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La Historia De Daniel

La Historia De Daniel - Literatura

Daniel salía del trabajo cabizbajo no había encontrado manera de convencer a su jefe de que el podía redactar mucho mejor la noticia de la muerte prematura de un policía que salvó la vida de varias personas de un atentado terrorista que se había producido en Oriente Próximo. Para el, era una noticia de gran importancia y deseaba con todas sus fuerzas ser el elegido para contarla pero su jefe, decidió que sería su propio hijo quien lo hiciera. “Un hijo de…” sin estudios y con el humor de perros, un niñato que en cuanto se quejaba de alguien, su padre le daba la razón como los tontos y decidía así por arte de magia, despedir a ese trabajador. 

Daniel entraba en cólera pero por otro lado, no podía perder ese trabajo que tanto le había costado encontrar, así que optó por hablar con su jefe en privado e intentar convencerle de que el era el candidato idóneo.

No tuvo suerte.

Meditabuendo sacó el ticket para entrar en el metro con tal mala pata de que un chico joven que pasaba por allí, se chocó contra él. Ambos cayeron al suelo y Daniel se enfadó cuando vio con el joven se levantaba del suelo y salía corriendo sin siquiera pedirle perdón. 

De pronto, vio algo en la suela de su zapato…al cogerlo vio que era una tarjeta de visita. La leyó. El joven era jefe de una gran empresa del mundo de la tecnología. 

Volviendo a su camino se encontró despotricando contra ese crío y cuando se montó en el metro, entró directamente en la página web de la empresa dispuesto a poner a su CEO de sin vergüenza y mal educado. 

Estaba escribiendo la reseña cuando al voltear la tarjeta vio un número de teléfono apuntado con mala letra y el nombre de una mujer. Camila. 

El pensó que bien podría ser la novia. Una idea maliciosa cruzó su cabeza…podía llamarla y pedirle hablar con el joven y así, pedirle explicaciones pero…eso era demasiado infantil. 

Con todo llegó a su parada, al bajarse bloqueó el móvil y pensó en seguir redactando la reseña ya en casa. 

Las calles a esas horas no estaban muy concurridas y el portal por suerte no estaba muy lejos, al abrir la puerta de casa se encontró con Doker su perro dálmata quien le saludó con cariño moviendo el rabo y trayendo en su boca una pelota para jugar.

Daniel se puso cómodo y mientras que se preparaba la cena, dejó el móvil en el salón. Se acordó que debía llamar a su querida hermana que por desgracia la tenía muy lejos y como la echaba de menos y a sus queridos y guapos sobrinos. 

Mientras cenaba y ya con el móvil en las manos, vio la reseña sin acabar, decidió llamar a su hermana y después continuar pero la entrada de un número desconocido le pilló por sorpresa. 

Estaba desconcertado aún así lo cogió.

Al oír el tono de voz no lo distinguió ni supo quien podía ser, la persona al otro lado le dijo q no se conocían, que hoy se había chocado en el metro…

Daniel de pronto sintió un poco de miedo, el no le había dado su número a nadie! El desconocido le dijo que lo único que deseaba de él era el número apuntado en la tarjeta. Daniel se quedó pensativo…e instintivamente colgó.

El hombre volvió a llamarle otras 3 veces más, aún así Daniel no lo cogió. Tenía miedo y por ella se percató antes de irse a la cama de cerrar todo con llave. 

Al día siguiente, en la oficina había cierto revuelo.

Nada más entrar, su jefe le llamo a su despacho, Daniel iba cohibido y pensó que después de la pequeña discusión del día anterior, quizás tenía un pie fuera de la empresa. 

Su jefe, le dijo q alguien se había puesto en contacto con el la noche anterior y que el, Daniel, debía ir a una dirección. Daniel tembló, no pensaba ir pero su jefe le amenazó con despedirle.

Daniel salió disparado a la dirección cogiendo uno de los coches de la empresa, al llegar se sorprendió.

Era una fábrica de muebles. Allí pregunto por un tal Rodrigo. 

Rodrigo…Rodrigo era el chico joven con que se choco la tarde de ayer en el metro…al ver a Daniel tan lleno de miedo sonrió con picardía.

Al presentarse, el joven le dijo q por favor le diera el número que para el era importante, Daniel le dio la tarjeta pero el joven negó con la cabeza y le dijo que solo deseaba el teléfono. Rodrigo lo apunto en su mvil e invitó a Daniel a tomar algo.

