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La edad del pavo



La edad del pavo - Sociedad

La pubertad o también llamada pre-adolescencia comienza en torno a los 12-14 años. A partir de ese momento empieza la adolescencia que terminará en la edad adulta y la madurez a una edad muy difícil de determinar aunque está comprobado que las chicas maduran antes que los chicos.

La adolescencia se caracteriza por una serie de cambios fisiológicos o del desarrollo difíciles de afrontar para los adolescentes. Estos cambios suponen la consciencia del chico o chica de que se está convirtiendo en un adulto y de ahí su necesidad de autoafirmarse y su consecuente rebeldía.

Ya muy lejos de ser un niño cuando sus padres eran como dioses para ellos a esta edad pasan a un segundo plano y su principal deseo es estar entre un grupo de iguales o amigos y ser aceptados por ellos. Esto último es muy importante para el adolescente que está forjando su personalidad y necesita hacerse un lugar en el mundo y tener un punto de referencia que ya no son los padres sino los amigos.

El adolescente puede sentirse muy vulnerable, sin saber en quién confiar para contar sus problemas y suelen pasar crisis emocionales o existenciales mostrándose excesivamente volubles o irritables, lo que los padres atribuyen a actos de rebeldía y, en su mayoría, no entienden a su hijo/hija. El adolescente se autoafirma no estando de acuerdo con los padres porque así sienten que tienen criterio propio y saben que no son iguales a ellos, están en la búsqueda de su propia identidad, cobran una mayor autonomía y, en algunas ocasiones, si los padres no reaccionan con acierto en su comportamiento ante la nueva etapa que está afrontando su hijo/hija puede que éste empiece a andar con malas compañías, transgreda la ley, faltas de respeto a la autoridad o consumo de drogas.

En esta fase también surgen miedos: miedo al amor, miedo al futuro y a no poder cumplir con las expectativas que los demás han puesto en él, miedo a no ser aceptado, miedo al fracaso.

Qué podemos hacer los padres para ayudarlos?

Aceptemos que se están distanciando de nosotros, que ya no son niños pero nos necesitan igual. Intentemos aplicar estas pautas y conseguiremos que nuestro hijo viva mejor su adolescencia y nosotros nos quedemos más tranquilos:

Seremos empáticos, es decir, nos pondremos en su lugar.

No se trata de que seamos sus amigos pero, como padres, nuestra misión es ayudarles a crecer, fomentar su autoestima recalcando lo que hace bien y lo que nos satisface, por ejemplo «me encanta lo respetuoso que eres con la abuela» o «siempre apruebas. Eres un campeón!».

Transmitir valores, límites y respeto. Ellos tienen que vivir a los padres como un ejemplo de autoridad pero no un autoritarismo.

No prohibir sino negociar escuchando y ayudando a nuestros hijos. De esta manera el adolescente se sentirá comprendido, algo muy importante para él.

Utilizar el sentido del humor ante los cambios repentinos de estado de ánimo debido a factores hormonales es muy positivo.

Practicar actividades de ocio (procuraremos que nos vea leyendo, dibujando, escribiendo y le haremos ver que esto nos satisface) es muy posible que se sienta motivado y nos imite.

Y, por supuesto, una buena comunicación entre padres e hijos.

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Acerca del autor

Lorena Caballero Ortega

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