Se percató de mi presencia. Hubo un instante en donde no dijimos nada y ella continuaba relajada. Se inclinó sobre sus codos y eso fue todo para mí. Ya que continuaba observándola, cada detalle… Su pecho, aunque aquel vestido era discreto se podía apreciar su hermoso cuerpo con curvas. La tela del vestido le quedaba un poco holgada, pero ¡impactantemente sexy! ¡Joder! No creo que ella estuviese consciente del efecto que tenía. «Del efecto que tenía en mí».

Sé que  tiene 18 años y yo… pues, no soy precisamente un jovencito; tengo 38 años de edad. Mi hijo tiene la misma edad que ella, ¡lo sé, lo sé! Ella es mayor de edad, sí, pero, «¿Por qué me ha impactado tanto conocerla? ¡Ese maldito antifaz! Que la envolvió en todo un aura de misterio. O tal vez, bendito. Su perfume, su manera de caminar, su sonrisa, su voz. «¿Qué me ha hecho?».

«¿Qué hicimos?» Estoy consciente de lo que sucedió en esa fiesta de adolescentes. Sé la respuesta, pero todavía no sé, ¿qué hacer con la continuación? De lo que estoy seguro, es que esto jamás en mi vida lo olvidaré.

 

Un par de horas antes de que el papá de Rusty llegue a casa.

—¡Candace, Candace! ¡Otra! ¡Otra!

Observo como intentan emborrachar a mi mejor amiga. Yo tan solo llevo dos copas de vodka con jugo de naranja. Me alegro de haberme servido yo misma. No estoy ni cerca de estar achispada.

—¡Kathy! Kathy, Kathy, Kat, ¡miau! —observo a Adam Johnson, un molesto compañero de clases. Molesto porque cree que con su encanto y manera payasa de ser, pues,  cree que así puede conquistar a cualquier chica, incluyéndome. Vamos juntos en clase de inglés.

Pasa su brazo por encima de mis hombros. Me lo saco de encima en dos segundos y este tan solo se ríe con gracia e hipa.

—¡Oh! Solo era un semi abrazo. No intentaba más nada, lo juro. Eres la dulce amiga de Candace. Yo… —hace una pausa y bebe un buen sorbo de su cerveza la cual tiene servida en un vaso de plástico rojo. Los que estamos bebiendo vodka con jugo de naranja, estamos bebiendo en vasos azules. Aunque hay un grupo que está como una cuba y es difícil saber si están siguiendo las reglas. Reglas impuestas por el grupo popular de las porristas—… te cuidaré de cualquier pulpo.

No puedo evitar y le sonrío con diversión.

—¿Cómo? Si tú eres un pulpo. Te vi con un par de chicas y tus manos… bueno está demás el comentario —lo chincho.

Adam pone mala cara de ofendido e hipa:

—Es…o, eso es diferente. Ellas quieren y tú… pues no.

Su comentario ha sido antipático, yo solo estaba bromeando con él.

—Descuida, gracias, Adam, por tu servicio de guardaespaldas, pero yo me sé cuidar sola.

Sin más le doy la espalda y me adentro entre la gente hasta alcanzar las escaleras. Subo y observo la cola para usar el baño. Suspiro y me hago la tonta, ya que saco mi móvil y finjo que estoy leyendo un mensaje para luego hacer como que voy a hacer una llamada y así, me pierdo por el pasillo que da hacia las habitaciones.

