Literatura

La Despedida – Parte 5: La Carta



La Despedida – Parte 5: La Carta - Literatura

El invierno silbaba por la ventana melodías de arrabla en las calles de Buenos Aires. El frío observaba, sentado al borde del colchón, como nuestros cuerpos reinventaban el amor.
Encendimos un cigarro, mire hacia el techo unos segundos y luego me deje llevar por una serie de obras al óleo que se encontraban en la habitación.
Azucena rompió el silencio:

– ¿Te sientes bien? –

– Si, como hacía tiempo no me sentía –

– Bien por eso – Entre sonriendo.

– Las obras ¿Son tuyas? –

– Por desgracia. Si, tienen varios años algunas, vivir de las obras es difícil, como así de las palabras –

– Son muy interesantes, me gustaría dar con una –

(Ella sonríe nuevamente)

– Elije la que mas te guste –

– Esa, la de la niña con el vestido –

– Azucena –

– ¿Azucena? –

– Si, Azucena, así se titula, es un auto retrato –

Y por fin sucedió. Y no pude controlarlo, y fue tan hermoso como necesario. Comenzar a llorar como si nunca antes lo hubiese hecho. Lágrima tras lágrima, mi pecho se agitaba, la muchacha miraba sorprendida y acongojada:

– Salvador ¿Que ocurre? –

Yo no podía hacer pie en la laguna de mi alma.

– Salvador, tranquilo, mírame, respira profundo,voy por un poco de agua –

La muchacha se levantó y yo la tomé por el brazo, la miré fijo y la abrace, fuertemente, deseando fundirme en ella. Ella puso su respiración en mi oído y así nos quedamos por un largo rato.

– Perdón, te pido disculpas – Secándome las lágrimas.

– No pidas perdón. No se que es lo que te ocurre, pero ese llanto fue desde el alma ¿Dije algo malo? –

– No, todo lo contrario. No se si debiera ser tan inapropiado, a penas nos conocemos –

– Y ya estas desnudo en mi cama –

– Verdad. Podría explicar esto que me esta sucediendo, el por que de esta escena –

– No hace falta, yo fui la que estuvo fuera de lugar. Te vi en la librería, no pude evitarlo, escuchar la serenidad de tu voz, seguirte en la calle para interrumpir en tu vida –

– Para nada. A ti te agradezco, por haberte acercado hasta mi. Mi alma se ha calmado –

– ¿Que es lo que tanto te agobia? –

– Tu nombre, tu mirada, tu algarabía y tu pasión. No es casual que me hayas hecho sentir tantas cosas desde el primer instante – Hago una pausa profunda y continuo – Hace dos años perdí a mi pequeña hija, Azucena –

– Cuanto lo siento –

– Está bien –

– ¿Y se puede saber….?

– Claro. Todo sucedió muy rápido. Ella jugaba con otras niñas en la acera, llevaba un vestido hermoso. Un descuido, fue un segundo, un automóvil, un conductor ebrio y todo se derrumbó en cuestión de nada. La vi morir, en mis brazos, con el último suspiro dijo que me amaba. A penas siete años ¿Puedes creer? Dijo que me amaba, casi que sonreía. Ella era un ángel, una niña distinta, era tan atenta con los demás. A su corta edad ya había heredado mi locura por los libros, pasábamos día y noche leyendo. Aquella tarde, en la librería, compré una serie de cuentos de Julio Cortazar que se los llevó consigo, no logré volver a leerlos hasta ayer que di contigo –

La muchacha lloraba, en silencio, yo seguía descargando el alma en lágrimas, lagrimas sanadoras, de alivio y fe.

– Perdón por arruinar el momento –

– No pidas perdón. Gracias por compartir esto conmigo. Mira, te mostrare algo –

Azucena se acercó a un mueble y sacó una carta:

– También quiero compartir un trozo de mi alma –

Tomé la carta y comencé a leer para adentro:

» Buenos Aires, 20 de marzo 1943,

Hija mía. Te escribe tu padre, es probable que nunca nos conozcamos, el mundo es un lugar tan hermoso como absurdo. Te escribo estas líneas y espero que lleguen a ti cuando crezcas para que sepas que siempre te amaré. Tu padre se metió en líos por defender una causa y ha llegado el momento de dar con las consecuencias. Tu madre, quien hoy te cuida desde sus entrañas, va a hacer de ti una mujer libre y valiente, cuidala, cuidala siempre aunque sea lo ultimo que hagas. Ama mucho y se amada, es lo mas importante en la vida y recuerda siempre: nunca juzgues a un libro por su portada, así como nunca juzgues a nadie por su apariencia, ve hasta el fondo del alma y descubre lo maravilloso que es amar.

Quien te ama y siempre te va a cuidar
a donde sea que vayas. Papá »

Silencio. Un silencio de tumba:

– Vaya, esto es increíble. Tu padre era un hombre increíble –

– Si, no lo conocí, pero por suerte mi madre guardo esta carta. En los días malos suelo leerla y sonrió y lloro de felicidad –

Azucena se dirigió a la cocina y preparo un mate.

– En Uruguay se me dio por el hábito del mate. Es un fiel compañero, como los libros y los pinceles –

Pasamos la noche entre mate, cigarro y palabras.
El día se asomaba, el amor bailaba en las praderas del alma. Los sucesos pronto iban a traernos nuevos presagios.
Nos despedimos con un fuerte abrazo sin promesas de ningún tipo, yo parti deseando volver a verla.
Al llegar a mi casa, tome una birome y apunte en mi libreta:

» Nunca juzgues a un libro por su portada »

Continuará. ..

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