Sociedad

La Fábula De Los Pájaros

La Fábula De Los Pájaros - Sociedad

Lo que os voy a contar pasó, pasa y pasará. Muy a mi pesar, pesa y pesará.

Es la historia de unos pájaros que, en reunión, hablaban sobre su situación.

Uno de ellos en una jaula vivía, mas cuando quería, la puerta abría.

No pasaba antes, que con un candado, su dueño siempre le tenía encerrado.

Otro pájaro algo más avispado, con su propia jaula y dentro otro pájaro, había llegado.

El último de ellos llegó con retraso, pero muy contento llegó volando raso.

  • Caballeros, disculpen mi retraso -dijo-, pues a encontrar comida estaba enseñando a mi hijo.

Los otros, que ya lo conocían, le disculparon. Y acto seguido a departir sobre sus cosas empezaron.

 

El pájaro enjaulado quiso empezar la discusión, así que sus opiniones argumentó con pasión.

  • Llevo viviendo en esta jaula toda mi vida y quiero más libertad. Si sabéis cómo conseguirla, vamos, comentad.

El pájaro dueño de una jaula, muy prolijo, le abrió la puerta y dijo:

  • Libertad es lo que quieres, libertad es lo que tienes.

Echándose atrás el pájaro enjaulado replicó:

  • No me entiendes, eso que has hecho ya lo sé hacer yo.

El pájaro libre que tarde llegó, contrariado, hasta la jaula se acercó.

  • Por lo que veo no tiene candado, ¿qué haces ahí encerrado? Si puedes salir cuando quieras, no entiendo muy bien a qué esperas.

El pájaro enjaulado hinchó los pulmones con orgullo y sin bajar la cabeza volvió a lo suyo.

  • Mis abuelos y padres lucharon por mis derechos. Aquí tengo comida, veterinario y techo. Mi dueño está obligado a darme todo lo que necesito y sino me levanto y grito.

Los otros dos se miraron extrañados.

  • No entendemos pues tus comentarios aquejados.
  • Me explicaré -dijo el primero- Os voy a ser sincero. Quiero tener una jaula como tú, con otro pájaro que me consiga comida o vivir donde quiera, como tú, para ser feliz el resto de mi vida.

Al pájaro libre se le subieron los colores y, cual maestro, le dijo:

  • No todo son caminos de flores. Tengo que buscar agua, comida, en fin, buscarme la vida. Y a mis hijos enseñar que para el duro invierno hay que ahorrar.
  • Pues no es justo, a tu dueño deberías decirle que no estás a gusto. -Respondió raudo el enjaulado sin ocultar en demasía su enfado.
  • Yo no tengo dueño, amigo mío, tengo que arreglarme solo y no siempre canto, como y río.

El pájaro enjaulado hizo un repaso: sin comida, veterinario ni derechos pagados más que un avance sería un atraso.

Entonces se dirigió a su amigo dueño de una jaula con pájaro dentro.

  • Tu si que tienes suerte, tu pájaro te da de comer. Lo tienes encerrado y no lo puedes perder.

El pájaro aludido se sorprendió, miró su jaula, su pájaro y prosiguió:

  • Te diré que como tú, yo vivía enjaulado. Primero con y después sin candado. Cantaba, cantaba y mis derechos nunca eran suficientes, además, de mis desgracias siempre culpaba a otra gente. Hasta que un día a salir me decidí y de mi responsabilidad sobre mi vida me convencí. Al principio dejé de comer bien, pues ya no tenía dueño, pasé hambre y también sueño. Mientras tanto, construía poco a poco esta jaula, a la que dediqué mucho tiempo, comida y agua. Ahora este pájaro me da de comer, pero, él, como tú, cuando quiera libre puede ser. Pues no soy un dueño malvado, tengo jaula pero no pongo candado. Y aunque tal vez mi pájaro vale más de lo que puedo pagar, sólo él tiene la responsabilidad consigo para salir y volar.

El pájaro enjaulado su cabeza sacudía, estos amigos suyos, qué bobos, no los entendía.

  • Por lo que me contáis, vosotros no sois libres, pues no os lo dan todo hecho. Eso reclamo yo, es lo que digo, es mi derecho.

El pájaro libre entró en la jaula, la miró y a su amigo la mano en el hombro le posó.

  • Amigo mío, viendo tu jaula y que del mundo te asustas, mi compasión por ti se expande. Créeme cuando te digo que libertad no es lo que buscas, sino una jaula más grande.

 

Ya no hubo más tiempo, pues tarde se había hecho. El pájaro libre se fue, voló. El dueño de una jaula a su casa volvió. Mientras, el enjaulado, indignado, volvía a preparar su revolución, para hacer saber a su dueño de su indignación.

Tal vez consiguiera su jaula más grande y con portón mejorado, pero aunque el pájaro quisiera engañarse, la verdad es que seguía enjaulado.

 

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Acerca del autor

Ismael Melville

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