Política

La Doble Moral: Un mal de este tiempo.

Patrocinado


La Doble Moral: Un mal de este tiempo. - Política

“Si robo pero hago obra”. Triste afirmación que alguna vez hizo públicamente un pseudo-político en mi país. Al haber hecho tamaña declaración toda la población, ofendida y en pie de lucha moral declarada, se vistió de armadura reluciente de caballero medieval y desenvainó la espada de la crítica para asestar un duro golpe de repudio sobre aquel personaje.

En lo particular tomé con calma y una gran dosis de realidad lo afirmado por este hombre; y simplemente concluí en lo concerniente a él, que había escrito su epitafio para pasar a la muerte pública (no diré muerte política, pues no lo merece).

Pero si me detuve a pensar en su afirmación: “Si robo pero hago obra”, ya no importaba el porque lo dijo, sino lo que quería obtener con ello; fue una declaración certera, y contundente como la verdad más grande que pueda existir; no hubo ni un ápice de mentira en lo afirmado, y parecía una declaración judicial encaminada a la colaboración con la finalidad de obtener clemencia.

Con esa expresión resumió un total de nueve años de gobernante al frente de una ciudad, es decir, nos estuvo robando todo ese tiempo, y se postulaba nuevamente para seguir robándonos. Y su contra parte era que hacía obra, osea, traía modernidad a la ciudad, transformó el caos en orden, construyó lo que se necesitaba construir, y se invirtió el dinero público en donde debía ser invertido; esa labor lo llevó a la reelección hasta en dos ocasiones; y a pesar de que su gobierno local estaba plagado de denuncias por corrupción (todas finalmente archivadas) la gente tenía muy claro que su alcalde sí era corrupto, y no le importaba, así es que la ciudad aprendió a convivir con ello.

El debate era constante en todos sus periodos de gestión pública, existían los que lo apoyaban ignorando voluntariamente su condición de corrupto; y los que estaban en contra hasta comprometían su salud hepática, al afirmar enojada y airadamente al respecto de lo ladrón que él era, aunado a un sentimiento de impotencia ya que su discurso disonante parecía no tener acogida. Pues todo ese discurso se quebraba cuando pedían pruebas para tamaña afirmación; y como estas no se presentaban entonces todo quedaba en la simple suposición, en consecuencia ninguna acusación de corrupción podría quedar firmemente demostrada.

Entonces surgió esa frase; la escuché por vez primera decirla a una joven mujer; cuando en su defensa decía: “¡sí! Tal vez robe… Pero hace obra”; luego de ello se volvió en el argumento más poderoso para su defensa; en cualquier debate sus seguidores enarbolaban el hecho de que no interesa si roba, sino que haga obra, que construya y si es así puede robar todo lo que quiera.

La lucha ascendió filosóficamente hablando a los niveles del bien y el mal; y ¡Cuidado!. El mal iba ganando.

En todo esto, y desde el punto de vista social, lo que evidenciaba mi pobre razonamiento fue que la población comenzó a interiorizar por tanto a aceptar la idea de que no es tan malo ser corrupto; que si se puede mentir, que se puede engañar, que se puede estafar, pero si haces una cosa bien no hay problema, ese punto bueno contra tantos malos, era suficiente para excusarlo, aceptarlo y lo que es peor seguirlo. Es así que me dije, estoy asistiendo a una época de oscurantismo, en donde la disculpa y el perdón son ya una valla casi inexistente, para pasar a la disculpa y la indiferencia.

Y cuando concluí que estoy asistiendo a una época sórdida donde el hombre camina en tinieblas, reculé mi afirmación, ese personaje no había escrito ningún epitafio; había utilizado solamente una simple estrategia cual era la de decir la verdad (nuevo concepto en él), y con el cálculo de que no hay verdad buena o mala, o verdad triste o feliz; pues la verdad simplemente es la verdad. La gente terminó por aceptarla y luego del repudio retornó el perdón, pero no vio solo sino acompañado del coraje, pues hay que ser muy valiente para aceptar públicamente que si robaba.

Si bien es cierto, esa estrategia devolvió a sus opositores la razón, era de no creer, los reivindicó su propio enemigo – si vale el término-. Él les dio la razón; y con ella también vino el éxito de su maniobra; luego de aquella declaración el fue elegido con amplia mayoría.

Hoy su popularidad ha caído porque el pueblo esta inconforme, su líder no esta ejecutando las obras esperadas, porque…  ¿robar? suponemos que si.

No se a donde vamos, pues la sociedad en general hace tiempo que perdió el derrotero, menos mal que me considero un ser antisocial y fuera de tiempo, por tanto yo si tengo derrotero; y mi consuelo será que me hundiré en este pantano junto con todos porque nadie puede enfrentar a la corriente y salir airoso, pero moriré creyendo que me resistí a ingresar callado al mundo que los muchos inconscientemente han buscado y que por fin han encontrado.

Mauricio Ziegner.


4.00 - 2 votos

Patrocinado

Acerca del autor

Mauricio J. Ziegner

Deja un comentario