Una pareja inmersa en su romance, entre besos y caricias descuidadas, ya que se ve que están borrachos; entran a una de las habitaciones, hay tres. No se percataron de mí. Con algo de dudas, más con las ganas de ir sí o sí al baño, ya que mi vejiga no da más. Me apresuro sin abandonar los nervios por las dudas de abrir o no una puerta, en busca de un baño. «Supongo que al haber tres habitaciones, la principal tendrá baño y dos compartirán o mejor, las tres poseen baño y el que hay en el pasillo es de visitas», con ese pensamiento me animo y abro una de las puertas de las dos habitaciones restantes. Está oscuro, apenas entra luz del pasillo. Como si se tratase de una bendita, enciendo de un solo tiro la luz, y esperando lo peor, abro los ojos que había cerrado sin darme cuenta. Para mi gran alivio, no hay nadie en la habitación. Me apresuro a poner el seguro y observando el lugar, veo otra puerta. «!Bingo! El baño». Sin perder tiempo entro, enciendo la luz y todo se encuentra limpio y ordenado, como la propia habitación. Hago lo que tengo que hacer y luego al terminar, lavo mis manos, las seco en una bonita toalla y no puedo evitar darme cuenta, que al baño le faltan objetos de uso personal, y de higiene. A penas hay jabón y papel toale. Más no, cepillos de dientes, colonias, etc. Apago la luz y regreso a la habitación. En efecto, está la cama, sábanas limpias, cubrecama, mesitas de noche, pero todavía no hay efectos personales. Solo lo básico que se podría encontrar en una habitación de visita y aún así le faltarían cosas. Aunque no curioseé en los cajones del baño, puedo apostar que en el mismo, no tiene cepillos de dientes para estrenar o dentífrico.  Me acerco a una de las lámparas de noche y acciono una, la gradúo. Quiero apagar la luz del techo, me siento algo incómoda. Sé que no debería de estar aquí. Apago la luz y el sentimiento de incomodidad mengua. Ahora me siento más relajada, la luz tenue ayuda bastante. Me acerco a la  cama y me siento.

—Bastante suave —digo hablando en voz alta, para mí misma.

En poco tiempo me encuentro relajada acostada sobre mi espalda, revisando mi móvil. Entretenida jugando uno de los tantos jueguitos para móviles.

 

—¡Rusty! —exclamo.

«!¿Pero qué rayos?!», pienso observando desde el interior de mi coche, el montón de carros aparcados de maneras absurdas fuera de mi casa.

La casa es nueva, todavía no he comenzado con las remodelaciones. Quiero cercar la casa. Me apeo del coche y suspiro. No quiero castigarlo, pero se pasó de la raya, le di permiso de hacer algo pequeño y esto tiene pinta de haberse descontrolado. Entro a la casa y la música está alta. Hay un montón de adolescentes bebiendo y haciendo bulla. No quiero ser el policía malo que acaba con la fiesta, pero tampoco puedo permitir que la policía real llegue y encuentre al único adulto responsable, permitiendo algo así.

Cuando estoy por llegar al equipo de música, me tocan el hombro, me doy vuelta y Rusty me está mirando con cara de sorpresa.

—Papá, ¿qué haces aquí?

Suspiro, le hago señas para que le baje al volumen. Este no discute y lo hace. Se escucha una que otra queja, pero esto no impide que los chicos continúen pasándola bien.

—A mi oficina —articulo y sé que viene detrás de mí.

Al terminar de entrar, Rusty cierra las puertas corredizas y me mira.

—No estoy molesto, más si, algo decepcionado. Dale gracias a que regresé antes. ¿En qué pensabas? Rusty, una hora más o menos, y algún vecino comenzaría a quejarse y acudirían a la policía.

—Lo sé, lo lamento. La música se acaba de descon… pues alguien la subió. Yo estoy pendiente —su voz no está mal, se nota que ha bebido un poco, más está en sus cabales.

—Está bien, te diré qué haremos. Estoy cansado, son las… —observo mi reloj—… casi las 10 de la noche — «Tiene suerte de que a pesar de ser jueves, pues que los vecinos de enfrente no hayan alentado a la policía».

—Papá, dame una hora más, te prometo que ni te enterarás. La música no es problema, puedo apagarla y… yo mantengo todo en control.

—Puedes oír música, como la dejé. Pronto serán las 10, en menos de 15 minutos. Es jueves mañana hay clases y…

—No, no hay. Las cancelaron. Nos dieron un día de gracia. El sábado hay actividades en el instituto, como siempre, pero, es cierto, no tenemos que ir mañana, solo el que quiera ir. Ya sabes, hacer deporte, los del teatro, etc.

—Ok, te daré una hora, ni más, ni menos.

