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La frustración de las derrotas

La frustración de las derrotas - Sociedad

La frustración de las derrotas

Cada dos años asistimos a un acontecimiento tan previsible como el amanecer o el atardecer. Son esos inicios de verano en los que buena parte de los españoles se reúne frente al televisor para comprobar si la selección masculina de fútbol logra un triunfo. Fueron muchas Eurocopas y Copas del Mundo sin éxitos. Competiciones en las que lo normal era que España se fuera a casa antes de tiempo, normalmente en cuartos de final. Siempre se empezaba con la misma sensación. Este año sí. Este año España tiene el mejor equipo. Pero algo se cruzaba en el camino. Un mal arbitraje, la mala puntería o en definitiva, la mala suerte. Y todo el mundo tenía su propia opinión sobre el asunto. El seleccionador siempre se llevaba la peor parte. Algún que otro jugador recibía los oportunos palos. Pero todo cambió en 2008 cuando por fin lograron el ansiado triunfo. Y fue cuando se empezó a creer que se era invencible. 2010 y 2012 fueron veranos de éxito, pero todo volvió a la normalidad en 2014.

Ahora parece que porque España haya ganado tres competiciones seguidas, hay que seguir ganando. No importa el rival, hay que seguir cosechando triunfos, y cuando no se logran, se buscan culpables. En 2014 y 2016 fue el seleccionador. En 2018 es un cúmulo de factores. El anterior seleccionador, por firmar un contrato con otro equipo antes del Mundial. El Presidente de la Federación, por despedirlo. El nuevo seleccionador, porque es nuevo. Y por supuesto, el portero, porque no pudo parar los balones que al final entraron en la portería. Los mismos jugadores que hasta hace unas semanas eran unos héroes porque tenían muchas papeletas para ganar la Copa del Mundo, son ahora el foco de la frustración de los aficionados.

Deberíamos pararnos a pensar que el fútbol es un deporte como otro cualquiera. Hay que aprender a perder y no hacer de la derrota una tragedia. Disfrutar de las victorias. Y sobre todo, no buscar culpables. Se perdió, y punto. Ser ese tipo de aficionado, el que hoy te encumbra y mañana te hunde, es propio de fanáticos que no entienden el deporte como lo que es. Una competición. La actitud que se ha mostrado en las redes sociales con respecto al portero de España es infantil. Los medios publican estadísticas de sus actuaciones, como si los partidos los decidieran únicamente los porteros. Buscan el linchamiento del jugador. Y eso es propio de la prensa basura. Hay que admitirlo. No es el momento de España. Su momento ya pasó, pero volverá. Su estilo de juego tiene antídoto. La defensa férrea. La perfección en cada partido no existe. Los jugadores no pueden hacer mucho para meterse en la telaraña de Rusia, o de cualquier otra selección.

Volvemos a lo de siempre. A criticar y buscar culpables. Volvemos a creer que siempre se va a ganar. Y nos olvidamos de que no hace mucho no se ganaba nunca. En España tenemos la extraña costumbre de no valorar los triunfos. Con esa actitud no es raro que perder sea socialmente tan frustrante. En fin, que cada dos años es la misma historia.

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