Literatura

La Despedida – Parte 2 : Rayuela



La Despedida – Parte 2 : Rayuela - Literatura

Buenos Aires, 28 de Junio 1963

Me levanté temprano esta mañana. Hace frío y las bufandas son como de esos amores que son para siempre.
Me preparo un café, armo un cigarro y salgo a la calle. Hay fuertes versiónes sobre la edición de un nuevo libro de Julio Cortazar, voy con calma pero con prisa a la librería. En el camino hago una pausa en un café, pido un ristretto y fumo algunos cigarros mientras leo las noticias del mundo.
Astor Piazzola esta editando un álbum con su octeto de estreno, es un buen año para la escena artística del país.
Pero pienso en Cortazar, en su libro, hace tiempo espero una novela con estas características. Se hicieron las 08 am, me re direcciono al local de libros de avenida corrientes. El olor a la tinta impresa en papel me enamora, recuerdo haber pasado horas en esta librería leyendo literatura europea. Voy en busca del libro, lo busco alfabéticamente, no lo encuentro, me acerco a un empleado del local:

– Disculpe muchacho, estoy buscando Rayuela, la nueva edición de Cortazar –

– Se acaban de llevar el último, se agotó de inmediato –

Y no es para menos, esta obra tiene tinte de ser un antes y un después en la literatura latinoamericana.

– ¿Sabe si se va a reponer pronto? – Pregunto nuevamente.

– Están llegando por la tarde –

– Bien, gracias –

Calme mis ansias llevando una colección de sus tres primeros cuentos. Salgo a la calle en busca de otro café, el frío golpea fuerte en la cara, me dispongo a cruzar la calle cuando una voz interrumpe la escena:

– Disculpe –

Una mano me toma del hombro acompañando el llamado de atención.
Al girar la veo. Quedo mudo, sin habla, paralizado por tanta belleza. Sus ojos color miel, el pelo revuelto y una nueca en su rostro como si una sonrisa estuviera a punto de florecerle en los labios.

– Disculpe el atrevimiento, no pude evitar escucharlo en la librería ni sentirme culpable, porque yo compre el ultimo ejemplar de el libro de Cortazar –

Continuo obnubilado y no emito palabra alguna. La muchacha continúa:

– Le pido disculpas, no quise ser tan entrometida –

Reacciono:

– Por favor, faltaba menos. No se preocupe por el libro, por la tarde lo reponen –

Por alguna razón, que no comprendo, quizá por una sensación de simpatía para con la muchacha, me atreví a hacerle una invitación:

– Disculpe usted mi osadía, pero ¿le puedo invitar un café? Quizá echarle un vistazo al libro haga que usted no se sienta tan culpable –

La muchacha sonríe. Yo quedó nuevamente sin habla….

Continuará.

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