Admito que cuando comencé a decirle que podía oír música y recordé la hora que es, casi le digo que no, pero ha probado ser responsable este mes que lo he dejado solo. «Estoy orgulloso de él».

Me sonríe como cuando tenía 10 años de edad.

—Gracias, papá —dice y se apresura a irse.

 

*************************************************************************

 

-¿En dónde te metiste?

Observo el mensaje de Candace. Sonrío divertida y comienzo a responderle por Whatsapp:

-No sé por qué me estoy acordando de tu Candaceada, lol.

-¡Eh! ¿De qué hablas?

-Cuando estabas molesta, de que mi casa quede a pata ‘e mingo de tu futuro novio. Te cito: “no lo digo por la distancia, lo digo es porque tú solo cruzas la calle y lo tienes allí mismo, ¡allí! Es decir, hasta puedes ver su habitación desde tu ventana”. Casi que haces énfasis en esa parte.

-Boba. No me has respondido, ¿dónde estás?

-Descuida, ya voy, estoy en el baño.

-Ok, te buscaré un trago. Xoxo.

Con flojera dejo el móvil cerca de mi costado y cojo del mismo el antifaz. Me lo coloco sin hacer mucho esfuerzo, tan solo levanto un poco la cabeza y listo. Suspiro y  me quedo mirando al techo. Cuando al fin decido levantarme con bastante pereza, ya que esta cama te invita a echarte una siesta o incluso dormir hasta el día siguiente; siento que me observan, giro mi cara y observo a un hombre mirándome. Lo natural sería asustarme, pero sucede todo lo contrario, soy yo la que estoy en un lugar que no debería de estar; nadie me invitó a entrar. Lo observo sin decir nada, tan solo lo miro. Me inclino sobre mis codos y:

—Hola, ¿quién eres? —me pregunta el hombre.

Es bastante joven y guapo, y es… «El papá de Rusty. Debe de serlo». Me apresuro a levantarme como si la realidad me golpeara de pronto. Su atractivo, su juventud, más el ambiente relajado, me ha hecho tardar en darme cuenta que la figura de autoridad, llegó a su casa, a su habitación. «Que vergüenza, tengo que irme».

Cojo mi móvil sin responderle y cuando me vuelvo este ha avanzado un poco más hacia mí. No doy un paso hacia atrás. Al contrario, tener su cara tan cerca de la mía, me hace mirarlo a los ojos. Me está mirando con interés.

—Disculpa si te he asustado o sorprendido. No esperaba encontrar a alguien en mi habitación.

«¿Se está disculpando?».

—No, yo no debería de estar aquí. Me tomé la libertad de usar el baño y… ya me voy —respondo, más no muevo músculo alguno.

Él sonríe y observo sus labios.

—Bueno, eres muy educada. No me molesta para nada que hayas usado mi baño. Soy Chris Sanders —me tiende la mano.

La estrecho.

—Encantada, soy Katherine Baker.

«Ya sé quién es usted, el papá de Rusty», pienso y no sé por qué, pero llevar el antifaz me hace querer intentar algo. Ni siquiera estoy pensándolo, es algo que hay en el ambiente y mi cuerpo está poseído.

—Hermoso nombre, el placer es mío, Katherine.

Observo su sonrisa y la mía se amplía.

—Eres bastante joven, Chris, estoy segura de que no eres un adolescente. Por eso le puse seguro a la puerta, no quería ser molestada.

Mi cerebro ha desactivado lo que realmente debería decir y no esto, que es tan… atrevido y fuera de lugar.

Se acerca un poco más.

—Debes de ser la chaperona, si te has alejado de los chicos —su tono de voz es muy seductor.

«!Vaya! Este antifaz es genial, cree que soy una mujer adulta y no una adolescente de 18 años de edad», mi cerebro se activa, pero, mi cuerpo hace que dé un paso hacia él. Lo he copiado

—Sí, yo soy la que mantiene el orden.

A continuación me muerdo el labio y eso es lo que se requiere como invitación para que me tome por la cintura y comience a besarme la boca con pasión. No lo detengo ya que yo quiero lo mismo. Caemos en su cama y mi cuerpo me habla como nunca en mi vida o más bien me grita que continúe.

