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La igualdad social es mito



La igualdad social es mito - Política

España necesita una profunda reflexión sobre el trabajo, los derechos humanos y también el planeta. Existen patrones que suelen repetirse, como pueden ser las oportunidades que se presentan en la vida, porque los estratos determinan las diferentes categorías sociales, y estas tienden a cambiar muy lentamente en la sociedad. No tienen, y esto es evidente, las mismas ocasiones aquellos que tienen menos recursos que las clases más favorecidas.

Está claro que la estratificación no sólo tiene que ver con la clase, sino también con el estatus y el poder. Lo que es seguro es que la importancia de la ocupación en la estratificación social es clave. Mientras exista una división en grupos permanentes por la relación de superioridad y subordinación, seguirá existiendo este mal. La igualdad real es un mito, nunca se ha realizado en la historia de la humanidad.

Por otro lado, si una sociedad cuenta con un sistema cerrado, las desigualdades se institucionalizan, se hacen más marcadas y rígidas; mientras que en los sistemas de estratificación abiertos, la movilidad social resulta posible, no obstante, es verdad que algunos miembros de la población no tienen la oportunidad de desarrollar todo su potencial.

Hoy en España, muchas personas son víctimas de problemas laborales, despidos injustificados, falsos autónomos en empresas que fuerzan esa condición, contratos precarios, abuso de la jornada laboral sin remuneración de horas extras, etc. Todo ello incumplimientos descarados del código laboral.

Una razón inequívoca de los principales problemas de la seguridad social y a nivel laboral son los falsos autónomos que las empresas tienen como empleados independientes pero en verdad son empleados que están subcontratados como si en verdad fuesen autónomos de la empresa. Pero sin el derecho de plantear sus propios horarios de trabajo, cuando ni las normas ni las tareas impuestas debieran ser parte del contrato.

Esto acarrea una gran pérdida para los afectados, ya que las tributaciones y cotizaciones pueden significar que el trabajador pueda terminar sin pensión por haber sido un falso autónomo en una empresa. Es vergonzosa esta explotación.

En este momento hay muchas familias en España cuyas viviendas pueden dejar de serlo en cualquier momento. Corren riesgo de desahucio. Les gustaría pagar religiosamente el alquiler, pero todos sus miembros están en paro, por lo que no tienen los recursos necesarios para vivir. Lo grotesco y lo sangrante es que quizás tampoco los tendrían si contasen con un empleo, porque hoy aún trabajando se es pobre. Y aún hay botarates perversos, manipuladores y hasta majaderos que se empachan de Constitución, pero olvidan el Título I. De los derechos y deberes fundamentales, Capítulo segundo. Derechos y libertades, sección 2.ª De los derechos y deberes de los ciudadanos, artículo 35. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.” O el Capítulo tercero. De los principios rectores de la política social y económica en su artículo 47, que dice que “todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada.”

Precisamente para que todo esto y mucho más no ocurriese se escribieron una serie de artículos. Una buena intención, pero con poca o ninguna repercusión. A pesar de que han pasado casi 71 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (10 de diciembre de 1948), en España siguen quedando familias en la calle por mucho que el artículo 17 de aquel texto internacional diga lo contrario “derecho a la propiedad como un derecho de toda persona que puede ser ejercido individual o colectivamente.”

En cuanto al medio ambiente, ¿de verdad España es un país preocupado por el planeta? La preocupación ciudadana parece ser sincera y responsable. Pero no todos los partidos políticos recogen medidas eficaces.

– Un 53% de los españoles estaría dispuesto a pagar más por energía proveniente de fuentes renovables.

– Un 92,7% demanda al Gobierno más medidas para proteger el medio ambiente.

– Un 92,8% cree que deberían fomentarse las energías limpias.

– Nueve de cada diez españoles creen que es responsabilidad de todos cuidar el planeta.

Pero, ¿Nuestros representantes hacen algo? Es evidente que no.

Resumiendo, el desempleo y el deterioro del poder adquisitivo de los asalariados, ha provocado que las rentas del trabajo pierdan peso en el reparto del valor del producto social. Sólo hay que comparar la participación de las rentas empresariales en el PIB de la economía española que supera cada año a la remuneración conjunta de todos los asalariados. Esto trae aparejado ciertos efectos negativos sobre el bienestar y las condiciones de vida.

En consecuencia, la combinación de la brecha salarial con un sistema fiscal regresivo, propicia unos niveles de desigualdad sin precedentes recientes. El neoliberalismo es, a todas luces, el camino más corto para lograr en el 2019 los peores resultados en materia de desigualdad desde 1900. En esto consiste gobernar para los conservadores, no sólo que la alta dirección cobre más, sino que paguen menos impuestos.

Y nos viene ahora Albert Rivera tergiversando los datos para hablar de un incremento impositivo abusivo de unos 1.000 euros más de media por contribuyente, calificándolo como «un sablazo intolerable a las clases medias». ¡Qué desfachatez! Las nuevas figuras impositivas del Ejecutivo de Sánchez tendrán un impacto en 2020 de 5.654 millones de euros, afectando en casi su totalidad a grandes empresas y rentas altas. Y es tan merluzo este hombre, porque no cabe otro calificativo, que anuncia alegremente que por cada euro que suba el Gobierno de Pedro Sánchez en el IRPF, ellos lo bajarán en el tramo autonómico en las comunidades autónomas donde gobiernen o tengan capacidad para hacerlo. Lo de este farsante supera todo lo imaginable.

 

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Aicrag

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