Durante largo rato hablaron, entablaron tal relación de confianza que todos los días quedaban para tomar algo y contarse sus cosas.

Un día Rodrigo falto a la cita de los jueves en el café Sake y Daniel se preocupó. 

Los días pasaron y Rodrigo no daba noticias de echo nadie sabía nada. Llego a ir a la empresa varías veces pero todos le decían lo mismo, Nadir sabía nada de él.

Daniel se sentía vacío y nervioso por lo que podía haberle pasado a su amigo, aún así, su vida continuó tu aburrida y monótona hasta que un día llegó una carta a su casa. 

Era de Rodrigo.

Daniel querido amigo mío, se que tienes grandes preguntas que yo en todo este tiempo no te he querido o he esquivado contarte. Siempre te dije que lo haría y en esa carta obtendrás todo.

Nuestro primer encuentro en el metro no fue por casualidad, tu hermana Lorena a la que cuidas desde la distancia se puso en contacto conmigo para contarme todo sobre ti, reconozco que no fue fácil encontrarte el día y la hora idóneas, recordándolo me rio de tu cara de cabreado. Por otro lado siempre me has preguntado por Camila. Al final de la hoja hay una dirección, quiero que vayas y lo descubras por ti mismo, otra cosa más, se que estás muy preocupado por mi…tu no lo has notado Gracias a mi gran capacidad para engañarte pero hace poco me diagnosticaron cancer de páncreas, Nadie de mi entorno lo sabe por eso cuando preguntes nadie te va a saber decir, no quiero que me busques ni que me escribas. Yo estoy bien. Aunque siento que las fuerzas fallan cada vez más, está larga carta me ha costado días en escribirla aún así, te lo debo. 

Cuando tu la recibas yo estaré muy lejos, pero nuestro vínculo siempre estará unido, porque por mucha lejanía que haya siempre te voy a considerar como un hermano.

Ha sido un privilegio compartir contigo los últimos meses de mi vida. Eres una persona extraordinaria que tiene luz propia y que vale mucho. Nunca te rindas. 

Daniel terminó de leer la carta derramando lágrimas y arrugándola entre sus manos. Se sentía unmiderable por no haberse dado cue nta del mal estado de Rodrigo. Se acordó de la dirección.

Al llegar vio una casa algo vieja, llamo al timbre y una anciana le abrió la puerta. El pregunto por Camila, ella se llevó las manos a la boca y empezó a llorar muy emocionada. Sus ojos grises cristalinos no paraban de mirarle con alegria. La mujer le hizo pasar y sin Daniel decirle nada, le dio un sobre. 

Con calma lo abrió. Eran fotos. Fotos de su hermano…su hermano.

El le pregunto el porqué de las fotos.

Ella muy emocionada le respondió:  tu hermano, el policía que salvó a tantas personas en Oriente Medio, salvó la vida de Rodrigo.

Daniel se emocionó. Por eso era tan importante para el redactar esa noticia, el policía…era su hermano Oscar era policía enviado allí para proteger a los ciudadanos y llevaba tan dentro su oficio que en su día libre, decidió actuar como un buen policía y salvar la vida de varios ciudadanos de un ataque terrorista. 

No podía creerlo. Sin esperarlo la mujer se puso también a llorar y acabaron abrazándose mutuamente. 

Días después Daniel descubrió que Rodrigo le había dejado en herencia algunas de las acciones de su empresa junto con una editorial entera para que pudiera exponer sus trabajos sin la presión de un jefe 

incompetente, también vio como su hermana Lorena que vivía cerca de su hermano Oscar en Oriente Medio, pudo volver a España gracias a la ayuda que le había dejado Rodrigo. 

Aún así, se faltaba por descubrir quien era Camila…volviendo a la casa, la mujer otra vez emocionada le contó la historia.

Camila era la hija de Rodrigo quien en ese atentado había quedado muy herida y dias después murió en el hospital, con ello el joven había creado un centro de menores allí en Oriente para acoger a los cientos de niños que quedaban expuestos a la guerra sin nadie que los ampare. 

Daniel decidió hacerse cargo de ese lugar así, honrar la memoria tanto de Rodrigo como de su hermano.

Daniel también entendió que no siempre las personas son lo que aparentan ser, que siempre hay un motivo por el que se hacen las cosas y que el destino siempre tiene la última palabra. 

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Nuvei

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