Sociedad

La Guerra no es el Camino



La Guerra no es el Camino - Sociedad

“La guerra no es el camino, pero al parecer existe un empeño por querer dirimir los conflictos usándola”.
Se necesita cambiar de perspectiva. No puede seguir esgrimiéndose el argumento, de que usando la violencia, los conflictos se resolverán. La experiencia ha demostrado que tal cosa no es más que una ilusión óptica. La guerra solo deja a su paso destrucción, nada puede construirse alrededor de esta. Pero aun así, se celebra la guerra como si fuera el único camino.

Si bien la historia de la humanidad, ha sido escrita en su mayoría con sangre. No significa esto que aun hoy día, se pretenda usar sangre para seguir escribiéndola. El grado de civilización alcanzado por la humanidad, impediría considerar este camino. Nada más alejado de la realidad, muchos gobiernos sugieren aun, que la mejor forma de resolver sus conflictos es haciendo uso del aparato militar disponible. No importa cuántas vidas inocentes sean sacrificadas, son “daños colaterales” producto del mismo conflicto. Las vidas humanas que se pierden por la guerra, se convierten posteriormente en datos estadísticos, que no representan la verdadera realidad de la guerra. Datos que no muestran el verdadero dolor de las personas víctimas de esa guerra. Es por ello, que muchas veces la guerra llega a nuestros oídos como un eco lejano y triste, sin sentido aparente.

La sed por la guerra, parece acrecentarse más con el correr de los años. Las grandes potencias, se engalanan haciendo demostraciones sombrías de sus poderosos armamentos, enviando el mensaje inequívoco a quienes osen desafiarlos, de que su poder bélico está preparado para enfrentar cualquier amenaza. La excusa perfecta que han encontrado, es que todo es un asunto de seguridad nacional. No importa si por defender tal seguridad, se destruye medio mundo. Lo importante, es mostrar cuánta capacidad de respuesta poseen y cuán entrenados están los soldados que al final sacrificaran sus vidas, por servir a la patria.

La guerra genera muchas voces de rechazo. Incontables son las organizaciones que a nivel mundial se oponen a la guerra, esto ha sido así a través de la historia. La lucha por mostrar que la paz es el camino, la mayoría de las veces se ve empañada por el accionar funesto, de radicales de ultraderechas, que desestiman la vía del dialogo como método eficaz para resarcir conflictos.

Muchos consideran que la mejor manera de resolver las diferencias, es por medio del dialogo. Que para acabar conflictos, se hace necesario llegar a acuerdos y que muchos de estos acuerdos la mayoría de las veces, resultan complicados de aceptar. Nadie quiere ceder, pero en cualquier negociación, ambas partes deben construir y la mayoría de las veces, lo acordado no es muy cómodo. Pero es necesario, si se pretende seguir avanzando como sociedad.

La humanidad ha llegado a un punto de no retorno. A un apocalipsis si se quiere. Donde existen problemas apremiantes y que nos involucran a todos. La destrucción del planeta, está a la vuelta de la esquina, no podemos seguir mal gastando recursos en guerras cruentas. Los gobiernos del mundo, deben unirse y procurar trabajar en pos de mitigar un poco las consecuencias del cambio climático, por ejemplo. Esto es urgente y lo más sensato sería que todas las fuerzas estatales, se volcaran a buscar salidas benéficas para toda la humanidad. No esperar que sea demasiado tarde.

Resulta a lo mejor un escenario utópico. Y las utopías, suelen ser la mayor parte del tiempo abstractas. Pero marcan un camino, muestran un horizonte al que es necesario apuntar. La sociedad necesita más utopías y menos conflictos, más dialogo y menos violencia, más lápices que balas, más paz que guerra. A lo mejor, la paz se convertirá en una utopía, tal cosa no significa que debamos apartarnos de ella.

 

 

 

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Acerca del autor

Gustavo Adolfo Vergara

1 comentario

  • Lo que ha escrito usted es una suma de ideas del discurso llamado buenista; o ingenuo, o simplemente producto de la doma a que nos someten. Yo tampoco quiero guerras, no sólo de sangre y fuego, sino tampoco financieras (China y Estados Unidos) o a través de la presión demográfica/hégira (islam), entre otras formas de violencia entre movimientos sociales y naciones.

    Sin embargo, no podemos aceptar acríticamente la visión de que las guerras comienzan cuando se declaran, y son culpa del que las proclama. La realidad, es que cuando un presidente o un jefe terrorista declaran una guerra de forma oficial, esa guerra ya está en curso mucho tiempo. Las guerras no se evitan rindiéndose, como hemos hecho en Europa; ni con una escalada armamentística.

    Las guerras se ganan creando las condiciones para que no haya guerra, es decir: no permitiendo que tus enemigos se armen y multipliquen, y debilitándoles si es necesario. También, no induciendo con tu propia conducta como país un caldo de cultivo apropiado a tus enemigos internos o externos: evitando a toda costa una alta demografía dentro de tus fronteras o en la vecindad; combatiendo la corrupción y la vulneración de las leyes; implicando al máximo número posible de comunidades y estados limítrofes en proyectos económicos y sociales comunes; y poniendo freno a las tecnologías que no son asimilables al control social, como la nuclear o el 5G.

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