Sociedad

La Chica Del Atrapasueños

La Chica Del Atrapasueños - Sociedad

 

Se metió en mi habitación, nos miramos al mismo tiempo. Una sonrisa delató su estado de ánimo y una acción el propósito de su visita. Se desvistió frente a mí, como si se tratara de una rosa tirando sus pétalos para llamar mi atención. Se deshizo de su pasador negro de mariposa, que le impedía a su cabello llegar a la cintura y un poco más abajo. Se aproximó a mí, no supe si sería correcto o no, no supe ni a qué hora me quité la ropa, no supe ya nada más. Solo sé que me maraville con su cuerpo, con su hermosa y reluciente Aura que se pintaba de colores, producto de la luz que entraba por la ventana.

Me tomo las manos, y las puso sobre su pálido cuerpo, y sin más preámbulos me besó.  Sentí lo mojado de sus labios, el calor que emitían sus mejillas era el mismo que empezaba a sentir, por tenerla tan cerca de mi cuerpo. Mi ritmo cardiaco cambió muy rápidamente; estaba excitado, mi cuerpo se aceleró, mi mente no pensaba en otra cosa más que estar dentro de ella.

La besé, recorrí su cuerpo con mi boca, escuché su corazón tan acelerado como el mío a tiempo que mi lengua pasaba por sus perfectos y blancos pechos, su olor me confundió con la primavera, sus fluidos  empezaban a mezclarse  con los míos, mi saliva empezaba a tener otros sabores más ricos y deliciosos. Me perdí en sus piernas, en su tatuaje de atrapasueños, en su cadera chueca y en su sexo. Y por primera vez la escuche decir algo:

—! Yaaa ¡— susurró

—No aguanto más—volvió a decir.

Escuchar su voz me hizo fortalecer mi hombría, aún más que, tenía un tono muy sexy  como de comercial erótico.

Metí mi pene una y otra vez en su delicada vagina, con fuerza y bruscamente para tratar de apaciguar sus ganas de sexo. De ahí las cosas cambiaron, ella se portó completamente diferente, hubiera jurado que estaba con una mujer mucho más experimentada que Yo. Tomaba mi pene y lo hacía quedar seco, tal hueso de tuétano en el plato. Ella me sometió, me tomó y me hizo el hombre mas feliz al disfrutar de sus perversiones, podría jurar que desde entonces no he conocido a mujer más loca que esta.

Por el espejo mire la fina estampa de nosotros, una bella imagen como para guardarse por siempre en la memoria, todo un espectáculo. –¡NO PUEDO MÁS! — gritó, agradecía sus palabras porque ya no podía con tanta presión, era el momento culminante, no me importó si alguien nos escuchaba, solo quería terminar en ella. Y así pasó, la sentí estremecerse, excitarse y venirse al igual que yo.

–¡Nunca había hecho algo tan alocado! – comenté. No hubo una respuesta de su parte, pensé que no me había escuchado así que volví a decirlo, y  nuevamente no escuché nada, ni en ese momento ni nunca más.

Tomó su bata, también sus zapatos y sin más salió de aquel lugar.

La puerta estaba un poco abierta, quise hablarle, pero ella se apresuró a salir, no dijo ninguna palabra.Cuando salió al pasillo, vi a  un hombre parado disfrutando de lo que le habíamos regalado. Se miraron, se tomaron de la mano y con una mirada picara se fueron.

Desde entonces no puedo dormir, pensando en ella. No niego que me ha dado un poco de miedo, pero también admito que he dejado mi puerta abierta por si desea regresar.

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Acerca del autor

Mariel

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