Sociedad

La esperanza invisible



La esperanza invisible - Sociedad

Dice el dicho que la esperanza es lo último que se pierde y que si al final te abandona, dos tercios de ti ya se han ido. Pues bien…, me propongo en este artículo a disertar un poco sobre esos dos tercios, que según el axioma son en la práctica una masa fantasmagórica que aún estando viva, ha claudicado con la bandera de la rendición. Me acuerdo por ejemplo de la película, «El milagro de Ana Sullivan», un desgarrador film en el que se retrata la verdadera historia de superación de una joven, ciega, sorda y muda que llega a la conquista de metas difíciles, incluso para personas sin sus limitaciones físicas. Me acuerdo también de otra película,  basada de igual forma en un personaje real, con mucha menos carga dramática, pero que en su día significó para mí un gran ejemplo de motivación, «Rudy, reto a la gloria», en la que se narran las vicisitudes de un joven que  sueña con convertirse en jugador de football americano, en la Universidad de Notredam, pero ni su cuerpo menudo, ni su clase social y lo que es peor, ni su entorno, parecen facilitarle las cosas. Nadie creía en él y en una escena que se me quedó grabada un sacerdote le dijo: Rudy, la felicidad consiste en conformarnos con lo que Dios ha dispuesto para cada uno. Pues bien, lo que unen a Ana Sullivan, a Rudy y a tantas y tantas personas con historias semejantes a lo largo de la historia, es que ellos decidieron no conformarse. Hay ejemplos también entre gente conocida. Al mismo Michael Jordan, un entrenador de instituto le aseguró que no tenía el más mínimo talento para jugar al baloncesto y le aconsejó que se dedicara a otra cosa; que ojo tuvo el colega. Comento estos casos como paradigmáticos, pero me gusta pensar en las historias de gente anónima que en su día a día, al enfrentar circunstancias adversas de todo tipo, miran de frente a esos dos tercios que invitan a la rendición y siguen luchando por sacar adelante a su familia, dejar atrás una enfermedad o sencillamente, miran el horizonte con una sonrisa, transmitiendo un gran optimismo a su alrededor y por supuesto, haciendo bueno el dicho de que mientras hay vida, hay esperanza. Gracias a ellos y a su resiliencia innata o construida a base de inteligencia y coraje, muchas otras personas hallaron el camino de la esperanza. Desde aquí mi modesto homenaje.

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Acerca del autor

Carlos Lumer

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