«!Esto está ocurriendo de verdad!», pienso mientras mi cuerpo grita de placer. Mis senos, mi zona íntima, todo mi cuerpo se encuentra extasiado por sus besos y caricias. «Excitada, estoy muy excitada». Se siente muy bien, no quiero detenerme. Está encima de mi cuerpo, ha abierto mis piernas con su cuerpo y puedo sentir en mi centro íntimo, su miembro «erecto», esa palabra me pone mucho.

Tocan la puerta y detengo mi escritura.

—Hija, tengo rato llamándote.

Mamá termina de entrar a la habitación.

—Disculpa —respondo y me saco los auriculares. No estaba oyendo música, es costumbre dejarlos aunque no tenga nada que oír.

Mamá sonríe.

—Claro, no ibas a escuchar si estabas oyendo música.

—Sí —respondo con una sonrisa y cierro mi diario tranquilamente «aunque me ha sorprendido bastante verla. Espero que no se me refleje en la cara mi recuerdo de… todavía no sé como describirlo, no tengo con qué compararlo».

—Bueno, te estaba llamando y he venido hasta acá, para decirte que la cena está lista. He hecho tu favorito.

—Gracias, ya bajo, voy a lavarme las manos.

Mamá sonríe y se va de la habitación.

Siento mis pulsaciones aceleradas. Observo como cierra la puerta y me levanto de la cama. Cojo el diario y me apresuro a esconderlo en uno de mis tantos lugares secretos de la habitación. Una vez guardado el diario, me dirijo al baño que hay en mi habitación y siento mi zona íntima como cuando estuve con Chris, antes de que me «hiciera mujer». Revivir ese recuerdo me ha puesto acalorada, emocionada, «excitada». Sin poder evitarlo me llevo una mano al centro que requiere atención inmediata y…

Continuará.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Busco por todas partes el camafeo de la abuela de Candace. Llaman a la puerta y respondo:

—¡Adelante!

—Hola, ¿qué sucede?, ¿estás haciendo remodelación o destrucción del orden? —pregunta a modo burla, Candace.

La miro de reojo.

—¡Eh! No, no es eso, creo que perdí el camafeo de tu abuela —suelto y sé que va a decir:

—¡¿Qué?! ¡No bromees! —responde atropelladamente y comienza a buscar junto a mí.

—Lo lamento mucho… creo que lo… —me levanto y me detengo, ya que mi mente recuerda el posible lugar en donde se encuentra el camafeo.

—¡¿Qué?! ¡¿Qué es lo que crees?! —pregunta exaltada.

—Relájate. Sé que estás molesta o preocupada… en fin. Está en casa de Rusty. Cuando utilicé el baño… pues estaba arreglándome el cabello y me lo saqué —invento rápidamente.

«Me lo sacaron en pleno apogeo», pienso y mis mejillas se encienden. Doy gracias al cielo de que Candace no sospechará que mi cara roja sea por recordar el momento más fascinante de mi vida. Ella creerá que estoy así por el camafeo de su abuela.

Candace relaja el rostro.

—Ok, lamento haberme puesto así, la verdad no es molestia, lo has acertado. Me preocupa la idea de perderlo, para mi abuela es muy importante. Mamá me mataría si lo pierdo.

—Descuida, hoy en la tarde lo busco. Es sábado y no tengo nada que hacer; al menos no importante al finalizar la tarde.

—Me gustaría ofrecerme a buscarlo, ya sabes que amo estar en casa de Rusty, pero precisamente hoy saldremos. Me ha invitado a pasear en bicicleta y eso es solo el comienzo de un día ocupado. De hecho no nos encontraremos en su casa, tengo que salir ya para el centro comercial, se me está haciendo tarde. Al centro comercial que tú y yo siempre vamos, nos encontraremos allí —el rostro le ha cambiado, ahora mucho más, al hablar de Rusty.

«Mejor, muero por ver a Chris».

—Descuida, que tengas un día precioso, me cuentas luego —digo y la abrazo.

 

 

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Acerca del autor

Ina

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